Las noticias deben contar con ciertos elementos y características como: veracidad, claridad, brevedad, proximidad, prominencia, actualidad, interés humano, novedad, oportunidad, consecuencia y generalidad.

José Luis Córdova

Periodista

Hace más de medio siglo aprendimos en la escuela de periodismo de la Universidad de Chile lo que era y es una noticia. Alejandro Cabrera Ferrada nos enseñó que Noticia era una información de actualidad dada a conocer a un público en general o focalizada. Son los medios de comunicación los que deben difundirlas masivamente.

Las noticias deben contar con ciertos elementos y características como: veracidad, claridad, brevedad, proximidad, prominencia, actualidad, interés humano, novedad, oportunidad, consecuencia y generalidad.

Respecto a la veracidad, desde el 11 de septiembre de 1973, lamentablemente la televisión chilena fue presa de la dictadura cívico-militar que la convirtió en instrumento para idiotizar a la gente, para ocular los crímenes de lesa humanidad y los flagrantes atropellos a los derechos humanos cometidos por los servicios de seguridad del régimen.

La proliferación indiscriminada de escuelas de periodismo o cursos de “comunicación social y/o audivisual” en centros de formación “técnica” e institutos “profesionales” tuvo como consecuencia la aparición de reporteros y “noteros”, jóvenes y jovencitas dispuestos a plantarse un día entero ante la casa de algún “famosillo” (chico reality, bailarín y otras figuras) para tratar de sacarlas alguna declaración sobre su vida privada. Aquí convergen los grandes males que inundaron posteriormente -desde la farándula- a todo el periodismo audiovisual. Sin claridad, ni menos brevedad en la entrega de informaciones, las notas perdieron interés y ganaron en reiteraciones, opacidad, superadas sólo si el o la notera resulta empático.

Hablando de prominencia, resulta que a estas alturas es “artista” cualquier persona identificable a través de la televisión. Científicos, académicos, intelectuales debieron hacerse a un lado ante la avalancha de personajes de discutible popularidad -llamada “fama- y que han caído en cualquier cantidad de excesos, exageraciones, sensacionalismo, mediocridad, groserias, en operaciones mediáticas y mentiras organizadas.

El interés humano y la novedad han sido circunscritos a mostrar dramáticos casos de salubridad, lamentables condiciones de vida e invenciones  de productos y servicios originales rallanos en curiosidades esperpénticas, artesanales, folclóricas, de interés turístico o gastronómico que nada tienen que ver con información veraz ni oportuna, sino con la publicidad y el marketing. Para este último ámbito son indispensables la actualidad y la proximidad.

La generalidad tiene que ver con la extensión del mensaje “informativo” a vastos sectores que no necesariamente deben ser informados, sino que persuadidos o impulsados a visitar, adquirir o asumir las ofertas de productos o servicios entregadas supuestamente como noticias. Finalmente, la consecuencia de este tipo de informaciones es lo que  hemos estado criticando permanentemente en estas columnas: la desinformación, la manipulación de acontecimientos y las operaciones publicitarias que nada tienen que ver con noticias periodísticas.

Así las cosas, en las parrillas programáticas de los canales de televisión, las noticias deben esperar.