La derecha con el apoyo de los conocidos de siempre, niega sistemáticamente los planes y acciones golpistas  de las oligarquías de Venezuela y Nicaragua.

Eduardo Contreras

Abogado

Como era de esperarse y actuando tal y como hicieron en Chile el 73, la derecha con el apoyo de los conocidos de siempre, niega sistemáticamente los planes y acciones golpistas  de las oligarquías de Venezuela y Nicaragua en contra de sus respectivos gobiernos. Obviamente, ocultan el patrocinio norteamericano de estas ofensivas antidemocráticas.

En el caso venezolano los derechistas han llegado hasta proclamar que está en duda la veracidad del atentado contra del presidente Nicolás Maduro. Los vacilantes de siempre de otras tiendas que bien se conoce han tenido una actitud parecida. Y ni qué decir de Ampuero y otros renegados políticos que integran el gabinete de Piñera.

Por estos días, los titulares de la prensa chilena y las informaciones de radio y televisión, con muy escasas excepciones, han tratado de desviar la atención, de ocultar la noticia, o simplemente de desmentirla, de negarla. Para eso les pagan.

Lamentablemente, en general, una actitud parecida tuvo una buena parte de los partidos políticos chilenos. Como si no conociéramos de esta historia, como si no la hubiéramos sufrido en carne propia. Impresiona la dominación ideológica del imperialismo.

Todo lo cual hace indispensable el esfuerzo de la prensa honesta y democrática para reestablecer la verdad de los hechos recientes tanto en Venezuela como en Nicaragua. Porque si bien se trata de situaciones diferentes, lo objetivo es que ambos gobiernos tienen una impronta antiimperialista y antioligárquica, tal como fuera el gobierno de la Unidad Popular en Chile Y es por esa razón que son objeto desde hace ya largo tiempo de una ofensiva orquestada en Washington y ejecutada por organizaciones criminales financiadas además por las derechas de ambos países, a vista y paciencia de todo mundo.

Esta realidad sólo la ignoran aquellos que no quieren verla porque afectaría sus intereses o sus creencias. Seamos claros: para toda persona informada no constituye un misterio que en Venezuela actúa la Central de Inteligencia norteamericana, la CIA, además de otras agencias que dan forma a lo que se conoce como la “comunidad de inteligencia”.

En ellas se desempeñan criminales pagados con fondos del Estado norteamericano que conspiran e intervienen en toda suerte de actividades políticas y de provocaciones antidemocráticas por todo el mundo y, en particular, en América Latina territorio que consideran como propio.

Su trabajo no es sólo la Información, que desde ya comprende la manipulación de los medios de comunicación, sino además el manejo de dirigentes políticos y sociales así como la creación de supuestas inocentes ONG que conspiran por todo el continente bajo  objetivos con los que tratan de encubrir sus verdaderos propósitos. Se trata además del impulso a la creación de bandas terroristas a las que apoyan con entrenamiento y medios.

Washington y más todavía ahora cuando gobierna un personaje tan peligroso como es Donald Trump, no está dispuesto a aceptar gobiernos de izquierda en la región. Por eso Venezuela es, desde el gobierno del Comandante Chávez, un objetivo especial de  la CIA y el Pentágono. Tal y como ha pasado ahora a ser Nicaragua.

El atentado criminal en contra del presidente Maduro es parte principal de los propósitos golpistas de la ultraderecha venezolana. Poco después del fallido atentado, el ministro de Defensa de Venezuela, Vladimir Padrino López, se dirigió al país para expresar un pronunciamiento de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) rechazando la acción golpista. “Este acontecimiento ha tocado un extremo muy peligroso”, afirmó y remarcó que estaba dirigido a “destruir, a descabezar, a todo un Estado: estaban todos los representantes de los poderes públicos, del alto mando militar, estaba el pueblo”.

El ministro responsabilizó a la derecha, a la que calificó de criminal y cobarde, por el ataque contra el Presidente y subrayó que los institutos armados “no aceptaremos que sea vulnerada la soberanía nacional” añadiendo que  el intento de magnicidio representa un acto “desesperado, para cambiar mediante pasos no constitucionales el Gobierno popular”. Dijo además “cuánto ha costado para que estos factores de la derecha asesina y cobarde entiendan que el camino que hemos escogido los venezolanos es el camino de la paz y de la democracia.

 Están ya identificados y detenidos los autores materiales y colaboradores inmediatos. Venezuela, su pueblo y su gobierno desean la Paz. Se busca afirmar la estabilidad social, política y económica por la vía pacífica y prueba de ello fueron las liberaciones dadas a las personas que estuvieron implicadas en los hechos violentos registrados entre 2013 y 2017.

Pero para el gobierno chileno y para muchos miopes, reales o supuestos, lo del frustrado magnicidio fue sólo o un “aparente atentado”, o “un supuesto atentado” y los más groseros hablaron de un “autoatentado”. Es más, nuestras autoridades reciben con la alharaca propia de los encubridores a representantes de los golpistas criminales presentándolos como blanca palomas.

Un gobierno realmente democrático lo que debió hacer fue rechazar el hostigamiento al gobierno venezolano e instar al llamado Grupo de Lima, a la OEA y sobre todo al gobierno norteamericano, a respetar la autodeterminación del pueblo venezolano y de todos los pueblos.

En el caso de Nicaragua resulta igualmente indignante la posición adoptada por el gobierno derechista de nuestro país, por diversas instituciones y por algunos sectores políticos ya sea mal informados o simplemente por el inveterado anticomunismo que les lleva a rechazar todo intento de pueblos o gobiernos de avanzar a la construcción de un modelo de desarrollo en cuyo centro esté el interés de las mayorías  nacionales y no del puñado de privilegiados de siempre.

Son conocidos los videos de prensa en que aparecen en Managua destacadas figuras de la política reaccionaria y hasta sacerdotes y autoridades religiosas llamando públicamente a combatir contra el gobierno sandinista de Daniel Ortega. Incluso hay videos en que se ven las armas de que disponen los agitadores y que entregan a los pandilleros.

Son conocidas también las cifras reales y causas de muerte de los caídos que no son precisamente las que difunden los y las agentes de Trump que suelen visitar nuestro país y que el gobierno  de Piñera invita y recibe alborozado.

Son seducidos por esos mismos cantos imperialistas hasta algunos funcionarios de entes independientes que se dejan confundir y hasta llegan a hablar de “violaciones a los derechos humanos” en Nicaragua, cuando es a todas luces evidente el Plan estratégico para América Latina puesto en desarrollo por personajes de la calaña de un  Luis Almagro en la OEA, o por los conductores del llamado Grupo de Lima en la perspectiva de derrotar cuanto gobierno progresista e independiente de la Casa Blanca exista en el continente.

Tal vez nunca tanto como ahora sea necesario informarse de las resoluciones del 24° Encuentro del llamado Foro de Sao Paulo, reunido en La Habana a mediados de julio pasado en que un alto número de representantes de distintas organizaciones de todos los países analizaron la situación que se vive, las nuevas tácticas del imperio, los llamados “golpes blandos” y en síntesis la necesidad de que las fuerzas democráticas de América Latina y El Caribe se mantengan alertas y en pie de lucha.