El cuestionado ex ministro fue un engendro del mandatario. Es el primer responsable de todo lo ocurrido.

Hugo Guzmán. Periodista. El Presidente Sebastián Piñera siempre se jugó por Mauricio Rojas. Lo protegió y lo promovió. Desde que conversaron por largas horas entre 2010 y 2013 y dieron a luz el libro “Conversando con Sebastián Piñera”. Cuando el magnate volvió al Gobierno este año, convirtió a Rojas en Director de Contenidos y Estrategias de La Moneda, un puesto clave. El funcionario se convirtió en “speechwrites” del Presidente, tenía la delicada función de hacerle los discursos. Luego, el mandatario lo puso sin dudar como Ministro de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.

¿Piñera no había leído los dichos de Mauricio Rojas donde calificaba de “montaje” al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos y afirmar que era una obra “de la izquierda”? ¿Lo puso a hacerle sus discursos, a cargo de Contenidos y Estrategias de la Presidencia y no sabía cómo pensaba y cómo había pensado Rojas? ¿En esas conversaciones entre 2010 y 2013 Piñera no detectó el esquema de pensamiento de su ahora ex funcionario? ¿Piñera no había leído el libro donde Rojas hizo las afirmaciones que hoy lo tiene fuera del Gobierno?

Ningún partido de la derecha fue responsable del nombramiento de Mauricio Rojas. Nadie lo pidió en ese puesto. Ni la gente conservadora en el ámbito de la cultura. Esa fue una decisión absolutamente personal de Sebastián Piñera. Confiaba -o confía- en el criterio de Rojas, le tenía respeto y estaba seguro que estaba en su línea de comportamiento y de “contenidos” de su administración.

El mandatario hoy no le puede exigir explicaciones a nadie más que a él mismo por el gran error y los efectos políticos negativos de haber nombrado ministro a Mauricio Rojas.

En cinco meses a Piñera le pasó esto en dos ocasiones. Porque también fue una decisión personal de él nombrar ministro de Educación a Gerardo Varela, al que también tuvo que despedir al poco tiempo por sus declaraciones inoportunas, descriteriadas y ofensivas.

De alguna manera se podría decir que Rojas y Varela tienen un no sé qué que le agrada a Piñera. Son personajes con los que él sintonizó y por eso los puso en cargos de harta confianza…intelectual y política.

Es decir, mirar y evaluar hoy a Rojas y Varela, es un poco, o un mucho, evaluar a Piñera. Incluidos los grandes errores.

En estos meses de los “errores comunicacionales” y “errores no forzados” del Gobierno, se pasaron a instalar “las renuncias forzadas”.

Esto lleva a poner atención respecto al círculo cercano al Presidente y a quienes lo rodean, incluidos esos cargos en las oficinas presidenciales que suelen pasar colados…no como en la Casa Blanca de Donald Trump.

Foto: Prensa Presidencia