La supremacía actual de la palabra Democracia, en boca del oficialismo, no refiere a lo que Clístenes o Pericles entendían por gobierno del pueblo.

César Uribe

Historiador

El texto de John Dunn (Libertad para el pueblo. Historia de la Democracia, Ed. FCE, 2014), miembro de la llamada Nueva Historia Conceptual (Escuela de Cambridge), aborda un tema que hoy parece estar en el centro de la definición política de ciertos sectores de la sociedad chilena: la Democracia.

El autor busca responder cómo la palabra-concepto Democracia, en su desarrollo histórico, ha servido para definir la base legítima sobre la cual los gobiernos actuales (salvo excepciones como algunos países árabes), establecen la autoridad política y, principalmente, por qué ésta forma en que se organiza el régimen político actual, fija la Democracia Representativa Capitalista como único modelo, dominando prácticamente todo el pensamiento político actual.

El desarrollo histórico al cual se refiere la primera pregunta, presenta al concepto Democracia en función de 3 acontecimientos: Atenas del siglo VI-V ac., asociada al compromiso personal y directo del ciudadano con la comunidad; la independencia de EE.UU en 1776 y la elaboración teórica de la Convención de Filadelfia; y la Revolución Francesa y su legado político para las sociedades occidentales. Lo que llama la atención de Dunn es que durante casi dos mil años el concepto Democracia revistió connotaciones negativas (desde Platón, Aristóteles y Polibio, hasta el Humanismo Cívico y el Renacimiento), pero que a partir de los dos últimos acontecimientos mencionados, el concepto se relaciona inseparablemente a la libertad y la representación, configurando así el horizonte de expectativas (Koselleck) al cual deben arribar toda comunidad. Es precisamente esta relación la que fundamenta la segunda pregunta, y que en definitiva subyace en la valoración que hace Chile Vamos para elevar la Democracia como valor esencial de la República. Siguiendo a Dunn, la supremacía actual de la palabra Democracia, en boca del oficialismo, no refiere a lo que Clístenes o Pericles entendían por gobierno del pueblo o participación directa de los asunto de la polis. Menos aún a los discursos de Robespierre en la Asamblea Nacional, donde éste abogaba por una relación estrecha (o coincidente), entre representado y representante; lo que derecha chilena enarbola es el tipo de democracia liberal burguesa, para la cual la representación no es contradictoria con la ampliación del electorado, siempre y cuando éste no represente una amenaza para la propiedad privada. En otras palabras, la Democracia que triunfa en el mundo occidental capitalista es aquella que excluye al pueblo (en tanto ciudadano), del carácter colectivo de su representación, cuya expresión histórica en Chile ha coincidido con el Gobierno de la UP, etapa que la derecha busca “contextualizar” a un periodo donde la violencia política y la pérdida de la Democracia fue “responsabilidad de todos”.