Nano Acevedo estrena libro sobre su vida y trayectoria artística. En entrevista detalló el proceso y adelantó algunas anécdotas.

Daniela Pizarro Amaya. Periodista. El cantor Nano Acevedo junto al periodista David Ponce, plasmó en un libro sus 54 años de carrera artística y de compromiso político. “El niño de la calle San Diego”, según comentó Nano en entrevista con ElSiglo.cl, narra las historias de infancia del compositor en el céntrico barrio, pasando por sus inicios como artista y algunos de sus hitos, como el instalar la Peña Javiera en 1975 y mantenerla hasta 1985, como un espacio de resistencia, además, sus triunfos en festivales burlando el filtro de los jurados a fines a la dictadura con un seudónimo, si hasta Los Huasos Quincheros grabaron un tema de Acevedo sin saberlo, todas esas muestras para el cantautor fueron “charchazos en la geta de la dictadura”.

El libro se estrenará el 5 de septiembre a las 19:30 horas, en la Sala SCD de Plaza Egaña, Avenida Larraín 5862, local T4038, justo en la terraza de dicho mall. La cita será conducida por Miguel Davagnino y la presentación del título estará a cargo de Enrique Ramírez Capello y David Ponce. El Grupo “Pregón” y el bolerista Enrique San Martín musicalizarán el evento.

¿Cómo surge esto de plasmar su historia y cuál es el rol que juega el barrio San Diego en su formación?

Yo he escrito nueve libros y en esta oportunidad quería contar un poco mi historia, pero en conjunto con el periodista David Ponce. El barrio San Diego, era una aldea mágica, había una pobreza impresionante, creo que ningún joven se imagina la pobreza que había en Chile en los años cuarenta.

La historia la comienzo cuando me retiré del colegio y me puse a cuidar autos en las cercanías del Teatro Caupolicán, que era el único lugar donde se presentaban los artistas, no existía nada más, entonces, ahí me fui formando. Para mí fue muy especial vivir mis primeros años allí, a mí me forjó lo dura que es la calle, si hoy los jóvenes creen que las calles son duras, no tienen idea lo que era antes. Pero era un lugar con mucha magia, por ejemplo, para los 18 de septiembre la gente iba al Parque Cousiño, iban las carretas enjaezadas llenas de banderas, o sea, era una fiesta hermosa.

En esos tiempos todas las radios hacían espectáculos y concursos y mi mamá me llevaba a concursar, por ejemplo, en la radio El Pacífico había un programa que se llamaba “Entre paya y paya” de una folclorista muy famosa que se llamaba Alicia López y mi mamá me decía “sale tú, anda” para que fuera a payar y siempre ganaba y los premios eran una bolsita con medio kilo de tallarines y una salsa de tomate chiquitita.

De la mano con su carrera estuvo también el compromiso político.

Y como no. Nunca quise ser artista ni nada por el estilo simplemente tomé conciencia de lo tremendo que era esta explotación que se hacía de los trabajadores y empecé a escribir canciones de contenido social

Una vez en medio de una pequeña gira que hicimos junto a la Hilda Parra –hermana de Violeta- y Víctor Jara, en Chuquicamata, Víctor me preguntó qué estaba haciendo en la vida y le conté que estaba haciendo clases de guitarra a los obreros del cuero y del calzado en la calle Arturo Prat, los lunes, miércoles y viernes. Cuando el día lunes llego a hacer las clases estaba Víctor sentado con los trabajadores tocando la guitarra, eso habla de la grandeza de él como ser humano, porque en ese momento ya era famoso.

El cantor político de los años setenta era distinto porque había un compromiso a fuego y era porque nacía cantar contra un sistema, nosotros vivíamos las falencias del sistema en carne propia. Una vez en esos años a mí me preguntaron por qué cantaba y yo les dije que cantaba desde el pueblo, porque soy parte de esa masa explotada, de esa masa que para salir a la superficie le costaba mucho, o sea, el cielo era de cemento, eso es una imagen brutal.

¿Qué es lo que más destaca de su vida artística?

Lo más importa de vivir es evolucionar, despertar, pero me refiero a un despertar interno, todo lo demás cae en el terreno de las anécdotas, porque en mi vida conocí a una gran cantidad de personas, artistas de altura mundial entre ellos, muchos seres que me forjaron de una u otra manera.

Para mí un hito fue instalar la Peña Javiera. Me conseguí un restorán en San Diego, para los viernes y sábados en la noche para poder hacer la peña, esa peña la apedrearon, le pusieron bombas, nos esperaron afuera, nos pegaron, nos llevaron presos muchas veces.

Todo ese grupo de cantores que desde el año 1975 hasta 1985 estuvimos contra viento y marea en la peña, finalmente, nos hicimos hermanos, los que crecieron en el fragor de la lucha, los que soportaron tanto dolor nos hicimos hermanos.

En los años ochenta hubo una crítica feroz hacia mí y por otro lado un reconocimiento muy grande. Porque durante todos los años de la dictadura en el Festival de Viña siempre estaban los mismos artistas cercanos al régimen y yo me cuestionaba eso, hasta que un día vi en el diario que estaban haciendo un concurso de tonadas, entonces, pensando en que necesitaba trabajar, hice una tonada y la firmé como Antonia Cavieres, bueno, al final, gané y llegué con algunos guitarristas, todos de izquierda, y subo al escenario donde estaba Jorge Reconcoret, cuando llaman a Antonia, y le muestro el papel con el registro del nombre, mientras en la primera fila habían puros milicos, ahí les cante la tonada y tomé mi premio y me fui.

En otra oportunidad hice lo mismo, otro concurso de canciones y envié mi canción firmada por Antonia Cavieres, porque los jurados veían el nombre y desechaban los temas, entonces, si veían el mío lo eliminaban al tiro, en cambio, con el seudónimo no tuve problemas. Al final de ese concurso nunca supe qué pasó.

Tiempo después veo un disco de los Huasos Quincheros y leo la lista de temas y veo la canción que había mandado, “Caballo chileno” de Antonia Cavieres. Y en una oportunidad en el festival de Punta Arenas me crucé con los Quincheros y le hablé a Sergio Sauvalle y le dije ‘así que me grabaron un tema’ y eso lo escucha Benjamín Mackenna y se da vuelta enojado y me dice ‘qué tema’ y yo le digo cual era. Yo lo mandé a un concurso ahora que ellos lo hayan tomado no es mi culpa.

Todos esos fueron charchazos en la geta de la dictadura y la gente no lo entendió y me criticó.

¿Qué otras historias de infancia, de barrio destacan en el libro?

Una vez siendo muy chico venía de comprar el pan y de repente siento un gran golpe y cuando miro hacia atrás era un toro y yo me quedé petrificado en la vereda, mientras el animal pasó corriendo frente a mi cara y de atrás venían unos hombres corriendo con lazos, con los cuales finalmente lo atraparon. Resulta que de camino por San Diego pasaban las camionetas con animales hacia el matadero de Franklin, entonces, era muy común que los animales se cayeran y salieran arrancando, porque las camionetas llevaban contenciones de madera, muy artesanales. Incluso en el barrio había una especie de operación de emergencia cuando eso pasaba, la gente entraba a los negocios, se escondía o simplemente se quedaba quieta esperando que el animal arrancara. Pero recuerdo mi impacto la primera vez que me pasó, fue un verdadero susto.

Las nuevas generaciones

¿Cómo ve a las nuevas generaciones que también quieren tomar un rol político y social a través del arte?

Me gusta mucho la música de ahora, la verdad es que escucho harto a los artistas nuevos. Los escenarios; políticos, sociales y económicos, que nosotros teníamos eran muy distintos. Por ejemplo, hoy los jóvenes músicos tienen estudios de grabación en sus casas. Cuando yo comencé a cantar no sabía de música, igual que casi todos los artistas de los años setenta, hoy más del noventa por ciento tiene estudios de música.

Creo que la juventud está tomando muchas banderas y lo está haciendo bien, en el campo de la música hay muchos artistas buenos, personalmente, me gustan mucho “Los Vásquez”.

¿Qué le pareció la reacción que tuvo el mundo cultural y del arte que terminó por sacar a Mauricio Rojas como ministro de las Culturas?

Bueno, también fui parte de eso. Esa fue una reacción fantástica y hay que seguir trabajando en esto, porque hay varios que hablan públicamente y se han mofado de la memoria de nuestros combatientes, de nuestros luchadores y a ellos hay que sacarlos.

La conciencia social del artistado está y es manifiesta en las acciones diarias, está en los escultores, en los actores, los músicos, los poetas, pintores, etc.