Desde que estaba en campaña, Trump ha mantenido un duro discurso contra los medios críticos, particularmente contra el New York Times y el Washington Post.

Magda Coss

Periodista

Acostumbrados a los embates de los gobiernos autoritarios, la prensa enfrenta ahora una nueva realidad igual de amenazante, pero proveniente de las llamadas “democracias liberales”. Estos ataques, que más que a la prensa son a la libertad de expresión, tiene muchas y más sofisticadas formas.

Esto viene al caso a partir de que más de 350 periódicos norteamericanos se coordinaron para publicar editoriales defendiendo su libertad para informar a partir de que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, acusó a la prensa de ser “enemiga del pueblo”.

La prensa en EE.UU. defiende su labor

Los medios participantes, que van de costa a costa del país, más que ser una “crítica al presidente”, estaban promoviendo el derecho a la información, como aseguró el editorial de The Globe, entre muchos otros.

“No somos el enemigo… Somos el pueblo”, explicó por su parte un diario de Belén, Nuevo México, y aseguró que los ataques contra la prensa están incrementando la violencia hacia los periodistas en el país.

Esa afirmación ya había sido señalada antes por Edison Lanza, Relator del Consejo Interamericano para los Derechos Humanos para la Libertad de Prensa, así como por David Kaye, del Consejo de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

“Estos ataques van a contrapelo de la obligación de los países de respetar la libertad de prensa y las leyes internacionales de derechos humanos”, dijeron en un comunicado conjunto emitido el 2 de agosto de este año, alertando sobre posible violencia contra periodistas.

Desde que estaba en campaña, Trump ha mantenido un duro discurso contra los medios críticos, particularmente contra el New York Times y el Washington Post. Pero la dureza de sus palabras, ya como presidente y con todo el poder que eso conlleva, ha generado un clima de alta polarización con los informadores.

El esfuerzo de los medios estadounidenses por defender su labor es relativamente nuevo para ese país –que tiene como primer artículo de su Constitución la libertad de prensa y expresión, como base de su democracia– pero acciones similares ya se han visto en otros países, donde los periodistas enfrentan diversos obstáculos para enfrentar su labor.

La situación de los medios en México

En México, por ejemplo, se vive en un ambiente de constante violencia física y directa contra los comunicadores, en general ejercida por bandas de delincuencia organizada y, en gran medida, tolerada por el Estado.

“México es un país democrático y no puede continuar con esta dinámica de violencia y asesinatos contra periodistas”, dijo Lanza en una conferencia de prensa en diciembre del año pasado. “Cuando se compara con Siria y otros países del mundo donde hay conflicto y autoritarismo, creemos que en la comparación México sale peor parado”, agregó.

La prensa mexicana, como lo hace ahora la de EE.UU., ya había intentado unirse para protegerse, por un lado, y dignificar su labor, por otro. También en diciembre del año pasado un grupo de medios mexicanos lanzaron un “ya basta” (el segundo, por cierto). “El crimen organizado está cancelando la libre expresión en regiones enteras del país” y los periodistas “ya no solo son silenciados, sino que se les exige llevar los mensajes de los delincuentes”, denunciaron 39 medios de comunicación.

Los participantes destacaron con preocupación la impunidad que rige en torno a la violencia que padecen, pero también aprovecharon para condenar las “malas condiciones laborales, escasa capacitación y deterioro ético de la profesión” que, según dijeron, “son en sí mismos factores graves de riesgo”.

Otro riesgo que enfrenta la libertad de prensa, ya denunciado ampliamente por la UNESCO en diversos estudios, es la concentración de medios. De hecho, desde los años ochenta, el organismo de Naciones Unidas advierte que la aglomeración de medios de comunicación en grandes consorcios ataca la diversidad, pluralidad y libertad tanto de los informadores como de la sociedad, limitando el ejercicio democrático.

No se puede dejar de lado, en México y otros países latinoamericanos, un tercer factor de riesgo para la prensa: el manejo discrecional de los recursos públicos para financiar medios afines o dejar caer aquellos que son críticos. Muchas empresas periodísticas dependen en gran medida de los recursos que reciben en forma de publicidad oficial para sobrevivir, y esa dependencia –a falta de una regulación clara– permite la auto censura o, directamente, una política de “zanahoria y garrote” por parte de gobiernos.

¿Una prensa unida?

Trump es, desde su posición y su uso obsesivo de Twitter, un peligroso detractor de los medios, fomentando la desconfianza y la desinformación en la sociedad de su país. Pero hay muchos otros líderes de democracias que también ven con desprecio a los medios de comunicación.

En esta nueva realidad, de democracias liberales en las que vive gran parte del mundo, no pueden sustraerse de la importancia de garantizar que los medios puedan profesionalizase y, manteniendo su diversidad y pluralidad, informar sin amenazas, riesgos físicos o presiones económicas indebidas.

Falta ver si los 350 medios estadounidenses logran hacer mella en la retórica anti prensa libre de Trump y sus seguidores. Lo que sí sabemos, es que el dramático “ya basta” de los medios mexicanos tuvo poca mella tanto en la violencia contra periodistas como en la calidad de la información. La “prensa unida” aún está siendo vencida.

Al final, la libertad de prensa es como una bicicleta: no basta tenerla, hay que pedalearla todos los días…