Será Presidente de México a partir del primero de diciembre de este año. Se le ubica como un hombre progresista y nacionalista, adversario del tradicional sistema político mexicano.R. ReyesCiudad de MéxicoAndrés Manuel López Obrador nació en Tabasco, al norte de México, hace 64 años. Egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) de la carrera de Ciencias Políticas y Administración Pública. Ha dedicado su vida a la actividad política, siendo militante y dirigente primero del Partido Revolucionario Institucional (PRI), luego del Partido de la Revolución Democrática (PRD) -del cual llegó a ser presidente- y terminó fundando el Movimiento Regeneración Nacional (MORENA) al cual pertenece hasta hoy. Un trasvasije político como el vivido por muchísimos políticos mexicanos.

Conocido como AMLO, el que será Presidente de México a partir del primero de diciembre de este año, no entra de manera rígida en las caracterizaciones políticas, y más bien se le ubica como un hombre progresista y nacionalista, adversario del tradicional sistema político mexicano, de la autocracia y la corrupción, partidario de la autodeterminación. Él, como sus partidarios, se desprende de lo que se denomina “izquierda radical”.

López Obrador enviudó de Rocío Beltrán y ahora está casado con Beatriz Gutiérrez, una académica que no comparte el concepto de Primera Dama. El próximo mandatario tiene cuatro hijos: José Ramón, Andrés Manuel, Gonzalo y Jesús Ernesto. Antes de la primera magistratura, el cargo de mayor responsabilidad que tuvo fue el de Jefe de Gobierno del Distrito Federal, la capital mexicana, cuando era militante del PRD.

Pese a su origen priista, después de ser dos veces candidato presidencial (2006 y el 2012), se convirtió en el líder opositor más firme y tenaz en la confrontación con el PRI y fuerzas de derecha y de centro expresadas fundamentalmente en el Partido Acción Nacional (PAN) y el PRD, así como en el rechazo al régimen político y económico que hegemoniza México hace décadas. Siempre acusó a los que denominó parte de “la mafia del poder”, promotores de “las corruptelas”, de “asociación delictuosa” de cúpulas políticas, y criticó duramente las políticas de gobiernos del PRI y el PAN en relación al empleo, el combate al narcotráfico, pueblos indígenas, manejo de la riqueza petrolera, reforzamiento de la educación pública, presupuesto y gasto público, política exterior (con duros cuestionamiento a la falta de soberanía).

En el camino a esta candidatura presidencial AMLO fue logrando alianzas en el mundo político, social, académico e incluso del sector privado y empresarial, levantando líneas programáticas diferenciadas de la derecha y del Gobierno priista y neoliberal de Enrique Peña Nieto y enfatizando el llevar adelante “un nuevo proyecto de nación”. Ello se dio en torno de MORENA, logrando captar adhesión transversal que incluyó a desprendimientos del PRI y del PRD, y a la organización encabezada por evangélicos y liberales, el Partido Encuentro Social (PES). Tuvo fuerte arraigo en movimientos sociales y populares de base.

“Nuevo proyecto de nación”

En su discurso, la noche que ganó la elección presidencial (1 de julio pasado), AMLO sostuvo que “una mayoría importante de ciudadanos ha decidido iniciar  la cuarta transformación de la vida pública de México”. Indicó que “el nuevo proyecto de nación buscará establecer una auténtica democracia. No apostamos a construir una dictadura abierta ni encubierta”. Aseguró que “los cambios serán profundos, pero se darán con apego al orden legal establecido”. Precisó que “habrá libertad empresarial; libertad de expresión, de asociación y de creencias; se garantizarán todas las libertades individuales y sociales, así como los derechos ciudadanos y políticos consagrados en nuestra Constitución”. Hizo un anuncio clave respecto al petróleo: se revisarán los contratos contraídos con privados y aseveró que no habrá gasolinazos, en relación al precio del combustible.

Y apuntaló respecto a temas sensibles para los mexicanos: “La transformación que llevaremos a cabo consistirá, básicamente, en desterrar la corrupción de nuestro país”; “El Estado dejará de ser un comité al servicio de una minoría”; “Cambiará la estrategia fallida de combate a la inseguridad y a la violencia. Más que el uso de la fuerza, atenderemos las causas que originan la inseguridad y la violencia”; se elaborará un “plan de reconciliación y paz para México”.

Para AMLO un objetivo será recuperar una tradición perdida en las administraciones mexicanas en materia exterior. “En política exterior, se volverán a aplicar los principios de no intervención, de autodeterminación de los pueblos y de solución pacífica a las controversias”, sentenció.

Las expectativas

Para muchos analistas y dirigentes políticos latinoamericanos, el triunfo de López Obrador tendría tres significados primarios: el fin de triunfos de la derecha en la región, la demostración que no existe un fin de ciclo progresista y el inicio de un cambio profundo en México.

En definitiva se espera que AMLO ponga límites y produzca modificaciones en el marco de un modelo neoliberal, democratice las instituciones y desbarate políticas autoritarias, y aplique una postura hacia América Latina desprovista de criterios injerencistas y de seguimiento de la política exterior estadounidense y conservadora.

Algunos afirman que comienza en México, por primera vez en su historia contemporánea, un Gobierno de izquierda, aunque algunos prefieren hablar de una administración democrática y nacionalista. Como sea, es claro el contraste de López Obrador con presidentes como los derechistas Sebastián Piñera, Iván Duque y Michel Temer.

También se hace alusión a que los retos de AMLO son de grandes proporciones -combate al narcotráfico, eliminación de la corrupción, bajar índices de delincuencia y violencia, baja de la pobreza, atender derechos de pueblos indígenas, política petrolera, relaciones con Estados Unidos bajo el mando de Donald Trump- y que por ello se debe tener cuidado con las expectativas, ya que es un Gobierno que deberá asumir el lastre de administraciones que, por ejemplo, promovieron una ineficaz “guerra contra el narco”, aumentaron la pobreza del país (arriba del 60%) y promovieron la corrupción y el gasto fiscal excesivo; en definitiva, la concreción de “un Estado fallido”.