Experto del PC, Carlos Arrúe, explicó en qué va la iniciativa, e insistió en cuestionar accionar de esa instancia.

Hugo Guzmán. Periodista. No solo está en marcha una acusación constitucional en contra de la Corte Suprema. También sigue su curso un requerimiento en contra del Tribunal Constitucional (TC), fuertemente cuestionado por muchos de sus fallos que, incluso, pasaron por arriba de decisiones democráticas del Parlamento.

Carlos Arrúe, es el Encargado Constitucional del Partido Comunista, y en entrevista explicó en qué va la acusación constitucional contra el TC, insistió en críticas a esa entidad y de paso volvió a insistir en la necesidad de trabajar por una nueva Constitución para contar con una herramienta que garantice derechos de los ciudadanos.

¿Cuáles son, en concreto, los argumentos para acusar constitucionalmente a integrantes del Tribunal Constitucional (TC)?

El primero dice relación con que la Constitución señala en el art. 52 numeral 2) letra c) que la acusación constitucional procede en contra de los magistrados de los tribunales superiores de justicia. No sería bueno que se argumentara que eso excluye a los magistrados del TC. Primero, porque significaría reconocer que dicho Tribunal puede hacer lo que quiera y que no existiría en nuestro país un contra peso a ese poder. Y segundo, porque se estaría haciendo una distinción, o una excepción, que la Constitución no hace. Para ilustrar mejor el punto, allí no dice explícitamente “integrantes de la Corte Suprema”, pero hubo acusaciones en contra de magistrados de la Corte Suprema y nadie dijo que no procedía. Entonces se cae el argumento de que al no estar mencionados explícitamente, los miembros del TC quedarían excluidos de una acusación constitucional. Creo, en todo caso, que lo más complicado es lo primero, es decir, admitir que el TC está fuera del control de cualquier otro poder del Estado, criterio que evidentemente, no compartimos. Ahora bien, en el fondo, ¿qué hizo el TC? Bueno, inventó normas por inventarlas. No porque fueran inconstitucionales, sino porque estimó que sus normas eran mejores que la del Congreso. Ese es el caso de 3 causales. También modificó normas en la ley del SERNAC, argumentando en contra de las facultades sancionatorias del Estado con una visión muy extrema de subsidiariedad. Con el criterio que utilizó allí, prácticamente desviste al Estado entero de poder intervenir y sancionar. Como estaba el proyecto no era inconstitucional, solo que a ellos no les gustaba ese proyecto y les importó poco el Congreso, el Presidente, las elecciones, todo. Se echó la institucionalidad democrática entera al bolsillo.

¿En qué  momento está esa acusación?

Está en un momento de maduración y convencimiento. Debo decir que es una propuesta novedosa producto de que nunca hemos tenido problemas con la interpretación del TC, pero como que se han pasado de la raya ¿no? Y más de una vez. La pregunta que debemos hacernos es si nuestra institucionalidad  provee de herramientas para actuar frente a los excesos del ejercicio del poder y la verdad es que sí. Es lógico, sino esta cuestión sería una monarquía. Quisiera ser bien claro en señalar que los excesos del TC son un problema político. ¿Qué quiere decir eso? Que cuando un poder se excede en el ejercicio de sus facultades, debe existir el modo de corregir esto porque de lo contrario, termina anulando la acción de los otros poderes. Por eso, la acusación constitucional es un acto de carácter político y deliberativo. Entonces, en eso estamos, convenciendo a otros de que es factible y que es el medio idóneo para avanzar.

¿Ves un peligro futuro en la perpetuación de esta instancia, sobre todo pensando en cambios democráticos y transformaciones que pueden operar en el país?

Yo creo que el problema de fondo es la Constitución de 1980. Tiene principios y normas que impiden adaptarse a los tiempos. Es lo que llamamos una Constitución rígida. Por otra parte, la continuidad del TC no sería problema si, por un lado, se limitara a cumplir su función y por otro, ejerciera su control de constitucionalidad sin emitir la opinión personal de sus integrantes. Sus integrantes la están desprestigiando mediante fallos cuestionables. ¿Lo seguirán haciendo? Yo creo que sí. ¿Es un problema? Claro que sí, porque va a tensionar continuamente los cambios que le país demanda y que logra aprobar el Congreso. ¿Debemos terminar con el TC? Sí.

¿Cómo está viendo en estos momentos el Partido Comunista el tema de cambio de Constitución?

Seguimos creyendo que la Constitución debe ser reemplazada por una nacida en democracia y seguiremos haciendo todos los esfuerzos para que así sea. Evidentemente el cambio de Gobierno implica que estamos haciendo distintos esfuerzos. Hoy estamos pensando concretamente en elaborar un texto propio, que recoja lo que elaboró el proceso constituyente inédito impulsado por la ex Presidenta (Michelle) Bachelet, incluyendo el proceso constituyente indígena.

¿Siguen insistiendo en la Asamblea Constituyente?

El tema para nosotros no pasa por insistir. Estamos convencidos que la forma de subsanar la falta de legitimidad de una Carta fundamental, es que nazca la nueva mediante una reunión representativa del pueblo. La soberanía, la autodeterminación, la posibilidad de crear una Constitución es un derecho que le corresponde únicamente al pueblo. Eso no lo inventé yo, es reconocido así por la doctrina jurídica. Vamos a perseverar en que la nueva Constitución sea una propuesta de la Asamblea Constituyente.

¿Cómo crees que debería asumirse esa reivindicación? Ahora se ve lento lo de AC y nueva Constitución.

Tal vez la cosa vaya en dos o tres direcciones. La primera de ellas es continuar sumando voluntades, persuadiendo, convenciendo. Los argumentos están de nuestro lado, y quizás muchos son escépticos porque sienten que no avanzaremos, pero no hay que amilanarse. Esta lucha es justa y necesaria y vamos continuar capacitando, haciendo seminarios, publicando libros, participando en foros, etc. Nos llaman y vamos. En segundo lugar, además de persuadir, vamos a insistir en reformas constitucionales que representan los cambios democráticos que la mayoría anhela. Si continúan chocando en contra de la pared del TC, crecerá la conciencia de que es necesaria una nueva Constitución. Y en tercer lugar, vamos a incorporar la nueva Constitución como demanda en las elecciones municipales y presidenciales. Es importante que el pueblo pueda significar sus vidas desde la perspectiva que una nueva Constitución representa la oportunidad para una mejor calidad de vida.