Asume alto cargo en la ONU donde, desde Chile, la seguirán al dedillo. Nadie parece pensar que se desprenderá de las dinámicas políticas nacionales.H. Guzmán. P. Ryan. Periodistas. En las horas que se sellaba que no sería candidata presidencial dentro de cuatro años, se hablaba de que en ese tiempo podría convertirse en una opción para la secretaría general de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

El jueves 9 de agosto, en la edición 759 de la revista The Clinic, Michelle Bachelet, en entrevista del periodista Patricio Fernández, afirmó que “¡nunca más!” sería aspirante a la Presidencia de la República y enfatizó: “Lo he dicho muchas veces, no sé por qué no me creen”. Ese mismo día se supo que era la carta para ocupar el cargo de Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU; a las 24 horas, el nombramiento se materializó con la votación unánime a su favor de los países miembros de la Asamblea General del organismo.

Su idea o deseo de irse a “sembrar tomates” quedaba desechado. También quedaba claro que no estaría realmente al frente en el día a día de la Fundación Horizonte Ciudadano, donde todo indica que el timón estará en manos de la ex subsecretaria de Educación, Valentina Quiroga, presidenta del directorio. Y se esfumaba aquella aseveración de que Michelle Bachelet se convertiría “en el liderazgo de la oposición”.

Sin embargo, nada parece definitorio en el caso de la ex jefa de Estado, salvo que quedará en su historial con dos mandatos presidenciales sin opción de un tercero. Como Alta Comisionada de DDHH se ubicará en el segundo lugar, políticamente hablando, al interior de Naciones Unidas y, a pesar o no de ella, estará visible como carta para asumir como secretaria general del organismo internacional, pese a que lo que lleva ventaja es que António Guterres vaya a la reelección.

Al mismo tiempo estará en un punto sensible, y de hecho ya desde la derecha le disparan obligándola a fijar posición explícita “ante las dictaduras” de Venezuela y Nicaragua y por supuestas violaciones a los derechos humanos. Desde Chile, la derecha le enrostrará temas de esos país, sumado Cuba, e incluso situaciones locales, como los informes internacionales sobre el Servicio Nacional de Menores y las violaciones a derechos de niños y jóvenes; esa línea ya la comenzó a trabajar la derechista Unión Demócrata Independiente (UDI).

Es decir, en el plano nacional, habrá un seguimiento al dedillo de la gestión de Bachelet en la ONU y la derecha seguirá emplazándola en cuestiones de derechos humanos en relación a gobiernos que los conservadores chilenos están interesados en cuestionar permanentemente. Eso la tendrá en la arena política.

No es descartable, al mismo tiempo, que la ex mandataria, pese a todo, llegue a emitir opiniones respecto a situaciones nacionales, sobre todo en relación a lo que fue la gestión de su recién pasado Gobierno. Quién sabe si en privado o en espacios de la Fundación Horizonte Ciudadano incida en cuestiones de políticas públicas, derechos sociales, u otros temas.

En estos días le sacó ronchas al Gobierno se Sebastián Piñera al emitir algunas opiniones que impactaron en la opinión pública. Lo que más se resaltó fue aquello de que “he visto una economía debilucha”, pero también sostuvo que “he visto mucho anuncio pero no los resultados prometidos”. En la entrevista en The Clinic aseveró que “el nuevo Gobierno intentó por vía reglamentaria dar vuelta atrás las cosas” hablando de la ley de interrupción del embarazo en tres causales, y contó que “se me ha dicho -no me consta- que la implementación de la desmunicipalización en educación está lentita”. Todo eso caló en La Moneda y el Presidente Sebastián Piñera y su ministro de Hacienda, Felipe Larraín, salieron a rebatirle.

En definitiva, lo que diga Michelle Bachelet y como lo diga, seguirá influyendo en el acontecer político nacional, tanto para el oficialismo como para la oposición. Seguro ya no hablará de contingencia, pero todo lo que haga y diga en materia de derechos humanos u otros temas, será replicado, aplaudido o cuestionado.

Algunos recuerdan que cuando estaba a cargo de ONU-Mujer, viviendo en Nueva York, recibía muchos visitantes chilenos, algunos colaboradores cercanos y dirigentes de partidos políticos, con los que trataba temas de política interna y de las fuerzas progresistas y de izquierda. ¿Dejará de ocurrir eso esta vez? ¿Ya no será una voz a consultar, a dialogar, a reflexionar en el campo de la oposición?

En la entrevista con el periodista Patricio Fernández, se deslizó algo concreto, por ejemplo, en lo que podría llegar a influir la ex presidenta. “Creo que a la democracia le hacen bien los cambios de liderazgos” y enfatizó: “Me gustaría potenciar jóvenes”. Claramente, e incluso desde su Fundación, es una cuestión en que Michelle Bachelet puede influir, abriendo espacios, promoviendo, instalando, jóvenes políticos que ella comparta como opciones de liderazgo.

Como sea, nadie parece pensar que se desprenderá absolutamente de las dinámicas políticas nacionales o que dejará abandonada la tarea de reivindicar lo que fue, sobre todo, su segundo mandato presidencial, por mucho que se encuentre en una sensible misión en Naciones Unidas.

Al mismo tiempo, como Alta Comisionada de Derechos Humanos, estará en la mirada de muchísimos gobiernos, algunos de potencias políticas, y en el acontecer de procesos complejos en diversidad de países.

Lo esperable es que la derecha le seguirá disparando, atenta a lo que sucede en la ONU y culpándola de los males que vive el país, y desde la oposición buscarán potenciarla en su liderazgo mundial y reivindicándola en su gestión nacional. Es decir, continuará posicionada en el escenario político y comunicacional.