El país se dividió tras un plebiscito entre las repúblicas de Chequia y Eslovaquia, al estilo de la atomización de la otrora Yugoeslavia.

José Luis Córdova

Periodista

La noche del 21 al 22 de agosto de 1968,  tanques del Tratado de Varsovia que integraban las fueras armadas de los países socialistas del Este de Europa cruzaron la frontera de la República Socialista de Checoslovaquia. A 50 años de este acontecimiento, el mapa político de Europa ha cambiado radicalmente. El país se dividió tras un plebiscito entre las repúblicas de Chequia y Eslovaquia, al estilo de la atomización de la otrora Yugoeslavia.

Los medios de comunicación desde Praga realizan en estas vísperas programas especiales, muestran imágenes inéditas y abren debates con testigos e historiadores sobre este acontecimiento que todavía despierta pasiones y odiosidades.

Técnicamente ni siquiera hay acuerdo si se trató de una “invasión soviética”, como inmediatamente la calificaron los medios de comunicación occidentales, especialmente La Voz de América, desde la entonces República Federal de Alemania. Hay analistas e historiadores de derecha que afirman que no se trató de una invasión, porque el gobierno de Checoslovaquia solicitó la ayuda internacionalista a 5 países del Pacto ante la grave crisis política a que vivía el país.

Vale la pena remarcar este hecho, la petición interna de ayuda (contenida en un documento lamado Las Dos Mil Palabras), a diferencia de las voces que claman por otras intervenciones internacionales (OEA y Grupo de Lima) contra los gobiernos de Venezuela y Nicaragua.

En Checoslovaquia se trataba de la actividad opositora de un sector del comité central del PC que intentaba implantar reformas estructurales, desmontando el sistema socialista de estado, abriendo paso a la propiedad privada, a la política de libre mercado e inversiones extranjeras que se imponía n en el resto del mundo,. Una suerte de “perestroika” que impuso 20 años más tarde Mijail Gorbachov en la Unión Soviética, provocando  la desaparición de la URSS y el derumbe del sistema socialista mundial.

Otros especialistas cuestionan el uso de tropas de los integrantes del Pacto de Varsovia ( a excepción de Albania y Rumania) porque sólo se trataba de un acuerdo militar y geopolítico que no podía usar la fuerza contra uno de sus integrantes, sino exclusivamente contra el imperialismo y sus aliados (en palabras del ex dirigente rumano Nikolai Ceasescu).

Hay quienes hacen un interesante paralelo entre la situación provocada en Cuba con los misiles soviéticos instalados en la isla apenas EEUU. movilizó su flota militar en el Caribe contra la Revolución Socialista en el primer país latinoamericano en el siglo pasado. La tensión mundial creció a niveles hoy inimaginables en ambos casos. La amenaza de una guerra nuclear entre la URSS y los EEUU era inminente y la Guerra Fría sería una catástrofe final.

Así como Moscú decidió retirar los misiles de Cuba, Washington no insistió en la retirada de las tropas del Pacto de Varsovia del territorio checoslovaco, evitando una escalada a nivel planetario.

A medio siglo de estos acontecimientos, los expertos ni  siquiera se atraven a especular lo que habría ocurrido si el ex secretario general del PC de Checoslovaquia, Alexander Dubcek imponía sus reformas sin una mayoría en el Gobierno ni en el Parlamento.

Las críticas a la ambiguedad política de este personaje, eslavco que escaló todos los puestos en el Comité Central del PC de Checoslovaquia -como lo hicieron Gorbachov, Schevarnadze, Yeltsin y Putin .Dubcek- finalmente dio un paso al costado aceptando la embajada de Turquía y observó los siguientes acontecimientos en el retiro político.

Todas las investigaciones posteriores, en busca de responsables de “masacres”, crímenes políticos y otras atrocidades publicitadas mundialmente, han fracasado en conseguir pruebas. Sólo la autoinmolación del joven universitario Jan Palach (en enero de 1969) y algunas decenas de lesionados fue el resultado de la presencia de tanques del Pacto de Varsovia en territorio checoslovaco. El último ministro del Interior del gobierno socialista, Miroslav Stepañek fue el único dirigente del PC encarcelado por autorizar el uso de la fuerza durante una manifestación en la Plaza Wenceslao.

El entonces presidente del Banco de Comercio de Checoslovaquia Vaclav Klaus (PC) se convirtió en el impulsor del neoliberalismo con el apoyo del escritor Vaclav Havel, ambos ocuparon la presidencia durante los inicios de la actualmente llamada “tercera república).

Hoy, con  un Gobierno en manos de la coalición de derecha  que encabeza ANO (“Si” a la retirada de la República Checa de la Unión Europea) junto con la socialdemocracia y un sector social cristiano y la “tolerancia crítica” del Partido Comunista de Bohemia y Moravia, el premier Víctor Babis es una suerte de magnate a lo Piñera o Macri en un país que debate su presencia o no en la Unión Europea, pese al innegable apoyo económico que desde hace 20 años recibe de sus poderosos vecinos, sobre todo de Alemania. Esta última se ha apoderado de las principales empresas y servicios de la actual República Checa. La genuina invasión extranjera comenzó en marzo de 1990 y continúa hasta nuestros días.