Tengo el honor de haber participado en la construcción del Museo de la Memoria y desafío al Ministro a demostrar la existencia de una sola mistificación a la verdad.

Miguel Lawner

Arquitecto

Las declaraciones del Ministro de las Artes, las Culturas y el Patrimonio, calificando al Museo de la Memoria como un montaje y uso desvergonzado de la tragedia nacional, son gravísimas.

No podemos aceptar en 2018, que un Ministro de Estado ignore hoy, los Informes Rettig y Valech que confirmaron las gravísimas violaciones a los Derechos Humanos cometidas por la dictadura cívico militar que gobernó nuestro país durante 17 años. No podemos aceptar que el Ministro ignore las sentencias de los Tribunales de Justica confirmando dichas violaciones y condenando a sus autores.

Al momento de morir, el propio dictador Augusto Pinochet, estaba procesado como presunto autor de secuestros (desapariciones), homicidios y torturas en al menos tres casos por violaciones a los derechos humanos, entre ellos la Caravana de la Muerte, comitiva militar que ejecutó a 75 presos políticos en un recorrido por Chile el año 1973.

También fue juzgado por una treintena de víctimas de la Operación Colombo, montada en 1975 para encubrir la desaparición de 119 disidentes y por otros tantos casos de desaparición y torturas en la Villa Grimaldi, además de estar procesado por fraude al fisco y uso de pasaportes falsos en relación con el descubrimiento, en 2004, de numerosas cuentas secretas a su nombre en el Riggs Bank de EEUU y otros bancos del exterior.

Tengo el honor de haber participado en la construcción del Museo de la Memoria y desafío al Ministro a demostrar la existencia de una sola mistificación a la verdad, que pueda estar expuesta en sus salas. Una sola. Una sola. Toda la museografía está debidamente respaldada por evidencias irrefutables.

La afirmación del Ministro en el sentido que es un Museo de la izquierda que muestra una visión falsa de la historia de Chile, es igualmente inaceptable. La verdad no tiene bandera política.

Cualquier error, cualquiera injusticia que pudiera haberse cometido durante el mandato del Presidente Allende, tuvo lugar con pleno imperio de los Derechos Humanos, con el funcionamiento del Parlamento, de los Tribunales de Justicia y con total libertad de prensa.

La tesis del empate en materia de Derechos Humanos es inaceptable.

No puede haber justificación alguna para haber detenido a Marta Ugarte, conducirla a un lugar secreto de detención, someterla a bárbaras torturas, doparlas, introducirla a un saco papero, al cual se ató un riel de ferrocarril y así arrojarla desde un helicóptero en vuelo, para que desapareciera en el fondo de las aguas del océano.

Nadie que visita el campo de concentración de Auschwitz, solicita explicaciones que pudieran haber justificado el asesinato en cámaras de gases de millones de hombres, mujeres y niños judíos, gitanos o comunistas.

Han transcurrido 45 años desde la muerte del Presidente Allende y la humanidad honra su memoria, bautizando con su nombre miles de plazas, calles, hospitales, escuelas, museos, barcos o bibliotecas a lo largo de todo el planeta.

Intentar alguna justificación para las aberrantes violaciones a los Derechos Humanos ocurridas bajo el mandato de Pinochet, es un agravio inaceptable para las víctimas, como lo es para sus familiares, que jamás cesarán en el derecho de saber el destino de los detenidos desaparecidos.

El Museo de la Memoria es una legítima conquista de la memoria histórica y no aceptaremos la tentativa de impugnarlo.

Para la sociedad chilena es una provocación tener como Ministro de Cultura, las Artes y el patrimonio a Mauricio Rojas.