El camino de la unidad debe iniciarse con acuerdos mínimos programáticos desde la esfera municipal, regional y nacional lo que representa romper el centralismo.

Fernando Bahamonde

Profesor. Punta Arenas

La transformación y desfonde de los partidos políticos tradicionales por la pesada carga de la Concertación y la vertiginosa velocidad evolución de la sociedad, sumado a los casos de corrupción;  la eliminación del sistema electoral binominal que permitió la representación parlamentaria de nuevos movimientos y partidos, a lo cual debemos añadir el triunfo de la derecha en la pasada elección presidencial en el esquema de una democracia de baja intensidad, y una sociedad chilena en transformación con la emergencia de grupos de la sociedad civil que desconfían de la política e imponen demandas impensadas hace una década, requiere pronta actualización de los partidos y movimientos, son elementos de contexto político para poder pensar en converger como oposición. Este cuadro a primera vista es confuso por lo cual se habla de tres o cuatro oposiciones distintas, donde cada segmento presenta problemáticas internas.  El escenario de la oposición requiere una pregunta de inicio ¿cómo converger?

Pero para responder la pregunta de inicial se pueden considerar los siguientes puntos:

1.       Nuestro país es tristemente pionero en la implementación y aplicación del modelo neoliberal el cual perduró luego de la dictadura. En ese entendido el modelo está enquistado institucionalmente en el Estado como en las relaciones sociales que se vinculan con este tipo de Estado y con el mercado lo que produce un sentido común en la población.

2.       La derecha chilena es poderosa, lo demostró en los 20 años-luego de la salida de la dictadura- en los cuales no accedió al gobierno manteniendo las bases del modelo. Hoy se encuentra en el ejecutivo gracias al voto popular restringido por ser voluntario. Para ganar le basta mover sus fieles electores de las comunas más adineradas y crear un ambiente de crisis, mientras en las comunas populares la abstención electoral es gigantesca.

3.       Nadie puede derrotar a la derecha por sí solo, lo que significa que no existe opción para el camino propio con el afán de buscar la identidad partidaria perdida como lo hizo el PDC con la frustrada candidatura presidencial de Carolina Goic, que resultó en quinto lugar nacional y cuarto lugar en su circunscripción senatorial Magallanes. Entre ocho candidatos la carta presidencial demócrata cristiana obtuvo un 5.88% del electorado. En la misma dirección, en la última elección presidencial nos demuestra la inutilidad de los candidatos testimoniales que restan a la unidad en vez de sumar alternativas reales.

4.       La unidad posee dos componentes esenciales camino a una elección. No basta sólo con el acuerdo electoral, o en el nombre del candidatos o candidatas y su eventual popularidad comunicacional, porque esto ha demostrado que frente al desperfilamiento de los partidos, los candidatos electos prontamente se transforman en díscolos. En síntesis, se debe entender que la política supera con creces el hecho electoral.

5.       El camino de la unidad debe iniciarse con acuerdos mínimos programáticos desde la esfera municipal, regional y nacional lo que representa romper el centralismo acogiendo con flexibilidad las diferentes realidades locales. Serán acuerdos mínimos, para alcanzar los máximos posibles para un gobierno transformador. Por tanto, los acuerdos no deben partir de cabeza, no vale obtener el consenso mediante un candidato que reditué  puntos en una encuesta como el político con más futuro.

6.       Asimismo, contener, pero superar la concepción política del hecho electoral y otorgarles valor a los acuerdos programáticos estratégicos, debe considerar diversas organizaciones sociales. El gobierno de Michelle Bachelet fue programático, sin embargo, la Nueva Mayoría como coalición de partidos únicamente fue electoral lo que explica en parte el comportamiento de algunos partidos y el rápido alejamiento del electorado.  Este es un salto de lo cuantitativo electoral a lo cualitativo social, que además asegura permanente legitimidad y continuidad, con organización, participación y movilización en defensa del programa.

Ahora se nos presenta una segunda pregunta ¿con quiénes converger?

Históricamente en el siglo XX en Chile las fuerzas de izquierda y centro han logrado unidad en momentos específicos como fue la experiencia del Frente Popular y la Unidad Popular. Poco nos queda de esa sociedad, de esos tiempos y de esos partidos. Pero lo que tenemos claro es que en diferentes momentos estas instancias fueron capaces de levantar un proyecto de país que estimuló la industrialización, se plantearon enfatizar el rol del Estado en educación, vivienda, salud y trabajo como base para profundizar la democracia y soñar con el socialismo, incluyendo y movilizando a miles de chilenos. Con sus errores y sus derrotas, estas alianzas cambiaron la cara de Chile.

Se deberá confluir con la certeza de que el camino no será fácil, que la contingencia obliga a tener respuestas rápidas frente a un gobierno de derecha regresivo y represivo. El necesario punto de partida y de futuro es superar la Constitución Política de 1980 cuyos pilares se encuentran profundamente enterrados en la sociedad. Los medios para lograr una nueva carta fundamental determinarán los fines de esta. En ese tránsito hacia la unidad veremos quiénes son los que están dispuestos a cambiar nuestro país y el curso de la historia.