A 45 años del Golpe de Estado se engrandece la figura del Presidente. Su lealtad al pueblo, su valentía y lucidez, lo incorporan a los grandes hombres de la Humanidad.

José Villegas. Santiago. Se cumplen 45 años del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. Terminó entonces la experiencia que pareció abrir las puertas del socialismo en Chile.

Con el golpe articulado y perpetrado por los militares con apoyo de Estados Unidos, se abrió una nueva etapa que duró 17 años. Se canceló -por un tiempo al menos- el avance al socialismo sin enfrentamientos y violencia a gran escala.

La experiencia deja variadas lecciones. Incluso rutas que ahora parecen más factibles por los cambios en el entorno, los avances científicos y técnicos, la cultura y la educación.

Se engrandece la figura de Salvador Allende. Su lealtad al pueblo, su valentía y lucidez, lo incorporan a los grandes hombres de la Humanidad.

Brevemente

Nació en Valparaíso en 1908. El joven Salvador estudió un tiempo en Tacna, y después en Valparaíso. Se acercó a las ideas de izquierda y al ideario anarquista.

El país se preparaba para cambios. En 1938, triunfó el Frente Popular con su candidato Pedro Aguirre Cerda, radical, abogado y maestro. Que era muy popular. En su Gobierno se produjo en Chillán un terremoto que causó decenas de miles de muertos. Allende fue nombrado Ministro de Salubridad. Su competencia y compromiso fue reconocido.

Allende estudiaba la situación pavorosa de salud en los sectores pobres. Publicó “La realidad médico-social chilena” que produjo conmoción. Se preocupó también de la vivienda llegando a instalar una “mediagua” frente al Club de la Unión. En su libro escribió que “no es posible dar salud y conocimientos a un pueblo que se alimenta mal, que viste andrajos y que trabaja en medio de la explotación”. “Chile tiene la más alta mortalidad infantil del mundo. Por cada 20 partos, nace un niño muerto. Por cada mil nacimientos vivos, mueren doscientos cincuenta”.

Salvador Allende es elegido diputado y más adelante senador por las provincias del sur, entre Osorno y Punta Arenas. (Desde entonces, seguirá siendo elegido por distintas senadurías hasta 1970).

Dedica mucho tiempo en estructurar el funcionamiento de las instancias médicas en los hospitales. Hasta crear el Servicio Nacional de Salud que cubre todo el país.

Cambios a discreción

Vino el Gobierno de Gabriel González Videla, que ilegalizó a los comunistas. Cerró filas al lado de Estados Unidos. La mala administración y los negociados hicieron el resto.

El sucesor fue el ex dictador, el general (r) Carlos Ibáñez. Un gobierno populista, desordenado, deshonesto y represivo. Allende fue candidato que sacó un poco más de 30 mil votos. Fue una candidatura de jóvenes, de futuro. Allende rechazaba la ley represiva e impulsaba la lucha socialista-comunista.

Ibáñez derogó la Ley de Defensa Permanente de la Democracia y saneó el sistema electoral con la “cédula única” y la persecución del cohecho electoral.

La izquierda empezó a preocuparse de un programa de Gobierno. La derecha levantó a un hombre de negocios como candidato, Jorge Alessandri. Que tuvo una sorpresa monumental. Allende casi ganó la elección. La perdió por algo más de 30 mil votos.

La Revolución Cubana acababa de triunfar. Allende viajó a saludar a sus líderes. Estados Unidos estaba nervioso. Para enfrentarla, levantó la consigna de la Revolución en Libertad. Empezó a ayudar a la Democracia Cristiana y la candidatura de Eduardo Frei Montalva, que ganó por amplia mayoría. En ese Gobierno hubo intentos de avanzar, como con la reforma agraria.

Luego vino la elección presidencial de 1970. El programa de Gobierno de Allende y la izquierda, con algunos grupos de centro, contemplaba la nacionalización del cobre, el impulso a la reforma agraria, la expropiación de las grandes empresas y el control de los bancos.

El triunfo de Allende provocó pánico en la derecha y sectores moderados. Empezó el terrorismo y la incitación al golpe militar.

Temblores militares

A fines del Gobierno de Frei hubo inquietudes militares, en la Academia de Guerra y algo en la oficialidad naval. A fines del año ’69, el general Roberto Viaux se acuarteló en el Regimiento Tacna. Además, el mismo día de la elección apareció un complot que comprendía a todos los comandantes en jefe, incluido el General Director de Carabineros.

Más adelante y con intervención directa de Estados Unidos, imaginan que el Congreso elija a Jorge Alessandri (Allende no alcanzó la mayoría necesaria y se sometía al Parlamento) y éste renunciaría de inmediato para que se llamara a nuevas elecciones que ganaría Frei Montalva.

Fracasaron los conspiradores. En un intento de secuestro es herido de muerte el Comandante en Jefe del Ejército, René Schneider. Su muerte cohesiona al Ejército y abre las puertas del mando al general Carlos Prats González.

A todo esto, la votación de la DC (para Radomiro Tomic, el candidato presidencial) se orienta a Allende que comienza a gobernar y a cumplir rigurosamente el programa convenido. Que incluía nacionalizar el cobre y que luego de un estudio a fondo en pocos meses se aprueba en ambas ramas del Congreso por unanimidad.

Hombre de masas

En las páginas finales de sus memorias, Pablo Neruda, a horas de su muerte escribió: “Allende nunca fue un gran orador. Y como estadista era un gobernador que consultaba todas sus medidas. Fue el antidictador, el demócrata principista hasta en los menores detalles. Le tocó un país que ya no era el pueblo bisoño de Balmaceda; encontró una clase obrera poderosa que sabía de qué se trataba. Allende era un dirigente colectivo; un hombre colectivo, un hombre que sin salir de las clases populares, era un producto de la lucha de esas clases contra el estancamiento y la corrupción…Por tales causas y razón, la obra que realizó en tan corto tiempo es superior a la de Balmaceda, más aún es la más importante de la historia de Chile. Sólo la nacionalización del cobre fue una empresa titánica, y muchos objetos más que se cumplen bajo su Gobierno de esa esencia colectiva.

“Las obras y los hechos de Allende, de imborrable valor nacional enfurecen a los enemigos de nuestra liberación. El simbolismo trágico de esta crisis se revela en el bombardeo del palacio de Gobierno, uno evoca la Blitzkrieg de la aviación nazi contra indefensas ciudades extranjeras, españolas, inglesas, rusas; ahora sucedía el mismo crimen en Chile, pilotos chilenos atacaban en picada el palacio que durante dos siglos fue el centro de la vida civil del país”.