Decenas de funcionarios nombrados por este Gobierno han mostrado como incapaces de cumplir con responsabilidades administrativas mínimas.

Juan Gajardo López

Integrante Comisión Política del Partido Comunista

El acontecer político de estas últimas semanas ha estado marcado por una cadena de errores generados en el más alto nivel del Gobierno.

Se supone que un Gobierno realiza un cambio ministerial para evitar o revertir una crisis, sin embargo, Piñera con su cambio generó una crisis. La descripción de los hechos nos muestra a una administración que a cinco meses de iniciado su período decide hacer modificaciones en sus responsables de ministerios, buscando con eso proyectar una imagen de eficiencia.

Los ministros exonerados mal comunicaban o no lograban armonizar sus equipos de trabajo, se dijo. El objetivo comunicacional era claro: el Presidente corrige, ahora comienza la fase realizadora de este Gobierno.

El resultado de este “ajuste” ministerial es que el sujeto nominado como ministro de las  Culturas el jueves, debió renunciar el lunes siguiente y un alto cuestionamiento a la designación de un subsecretario de Salud, por su rol en el encubrimiento del asesinato del ex presidente Frei Montalva, además de su “tolerancia excesiva” a las irregularidades de empresas privadas para con el Ministerio de Salud en la anterior gestión de Piñera, lo cual está documentado en un sumario administrativo.

Nos interesa un primer somero análisis de estos hechos para deducir algunos juicios.

La derecha, a través de Piñera y otros personeros, ha expresado su voluntad de prolongar este mandato y nosotros hemos dicho que este deseo deriva de la necesidad de este sector político de readecuar el neoliberalismo que ellos impusieron y del cual han profitado desde el último cuarto  del pasado siglo, a las actuales condiciones, buscando proyectar en esencia este esquema de desarrollo las próximas décadas. Cuando Piñera habla de “excelencia” en la nominación de sus colaboradores se está refiriendo a esto. Sin embargo, este deseo se contrasta con las decenas de funcionarios nombrados por este Gobierno que al poco andar se han mostrado como incapaces, no de impulsar nuevas políticas en sus responsabilidades, sino simplemente de cumplir con responsabilidades administrativas mínimas que su cargo les obliga.

La primera conclusión evidente es que lo que efectivamente no está funcionando es el equipo superior de selección de estos funcionarios (donde asumimos el Presidente tiene derecho a voz) porque si así no fuera, entonces la conclusión es que la derecha no tiene gente capacitada para gobernar. En ambas situaciones, el eslogan de Piñera de “Gobierno de excelencia” no encuentra sustento.

Pero no debemos obviar la intención política de Piñera al nombrar al tal Rojas como ministro de las Culturas, así como ya antes había  nombrado a Ampuero en Relaciones Exteriores. Piñera es audaz, incentiva a Kast para jugar por la ultraderecha, controlando él desde luego (al menos de momento) el posicionarse hacia el centro, en donde encuentra nichos por su pasado político familiar. Pero desea seguir avanzando, y encuentra a Rojas y Ampuero, que ampulosamente se declaran conversos de sus ex militancias: el MIR y las JJ.CC. Piñera desea convencer que su discurso/acción incluso llega a gente que bien intencionadamente fue de izquierda. Y he aquí el nuevo error de apreciación y selección del Presidente. Ni Rojas ni Ampuero alcanzan para ser conversos, en cuyo caso nosotros, el mundo de izquierda, debiera considerarlos como renegados. Y no alcanzan a ser conversos/renegados porque nunca en verdad fueron de izquierda, a lo más, frecuentaron círculos de la izquierda para mejorar sus particulares condiciones de vida; es decir, fueron y son simples oportunistas.

Cuando oportunistas en el rol de bufones hacen declaraciones provocadoras, cual fue el caso de Rojas sobre el tema de DD.HH., gana la repulsa de la mayoría digna de la nación. Eso fue lo expresado en la masiva manifestación en Santiago en el Museo de la Memoria.

Ampuero buscando reconocimiento y como regalo al Secretario de Defensa de EEUU James Mattis, de visita inspectiva en la región, declama  la intención de sus mandantes para que Chile se retire de UNASUR. A la derecha le molesta la integración de los pueblos de América porque es contraria a esta perpetuación neoliberal con la que ellos sueñan y que les permite copiosas ganancias y para eso necesitan el apoyo del desgastado imperio. Mattis declara sin empacho que viene a renovar la alianza estratégica con sus socios de América del Sur, ante la intromisión de Rusia y particularmente China en las relaciones comerciales. Ampuero cree servir en ese rol. Su conciencia de oportunista le impide percibir que esta vez está jugando con intereses superiores de la Patria. Será él en conjunto con su Gobierno, responsables de no leer las necesidades de nuestro país en política internacional atendidas las tendencias universales.

Nuevamente habrá que repetirlo: el Gobierno de Piñera, que se ha reconfortado en esta crisis generada por ellos mismos despidiendo trabajadores del sector público, ha concentrado incapaces y legos en puestos de gobierno y así, no es el Chile de las mayorías el que progresa. Lo claro es que debemos trabajar por generar respuestas similares a las que se tuvo con Rojas, en otros ámbitos.