Con el fin de otorgar al lector información que le permita constatar hechos y conocer procesos, el uso de fuentes anónimas, es factible.

Hugo Guzmán R.

Periodista

1.- El periódico estadounidense The New York Times decidió publicar un artículo sin firma, es decir, anónimo, en sus páginas editoriales o de columnas. Escrito, según la información proporcionada por editores del medio, por un alto funcionario del Gobierno de Estados Unidos. Junto al efecto político causado, impactó en el debate entre periodistas (a los que les preocupan estos temas) respecto a la ética, la conveniencia o la posibilidad de publicar escritos anónimos y/o utilizar fuentes anónimas en los medios de comunicación.

2.- El título del texto fue I am part of the Resistance Inside the Trump Administration (“Soy parte de la Resistencia dentro del Gobierno de Trump”), dejando en claro que se trató de un miembro del equipo del Presidente Donald Trump quien, ni más ni menos, denunció y criticó la forma de actuar del mandatario, aportando antecedentes sobre aquello. Nada menor entonces que un periódico le diera espacio primero en su Web y luego en el impreso, el 5 y 6 de septiembre, respectivamente. Para mayor sensibilidad sobre lo ocurrido, es como si nativamente en un diario chileno saliera una columna anónima de un alto funcionario de La Moneda, cuestionando el actuar de Sebastián Piñera. El texto apareció en la sección “Op-Ed” (página opuesta), destinada a opiniones y escritos distintos a la producción editorial propia del The New York Times.

3.- El diario argumentó su decisión de publicar el texto sin firma: “The Times está adoptando la poco común decisión de publicar una columna de opinión en forma anónima. Hemos hecho esto a solicitud del autor, un funcionario importante del Gobierno de Trump cuya identidad conocemos y cuyo trabajo podría estar en riesgo si se la revelara. Creemos que publicar esta columna en forma anónima es la única manera de difundir una perspectiva importante a nuestro lectores”. Jim Dao, editor de “Op-Ed”, recordó que es la cuarta vez que sucede esto en el diario, que le llegó el artículo a través de un intermediario, que él (y al parecer otros editores) conoce al funcionario estadounidense que escribió la columna (“confío -en él- y -lo- conozco muy bien”) y ante consulta del The Daily, sostuvo que “simplemente estábamos tratando de cumplir con el estándar que The Times en general usaría cuando se refiere a alguien que no tiene nombre”. El editor del periódico, A.G. Sulzberger, indicó que la publicación del escrito tuvo que ver con que no hubiera otra forma de obtener la información sin “alguna garantía de anonimato”. Eileen Murphy, vocera del medio, dijo que “estamos increíblemente orgullosos de haber publicado esta pieza, que agrega un valor significativo a la comprensión del público sobre lo que está sucediendo en la administración de Trump por parte de alguien que está en posición de saber”.

4.- En muchos medios de prensa de América Latina y Europa, aparecieron opiniones a favor y en contra de la decisión de The New York Times. En algunos diarios se publicó un párrafo de la Sociedad de Periodistas Profesionales en que se señaló que “las fuentes anónimas son a veces la única llave de acceso a una gran historia, levantando el telón de la corrupción y logrando que se cumpla con la misión periodística de hacer que los poderosos rindan cuentas y los ciudadanos estén informados. Pero las fuentes anónimas también pueden ser el camino hacia un pantano ético”. Luis Botello, vicepresidente del Centro Internacional para Periodistas, afirmó que “fuentes anónimas que trabajan en la misma Casa Blanca ( ) nos pueden brindar una mayor claridad de cómo se toman las decisiones públicas y los ciudadanos pueden tener mejor juicio y saber qué está pasando en los asuntos públicos”. En Chile, el vicepresidente ejecutivo del periódico La Segunda, Felipe Edwards, (quien gusta de publicar columnas sobre sucesos de Estados Unidos), escribió que “la decisión del Times de publicar el artículo sin firma es de una ética al menos cuestionable y probablemente contraproducente al propósito que se presentó como justificación”. Fue más allá: “El Times se ha convertido en un actor dentro del drama partidista de Washington y ha socavado su capacidad de presentarse como un observador desapasionado de la política nacional”.

5.- El tema, llevado a la práctica periodística, es que con el fin de otorgar al lector información que le permita constatar hechos y conocer procesos, el uso de fuentes anónimas, ya sea consultadas como entrevistados, o por la vía de publicar artículos, es factible. Siguiendo lo ocurrido con el texto publicado en el medio estadounidense, aquello debe cumplir tres premisas: que la fuente sea conocida directamente y tenga credibilidad para el periodista-editor-director que la usa; que el medio donde se publica la información en anonimato o sin firma, tenga la credibilidad necesaria ante el público para darse ese beneficio y así el receptor confíe en la información que le llega; que el medio se haga hasta el final responsable de la decisión de difundir lo dicho por esa fuente que se maneja anónimamente.

6.- Un tema respecto a lo anterior, es que no siempre se cumplen esas premisas. El propio The New York Times se vio involucrado en dar información falsa y alterada respecto a supuestas armas químicas en Irak para avalar la acción de guerra del Gobierno de Estados Unidos, afectando su credibilidad. También se abusa del recurso. En medios chilenos se construyen notas informativas o de análisis de varios miles de caracteres a fuerza de “cercanos a”, “del círculo de”, generalmente en relación a la Presidencia, generando al final de cuentas grados importantes de incredulidad. Hay otro factor a considerar: siempre que se use una fuente anónima o se llegue al punto de publicar un artículo sin firma (al punto que cuestione a una institución o un alto funcionario), eso tendrá que ver con la línea editorial de un medio. Ninguno aceptará aquello si se lastima al sector político o poder económico que representa tácita o explícitamente el medio, sería muy extraño. Eso no tiene que ver con no tener un comportamiento desapasionado.