Diputado Daniel Núñez indicó que “el Gobierno perdió el norte, está desordenado, se le frustró la agenda, con muchos ‘errores no forzados’”.

Hugo Guzmán. Periodista. ¿Cómo ve el curso de la acusación constitucional contra jueces que otorgaron libertad condicional a ex uniformados?

Lo primero que hay que señalar es que esta forma de impunidad que generó las siete libertades condicionales que entregó la Sala Penal de la Corte Suprema a criminales de lesa humanidad que estaban condenados por delitos gravísimos como desaparición forzada, tortura, ejecuciones, es algo que ofendió a la sociedad chilena. Frente a eso y a la no aplicación que hacen los jueces de la no aplicación de los tratados internacionales, que son muy claros en establecer que frente a delitos de lesa humanidad no corresponde entregar libertades condicionales como se hizo, consideramos necesario reaccionar y presentamos esta acusación constitucional. Vamos a esperar el curso de los hechos pero estamos seguros de que nuestro proceder apunta a impedir la impunidad y garantizar que haya justicia en el país.

Pero los jueces se sintieron ofendidos ellos.

Es que la Corte Suprema comete un error al hacer una defensa corporativa. Lo que hay que asumir es que por décadas en Chile no hay plena justicia y se asegura la impunidad. Los juicios por derechos humanos han comenzado después del año 2000, en la mayoría de los casos. Las condenas son bajas. Varios de los condenados que recibieron beneficios tenían condenas por diez años, cinco años. Lo de fondo es que se debe comprender en cualquier país del mundo, y también en Chile, que los casos de crímenes de lesa humanidad tienen que ser tratados de manera estricta, severa, no pueden ser tratados al igual que un delito común.

¿Se ha producido un choque entre poderes del Estado?

Esa es la mirada que está instalando particularmente el ministro del Interior, Andrés Chadwick, sumado a una declaración de la Corte Suprema diciendo que con la acusación constitucional está en riesgo del estado de derecho. La verdad es que eso es absolutamente falso. En primer lugar porque la propia Constitución, en una reforma de 1989, estableció la figura de la acusación constitucional. Por lo tanto, se establece que el Parlamento puede ejercer un control sobre otro poder del Estado, el Contralor General de la República, o la Corte Suprema. Se establece que debe hacerse sobre una responsabilidad política y eso es lo que estamos ejerciendo. La Corte Suprema, al no aplicar los tratados internacionales suscritos por Chile, incurrió en notable abandono de deberes y es nuestro deber como parlamentarios actuar al respecto. Así que no hay intervención de un poder sobre otro. Precisar que no estamos cambiando un fallo emitido por la Justicia, no es eso, se está diciendo y exigiendo que los magistrados tienen que cumplir con los tratados que Chile firmó, particularmente el Estatuto de Roma del año 2009, donde se establece que en delitos de lesa humanidad tiene que aplicarse la justicia con penas elevadas y con exigencias mucho más altas que en el caso de un delito común, para entregar beneficios carcelarios.

Vienen los 45 años del Golpe de Estado, los 30 años del triunfo del No, los 20 años de la detención de Augusto Pinochet en Reino Unido, ¿avizora semanas tensas, complicadas, teniendo en cuenta los debates instalados en torno de derechos humanos?

Yo creo que la lucha por la defensa de los derechos humanos se transformó en un elemento de unidad de la oposición social y política, y ahí está el precedente de que la acusación constitucional contra jueces que otorgaron libertad condicional a violadores de derechos humanos, la firmaran diputadas y diputados que van desde la Democracia Cristiana, hasta el Frente Amplio, pasando obviamente por el Partido Comunista, junto a los socialistas, al Partido por la Democracia, la Federación Regionalista Norte Verde. Eso refleja que hay una mayor conciencia en la sociedad chilena sobre la importancia que tiene seguir defendiendo los derechos humanos y su promoción, y que no se puede avalar ni facilitar situaciones de impunidad que se están instalando, como es el caso del último fallo de la Corte Suprema. Septiembre es un mes muy importante para la sociedad chilena en que se pueden lograr expresiones de unidad, de masividad mayor a la que ha existido. No solo se trata del mundo político, parlamentario, sino el mundo social, ciudadano, el mundo de la cultura que ya se movilizó con ese maravilloso acto que hubo en defensa del Museo de la Memoria. Fechas como las que señalas, sin duda van a movilizar a la sociedad.

En estos temas el Gobierno se topó con problemas como la designación de funcionarios cuestionados en derechos humanos. También con críticas por los cambios tributarios, medidas de precarización laboral, sobre todo juvenil. ¿Cómo ves el desempeño de Sebastián Piñera?

Claramente que el Gobierno de Sebastián Piñera está pasando por uno de sus peores momentos desde que asumió la presidencia, es un Gobierno que perdió el norte, que está desordenado, se le frustró la agenda, con muchos “errores no forzados” y, lo principal, sin sintonía con los problemas que tiene el país y la gente. Piñera instala un salario mínimo que profundiza la desigualdad, que no cuenta con el apoyo de los trabajadores y sus organizaciones, que tampoco tiene respaldo en el Parlamento. También instala una reforma tributaria que en la práctica implica bajarle el impuesto a todas las grandes empresas, a las fortunas más grandes de Chile, a él mismo y su familia, a sus amigos, a los grandes financistas y empresarios. Eso no tiene ninguna sintonía con la ciudadanía ni con las necesidades del país. Yo veo un Gobierno desordenado, sin brújula, obsesionado con beneficiar a los más ricos, dejando pendientes los problemas sociales más urgentes del país. Se da la contraparte de que hemos ido logrando un proceso de unidad y de convergencia en la oposición, que es una muy buena señal de lo que puede venir para adelante si seguimos en este camino de unidad.

Pero hay cuestionamientos de que no se ve una coordinación real de la oposición, hay coyunturas en que no aparece la oposición.

Bueno, a ver. Estamos lejos de conformar hoy conglomerados, referentes únicos de la oposición. Estamos a unos seis meses de una derrota electoral importante y un proceso todavía de caminos de convergencia, estratégicos. Sin embargo, por ejemplo en el Parlamento hemos logrado objetivos que hace unas semanas nadie se imaginaba. Tuvimos sentados en una misma mesa a partidos de toda la oposición apoyando la acusación constitucional contra los jueces de la Suprema; iniciamos una coordinación en la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados para encarar esta contra reforma tributaria del Gobierno que beneficiará a los más ricos, y defender lo que hicimos en esta materia con el Gobierno de Michelle Bachelet; nos hemos coordinado y hemos convergido en otros temas. Entonces, a partir de luchas y objetivos puntuales y comunes, tremendamente sensibles e importantes para el país, podemos empezar a dar señales de unidad en la oposición. Creo que debemos ir paso a paso, esto no implica que en 24 horas vamos a resolver problemas que tienen que ver con diferencias algo más estratégicas. Estoy seguro que hoy existen más diputadas y diputados, senadoras y senadores, dirigentes de partidos de la oposición, conscientes de que la única manera que tenemos de combatir la desigualdad, de enfrentar a un Gobierno que quiere privilegiar a los más ricos y desarmar las reformas, es estar unidos, sino la derecha pasará por encima de nosotros e impondrá políticas que agudizan la desigualdad y las injusticias.

¿Ves complicado a Piñera en instalar una agenda?

Lo veo desesperado. Con acciones forzadas que lo llevan a cometer errores de manejo político y comunicacional, con desprolijidades significativas. Tengo la impresión que dentro de la derecha tienen una gran disputa entre quienes quieren una conducción más política, acercándose al centro, con un discurso más liberal, versus un sector más duro, conservador, muy vinculado al pinochetismo, a las políticas neoliberales más brutales, a las tesis tradicionales de la derecha, y lo que quiere es sencillamente arrasar con conquistas sociales, con la organización sindical, frenar cuestiones como alzas salariales y aumento de la gratuidad en educación. Si se impone esa mirada retrógrada en la derecha, que así parece, vamos a tener un Gobierno de Sebastián Piñera muy conservador, que va a encontrar una gran oposición y va a levantar grandes conflictos sociales. Eso es algo que tiene a la derecha en una gran disputada interna, yendo de un lugar a otro, sin una conducción y orientación del todo clara, donde Piñera y otros no tienen del todo claro lo que buscan hacer en un amplio sentido.