No es extraño que aún hoy  los medios de comunicación, todos en manos de empresarios de derecha, busquen fantasmas para alterar la visión de los chilenos sobre los temas importantes.

Víctor Saavedra

Periodista

La noticia de la aparición de un fantasma en la ciudad de Concepción trae el recuerdo de otros fantasmas luego de la conmemoración del día 4, de los 48 años del triunfo del candidato socialista, Salvador Allende, depuesto por un golpe militar, en el mismo mes, pero tres años después, un día 11.

Pero no es extraño que aún hoy la prensa y los medios de comunicación, todos en manos de empresarios de derecha, busquen fantasmas o dediquen páginas para alterar la visión de los chilenos sobre los temas importantes y llevar, así, los temas de discusión para asuntos absolutamente ajenos a los problemas reales por los que atraviesa gran parte de la población en este, el país de la mentira democrática más fuerte del continente.

En este caso particular, cabe la duda si fue un fantasma o simplemente la mano amiga del socio en la mentira, el conocido programa Photoshop. Lo que en cambio no es “fantástico”, son los números que asustan a un gobierno como el de Sebastián Piñera que a cada día aumenta los porcentajes de mano de obra cesante, cuando no disfrazada de comercio informal, o la expectativa de un verano que absorba la mano de obra barata para la cosecha de frutales. Son nuestros temporeros, a los que ahora deben sumarse los más de 100 mil haitianos que alcanzaron a obtener su residencia, pero que pesan, estos si, como verdaderos fantasmas, hacinados en casas y departamentos minúsculos, explotados en trabajos sin leyes sociales que los protejan ante las contingencias de problemas de salud, marginados por parte de la población que ve en ellos el peligro de la pérdida del empleo.

Sin embargo, los otros fantasmas son los que cotidianamente se les aparecen a los torturadores. Fantasmas con nombres y apellidos, detenidos desaparecidos, torturados, asesinados, ejecutados sin juicios más allá de la mano de fiscales militares, para quienes la organización de familiares de estos, llegan en masa hasta sus residencias para manifestarles que no se olvidan y que, en la mayoría de los casos, los obligan a cambiarse de casa.

Son las “funas”, que tal como los fantasmas suelen aparecer cuando los torturadores descansan sus conciencias y pesados cuerpos engordados con pensiones millonarias, pues a ellos no se les obligó a cambiarse de sistema previsional, hoy una verdadera espada de Damocles que pende por sobre las cabezas de los trabajadores chilenos que deben cotizar en las conocidas AFP (Administradoras de Fondos de Pensiones), para quienes, con suerte, les corresponderá el 40% de sus últimos salarios.

Y si de fantasmas se trata, la figura de Salvador Allende los asusta aún más. En poco más de mil días, el presidente socialista nacionalizó el cobre, la banca privada, aportó como ningún otro gobierno con recursos a las universidades y a la educación pública, dignificó el trabajo asalariado, lo que evidentemente, hizo reaccionar al gobierno del entonces Richard Nixon, apoyado por el empresariado y la derecha chilena que intentó incluso desde antes de su elección, derribarlo por el peligro del “fantasma del comunismo”, desatando la mayor persecución entre los demócratas que apoyaban su gobierno y que a la época del golpe militar superaban el 50% de la población.

Es también un fantasma el que persigue al actual gobierno cuando ve a muchachos de 13, 14 o 15 años exigen en las calles gratuidad en la educación, mayores recursos para investigación, mejores salarios para sus profesores, Estos si son fantasmas y no solamente juegos de prestidigitación o voladores de luces que desprestigian la función política con ministros depuestos por decir lo que piensan… y cómo piensan barbaridades, o como fue el caso, absurdo, de colgar naranjas con alambres al interior del palacio de gobierno para engañar al presidente español de visita en el país pero que fue descubierto y humillado por las redes sociales que hasta hoy se burlan de la brillante idea.

Hay por último otros fantasmas. El de la retomada democrática de verdad, democracia que aún no llega, en un país que sigue siendo el laboratorio de los economistas de Chicago y en donde la figura fantasmal de Salvador Allende, Víctor Jara, el general Bachelet (padre de la expresidenta Michelle Bachelet), se asoma al país en las proximidades de la primavera, haciéndonos recordar que otro Chile es posible.

Si bien qué Javier Sandoval, periodista penquista que hizo la foto no hay pensamientos mayores que atribuir la extraña imagen que hizo su celular a los “fantasmas”: “además no creo mucho en estas cosas y obviamente ese rostro no estaba ahí cuando yo saqué la foto, lo que me provocó cierto temor. Algunas personas me han dicho que puede ser por la cercanía con el hospital regional de Concepción y con la morgue”.