“Si quieres ir rápido, ve solo. Si quieres llegar lejos, ve acompañado”. Proverbio africano.

Fernando Bahamonde

Profesor. Punta Arenas

Los caminos de la unidad no son fáciles, el pegamento entre movimientos y partidos suelen ser elementos de contexto variado según si se está en el gobierno o en la oposición y según el momento histórico y la correcta lectura que se realice de esa realidad en la cual se estructura la unidad y los objetivos estratégicos hacia el futuro. La frase de Patricio Aylwin “en la medida de lo posible” determinó el origen de la unidad de la ex Concertación, que en primera instancia estuvo compuesta por 17 partidos políticos, incluyendo al Partido Humanista con representación parlamentaria. En su origen la Concertación asumió la tarea de gobernar coexistiendo con el peso de la dictadura, su institucionalidad y su principal representante aún en la comandancia en jefe del ejército. Intentó levantar una mística con este relato, para hacer soportable lo insoportable. No obstante, al poco andar la mística se transformó en pragmatismo y el pegamento de la unidad fue el poder y los sucesivos triunfos electorales para que finalmente la situación decantara dejando sólo a cuatro partidos que paulatinamente desalojaron a sus bases y organizaciones sociales de su quehacer. La Concertación gobernó 20 años, pero recién en su segundo decenio se desarrolló una pseudo confrontación entre autocomplacientes y autoflagelantes en principio por el modelo, pero los autocomplacientes triunfaron para que luego todos fueran derrotados. El conglomerado selló su destino en la elección del 2010, agotada sin candidato competitivo y, peor aún, sin propuestas. El arco iris se evaporó, cerrando un ciclo político sin gloria, al entregarle el gobierno a la derecha.

Pero la unidad de un grupo de partidos y movimientos nuevos en la oposición implica otro ejercicio, que debe expresar voluntad de gobernar en el futuro y mientras ese instante supremo llegue-si es que llega- hay que resolver cuestiones de forma y fondo, es decir, nuevamente la tensión entre medios y fines para facilitar la ruta. En primera instancia resolver la cuestión de los orígenes con el cuidado que no se transformé en un mito; cobra sentido la pregunta de dónde y cómo se nació, por un asunto de identidad y distinción, para seguir preguntándose para qué y con quiénes.

La irrupción del Frente Amplio al escenario parlamentario como conglomerado es reciente, elecciones 2014 con tres diputados y 2017 con veinte diputados y un senador. Cabe recordar que esta última elección fue la primera sin sistema binominal de por medio lo que reconfiguró el mapa político. Más allá si el voto obtenido fue por castigo o por novedad su candidata presidencial obtuvo un importante caudal, sin embargo, lo que dejó esa elección en la práctica a sus 21 parlamentarios fue un programa de gobierno, por cierto, para actualizar desde la oposición. Lo del programa de gobierno, que en la mayoría de las ocasiones se vuelve anecdótico, pero en este caso es primordial porque demuestra que en el pasado hubo acuerdos en los contenidos para que en el presente permitan alinear a sus representantes. Pues bien, si el programa de gobierno ha quedado en el olvido, la nueva coalición se verá rápidamente en la necesidad de poder acordar ideas fuerzas para enfrentar el periodo. Una vez logrado esto, que no es menor, necesitará establecer algunos elementos orgánicos de funcionamiento; desde la relación con sus bases en el territorio, el turno de las vocerías y el trabajo comunicacional, el rol que se desempeñará en las comisiones de la cámara, las formas de trabajo permanente y mecanismos para resolver conflictos internos y, hasta, las relaciones con otros partidos de oposición y el gobierno del cual se dice ser opositor. Hasta aquí casi de manual, no obstante, esto es la realidad y una de las más fieras realidades donde no se puede jugar y existe escaso margen para el ensayo y el error porque cuesta caro, en algunos casos incluso la vida, esto no es otra cosa que la política donde no siempre las supuestas nuevas ideas van acompañadas de nuevas prácticas. Entonces, no basta con reemplazar la frase de Aylwin por un “en la medida de lo imposible”.

No es el caso hacer aquí hacer un recuento de los enfrentamientos internos entre las figuras y sus personalismos juveniles o develar posibles imposturas del Frente Amplio, para eso está la prensa oficialista, sino que entendemos como principio fundamental que definitivamente el cuadro político chileno cambio y es imposible derrotar a la derecha, y más aún, para proponerse transformar la sociedad hay que sumar, en vez de restar. Si la Concertación murió sin gloria, se le debe otorgar que logró llegar a ser gobierno y lo mantuvo por 20 años, transformándose en determinado momento en una maquinaria eficaz de poder, finalmente malogrado. En este caso como reza el dicho del juego patagónico del truco el Frente Amplio puede engordar, para morir flaco, en circunstancias que como oposición necesitamos reconocer que: “Venimos de lejos y aún vamos más lejos”, siempre en plural nos hablaba el viejo Palmiro Togliatti.