Señor Piñera,  si su compromiso es real y profundo, y no un mero oportunismo para contar su parte de la historia, usted tiene una gran oportunidad ¡Tome cartas en el asunto!

Silvio Reyes

Punta Arenas

El hecho de que aún después de casi 30 años de regreso de la democracia procedimental, el cese de la persecución estatal generalizada y una cierta paz social, se siga hablando de las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura, significa que la sociedad chilena, y en particular su Estado, están al debe con los procesos de búsqueda de la verdad, justicia y reparación.  Ni qué decir de las violaciones a estos derechos en los últimos años.

Usted, señor presidente, estos días ha hecho alusión a la creación de un museo de la democracia donde se cuente la historia política de este país. Sabemos que ella no es contada al azar: ameritan el reconocimiento generalizado que objetivase los sucesos históricos de modo que se llegue a un consenso por fuera de las meras subjetividades. Y en un país donde no se ha hecho un mea culpa por parte de la derecha respecto a la condena de las violaciones a los DDHH, a lo largo del siglo XX, es aún más dudosa la manera en cómo contarán la historia de la democracia en nuestro país.

En este sentido, la dimensión simbólica se vuelve relevante, porque demuestra cómo las instituciones se hacen cargo de su propia historia, reafirmando o distanciándose de un pasado traumático para el país. Y en esa línea, Chile no presenta una homogeneidad o visión sustantivamente coherente entre los distintos poderes que conforman el Estado, porque éste, después del término de la dictadura, el poder militar se atrincheró en sí mismo resguardándose casi de cualquier intervención del poder civil en sus instituciones.

Esto lo ha de demostrar cuestiones como la ley reservada del cobre, la poca fiscalización sobre el uso de los dineros que se les destinan desarrollando así prácticas de corrupción sistemáticas, la incoherente estructura clasista en su interior en una sociedad que se dice demócrata, la escaza, decadente y estigmatizante formación académica e incluso la persistencia de símbolos de la apología del terrorismo de Estado, como lo es mantener cuadros con fotos del dictador al interior de sus dependencias. Y esto último, señor Piñera, es esa dimensión simbólica a la que hago mención.

Y es en este particular punto donde me quiero detener. En la Gobernación Marítima de Puerto Williams existen varios cuadros donde se observa la visita del dictador Pinochet a dicha localidad. Claramente la Armada de dicho lugar no tiene ningún pudor en exponer así su reconocimiento con el principal símbolo de las violaciones a los DDHH en nuestro país. Por el contrario, pareciera ser motivo de orgullo, puesto que está a la vista y paciencia de todos quienes transiten por sus pasillos. Y es probable que no sea el único lugar de las FF.AA donde pasa esto.

Si realmente a esta institución le interesase reconocer sus errores históricos, buscar la reconciliación o el saneamiento de visiones antidemócratas en su seno, no estaríamos viendo fotografías como esas. Pareciera ser todo lo contrario; más bien la justificación de las atrocidades cometidas contra Chile y nuestros compatriotas.

Lo desalentador es que llevamos casi 30 años del término de la dictadura y aún existe este tipo de afrenta por parte de la Armada, sin que, hasta donde yo sepa, representantes populares que se dicen cristianos, demócratas o socialistas, ya sea de la región y de la comuna en cuestión, hayan hecho algún revuelo por cambiar esta situación.

Señor Piñera,  si su compromiso es real y profundo, y no un mero oportunismo para contar su parte de la historia, usted tiene una gran oportunidad ¡Tome cartas en el asunto!