Con el último anuncio de subvención a la educación parvularia, el lucro podría estar de vuelta.

Raúl Roblero

Profesor de Historia

La exigencia por mayor y mejor calidad educativa, introducida por el movimiento estudiantil el 2011, puso en primera línea a la educación. Pero ¿qué significa calidad en la educación bajo un modelo político-económico neoliberal? La introducción de esto va en completa sintonía con el carácter hegemónico, dominante, de los valores neoliberales, y la reproducción y producción subalterna, acrítica, de estos por parte de nosotros. Al contrario de la tesis de Mayol, el modelo se reforzó por 1) introducción de un valor empresarial, validado por la sociedad, que refuerza y blinda aún más la lógica rentista, no solo en el acceso, en estos terrenos y 2) su exigencia vaciada de contenido deja a voluntad política optar por una educación concebida como bien de consumo o como derecho social. Es en el gobierno de la nueva mayoría, de Michelle Bachellet, en donde se pasó de la voluntad a la convicción y a la decisión política, consagrándose ella, sobre todo en la ley de inclusión y en la gratuidad gradual de todo el sistema educativo, como un derecho social. Lamentablemente el escenario ha cambiado, convicciones y decisiones políticas han mutado. Con el último anuncio de subvención a la educación parvularia, el lucro podría estar de vuelta.

Chile Vamos, Sebastián Piñera, primero relanteriza y después retroexcava. Ante este escenario el Colegio de Profesores, liderado por un frente amplista, debe seguir en defensa acérrima de la educación pública, de la educación como un medio de desarrollo integral para la vida, no como instrumento de enriquecimiento personal y no como paso para una mera y constante profesionalización. Urge dotar de contenido, principios y valores contrahegemónicos a la exigencia de “calidad en la educación”. Para esto este gremio debe hacer eco de la Internacional de la Educación Latinoamericana para la Educación, de la que es parte, y ser activo agente de la Declaración de Cochabamba[1], del 24del presente año, en donde a la educación pública se le considera en toda su dimensión social y en donde se busca frenar la ofensiva de neoconservadores y neoliberales que, con la correlación de fuerzas actual, ahora actúan sin cuidado. Construir la defensa de la educación pública como lucha latinoamericanista porque la estrategia neoliberal es una estrategia de dominación latinoamericana. En lo que nos aboca, esta declaración marca la línea de disputa del campo político-social neoliberal al proclamar la “calidad social”; voluntad, convicción y decisión sindical de disputar la cancha. ¿Qué es educación con más y mejor calidad social?

Primero que todo, la educación debe responder a las necesidades socioeconómicas de la población y, por otra parte, asumir el principio de calidad social es comprender que el solo sistema escolar no logrará formar al sujeto en los parámetros que las sociedades democráticas han definido. Bregar por este tipo de calidad es entender que la educación es un proceso que va más allá del aula y que, por este motivo, jardines infantiles, escuela, liceos y universidades, deben ser acompañados por el conjunto de la sociedad. Nosotros, los pedagogos, nos preocupamos del proceso enseñanza-aprendizaje, de lo que ocurre en las aulas, y la sociedad en su conjunto se debe ocupar del proceso aprendizaje-experiencia. Entender esto último es primordial porque el sujeto aprende en cada acto de su vida cotidiana. Se hace importante, entonces, que la experiencia, atada a la realidad objetiva que dota de aprendizaje al sujeto y que en su interrelación construyen formas de saber, sea responsabilidad del conjunto de la sociedad. Menesteroso es el cambio del modelo político-económico neoliberal y caminar a un proceso de socialización, a un proceso experiencial, que permita realmente lograr una escuela, y una sociedad, realmente democrática e inclusiva.

[1] Ver en http://ei-ie-al.org/recurso/declaracion-de-cochabamba