Disparo contra el PC acentuó problemas en la oposición. Tesis grupal versus tesis de unidad se va instalando en medio de tiras y aflojas.

Gonzalo Magueda. Periodista. Lo de que nada está definitivamente escrito en política quedó demostrado con las sorpresivas declaraciones de los timoneles de la Democracia Cristiana, Fuad Chahín, y del Partido Radical, el recién asumido Carlos Maldonado, en que simple y llanamente vetaron al Partido Comunista de cualquier actividad de celebración del triunfo del No en el plebiscito de 1988, que significó el principio del fin de la dictadura cívico-militar.

El asunto no fue menor porque implícitamente ambos personeros establecieron que en ese año los comunistas no estaban en una postura democrática y pacífica y, como afirmó Chahín, de “recuperar la democracia con un lápiz y un papel”. Un disparo contra el PC al quitarle participación, mérito y voluntad en lo que fue la lucha contra la dictadura. Por lo demás, Guillermo Teillier, presidente de la colectividad de la hoz y el martillo, sostuvo que lo señalado por Maldonado y Chahín “es falso”, que su partido no fue ajeno a la batalla por el No y que sus militantes se inscribieron para votar No en el plebiscito.

Este es un debate acalorado que se tomará la agenda en las próximas semanas porque, ciertamente, hay posiciones dentro de la ex Nueva Mayoría (NM) que quieren darle un carácter determinado a la celebración del No, priorizando aquello de derrotar al régimen militar con un lápiz y un video promocional, y otros que desde el campo progresista y de izquierda quieren relevar ese suceso como producto de la movilización social y la lucha de resistencia antidictatorial.

Pero al mismo tiempo el asunto se mete en todo lo que está ocurriendo con el proceso de convergencia y coordinación de la oposición, que se aparece llena de esfuerzos pero también de escaramuzas como la armada ahora por Chahín y Maldonado.

Parafraseando a un dirigente de la oposición, lo ocurrido este martes, de inicio, es “darle agüita a la derecha”, y seguido, es torpedear las intenciones de unidad en el arco opositor.

Se suman circunstancias como la decisión de la jefatura de la DC de no participar en reuniones de partidos de la ex NM, ni aceptar trabajo común con centros de estudio o pensamientos de otras colectividades políticas, y cerrarse en los hechos a acuerdos con colectividades del Frente Amplio (FA). O la decisión de Carlos Maldonado y de Heraldo Muñoz, presidente del Partido por la Democracia (PPD) de priorizar en acercamientos y acuerdos entre ellos mismos y el Partido Socialista, reviviendo lo que fueron puntos de cercanía en la ex Concertación, dejando a un lado al PC y a otras organizaciones. Un ejemplo de todo esto es que hace semanas que no hay reuniones de presidentes o secretarios generales de los partidos de la antigua NM.

Mientras dirigentes opositores insisten en lograr una convergencia “desde la DC hasta el PC, pasando por el Frente Amplio”, otros guardan silencio ante esa frase y dan vocerías apuntando a negociaciones y acuerdos entre dos, tres o cuatro partidos cuando más. Es como la instalación de una tesis grupal versus una tesis de unidad.

De improviso surgen miradas optimistas cuando la oposición llega a acuerdos en materias como salario mínimo, defensa de los derechos humanos, cuestionamiento a la reforma tributaria del Gobierno, crítica por el nombramiento de un subsecretario involucrado en el ocultamiento de la autopsia del asesinado ex presidente Eduardo Frei Montalva, acusación constitucional contra jueves que dieron libertad condicional a violadores de derechos humanos, o cuando se afirma que a la hora de las elecciones municipales y de gobernadores podrán existir pactos electorales muy amplios.

Pero en un torbellino de dimes y diretes, de episodios privados, donde en realidad hay quienes se ubican en la tesis grupal o aquella creada por dirigentes de la DC del “camino propio”.

Se producen también movimientos o situaciones como los acuerdos de partidos de la oposición para trabajar juntos y levantar plataformas unitarias, como ocurrió en Valdivia y la Región Metropolitana, las conversaciones bilaterales de partidos de la ex NM con colectividades del FA, el próximo arribo de la diputada del Partido Progresista (PRO) a la Bancada Parlamentaria del PC, o el encuentro entre directivas del PC y el PPD; junto a episodios como la ida o acercamiento de militantes del PPD al FA, coordinaciones por la base de militantes ahí sí desde la DC, pasando por el FA hasta el PC, rechazos de la directiva DC a participar en encuentros unitarios, e intentos de reconstrucción de los llamados “ejes históricos”.

Hay otros factores como el claro debate y confrontación que prevalece al interior del Frente Amplio, con diferencias expresadas públicamente por dirigentes y partidos en distintas coyunturas y que dan cuenta de la diversidad pero también de la divergencia. Eso incluye que si bien tienen conversaciones principalmente con los comunistas, tienen una decisión tomada -hasta el momento- de no acercarse ni menos converger con partidos de la ex NM, menos con escenarios abiertos en las últimas semanas.

Como lo han señalado insistentemente personeros de varios partidos, la opción de generar un conglomerado o alianza de la oposición es algo que no está en la agenda de nadie y parece una fantasía más que un objetivo. Pero el tema es que también se va viendo difícil una convergencia y unidad política básica y en torno de objetivos precisos, en medio de continuos torpedeos. Algo que inclusive podría pasar la cuenta a la hora de querer llegar a acuerdos electorales para derrotar a la derecha.