Alejandra Pérez nunca tuvo una situación cómoda al frente del Ministerio de las Culturas y también fue parte de “los errores comunicacionales”.

Equipo ES. La carrera profesional de la periodista Alejandra Pérez Lecaros (55), ahora exministra de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, siempre fue ascendente. Fue una destacada alumna de la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica, donde realizó algunas ayudantías, y luego estudió un Diplomado en Comunicaciones y Periodismo en la Universidad de Navarra, España.

Posteriormente se instaló en el mundo privado donde destacó por su capacidad de gestión. Se desempeñó como editora de las revistas Diners Club y Master Club y directora de la revista Fibra de Telefónica. Fue directora de comunicaciones y asuntos públicos en esta última empresa. Se convirtió en asesora de confianza del exministro René Cortázar (DC), asesoró ministerios en el primer Gobierno de Michelle Bachelet y en los últimos años trabajó en Canal 13 donde llegó a ser presidenta del directorio.

También con errores comunicacionales

Nadie dudaba de la capacidad profesional de Pérez y cuando el Presidente Sebastián Piñera la nombró titular del nuevo Ministerio de las Culturas, en marzo pasado, algunos pensaron que sería una buena vitrina para ella. Debía echar a andar todo el aparataje de la nueva Secretaría de Estado. Todo un desafío para esta mujer de sonrisa fácil, madre de cuatro hijos. Sin embargo, su paso por las oficinas del octavo piso de Ahumada 48 estuvo, desde el comienzo, lleno de vaivenes.

Cuando llevaba pocas semanas de haber asumido, la exministra dio una entrevista a El Mercurio de Valparaíso donde quedó de manifiesto su desconocimiento de los temas de su cartera. Proponía, por ejemplo, el regreso del Teatro Itinerante, que ya existe. Le pidió la renuncia al jefe de prensa, José Luis Alvarado, que venía desde la época del ex secretario de Estado Ernesto Ottone.

Su desconocimiento del área y errores comunicacionales comenzaron a pasarle la cuenta.

Junto con reestructurar la planta de funcionarios le pidió la renuncia a cuatro directores de servicio: Pablo Andrade, del Museo Histórico Nacional; Ángel Cabeza, de la Dibam; Alejandra Serrano, del Centro Cultural La Moneda y Roberto Farriol, del Museo de Bellas Artes.

A esto se sumaron la salida de su primera jefa de gabinete, Paula Bardón. Fue reemplazada por Carolina Roberts que tampoco duró. Su jefe de gabinete hasta ahora fue Orlando Álvarez.

A fines de mayo, la secretaria de Estado reclutó a la periodista Claudia Cento como jefa de Prensa y nombró como directora de Comunicaciones a Elisa Segura, quien se desempeñaba como editora de Canal 13, con lo cual se hizo el esfuerzo por reforzar el posicionamiento comunicacional de Alejandra Pérez. Poco antes de eso, Felipe Encinas, quien ocupaba el puesto de director de Comunicaciones, fue derivado a la Subsecretaría que encabeza Juan Carlos Silva.

El ataque de Chahuán

En junio, cuando todo hacía suponer que las aguas se habían calmado, los cuestionamientos no se hicieron esperar. El más duro fue esgrimido desde Chile Vamos. En un consejo general de Renovación Nacional (RN), a mediados de ese mes, el senador Francisco Chahuán, señaló que a la ministra había que sacarla “a patadas”.

Las declaraciones del parlamentario fueron a puertas cerradas, sin embargo trascendieron y fueron publicadas por el vespertino La Segunda. Alejandra Pérez remarcó que Chahuán usó “un lenguaje violento” y cerró el capítulo.

A pesar de las críticas, la exministra repuntó en las encuestas y en la encuesta Cadem de comienzos de julio se situó en el tercer lugar de los ministros mejores evaluados con un 68% tras el canciller Roberto Ampuero que logró un 75% y de la ministra de la Mujer y la Equidad de Género, Isabel Plá, que obtuvo un 70%.

Sin pauta propia

Con el paso de las semanas la exministra se seguía percibiendo con un débil manejo, con pocas pautas propias.

Una de las pocas actividades que encabezó y que se quedaron en la retina fue el lanzamiento de la campaña de fomento lector “Lee al toque”, iniciativa que permite descargar libros de la Biblioteca Pública Digital, a través de códigos QR. Pero no lograba posicionarse y funcionarios del ministerio y del Gobierno reconocen que se sentía incómoda en el cargo, presionada por personeros de partidos de la derecha y algunos equipos de La Moneda. Tampoco lograba empatía con el sector de cultura, es decir, artistas, intelectuales, productores.

Al interior del ministerio se daban cuenta de estas vulnerabilidades, pero no imaginaban que la periodista resultaría damnificada en el primer cambio de gabinete de Piñera, en el cual salió también el ex titular de Educación, Gerardo Varela.

Tras el cambio de mando, la exministra agradeció su paso por el gabinete y le deseó lo mejor a Mauricio Rojas, quien la reemplazará en el cargo. “Me voy con la misma lealtad al Presidente, las mismas convicciones personales con las cuales entré al ministerio”, remarcó.

Reconoció también que “yo creo que siempre uno lo podría hacer mejor, podría haber hecho otras cosas; pero uno hace lo que puede”.

La exministra admitió que enfrentó resistencias del ámbito político. “Me sentía un poco obstruida, pero en el fondo los partidos hacen Gobierno, hacen su papel”, sostuvo.

¿Un mirista converso?

Mauricio Rojas, a quien algunos medios y en círculos políticos se sitúa como ex militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), exiliado en Suecia, fue designado como ministro de las Culturas y tendrá sobre sus hombros la compleja tarea de la nueva institucionalidad de la Secretaría de Estado. Deberá encargarse además de la designación del nuevo Consejo Nacional de Cultura y de la instalación de los jurados de los premios nacionales de Literatura y Música.

El ex parlamentario del Partido Popular Liberal de Suecia hasta antes de asumir como ministro era director de Contenidos y Estrategias de La Presidencia, y era el encargado de escribirle los discursos a Piñera, con el que, se dice, siente afinidad. El tema es que, al igual que su antecesora, se ve como un extraño en el mundo de las culturas, aparece como un inexperto en el sector y se piensa que, al final del día, está a prueba su capacidad de gestión en un ministerio que, por lo demás, ha viviendo siempre un conflicto con las y los ministros designados.