La otra cara de la moneda electoral es la campaña sucia que consiste en prometer lo que no se puede cumplir, diseminar el terror en el electorado.

Fernando Bahamonde

Profesor. Punta Arenas

Para la ciencia política, como “ciencia” de la era moderna, posee como punto de partida un hecho como inmutable que desde el origen de los tiempos han existido gobernantes y gobernados. En este contexto la alternancia en el Gobierno es una condición propia de la democracia representativa, se gana en las urnas otorgando un mandato transitorio. Los resultados electorales son una fotografía de un momento particular del quehacer político que refleja un estado de ánimo que se crea en el votante. En el esquema actual donde el voto es voluntario múltiples elementos pueden influir en que esa mañana de domingo el ciudadano se motive a levantarse y expresarse depositando su confianza en un voto.  Tradicionalmente este tipo elecciones se ganan gracias a diversos mecanismos; desde un buen eslogan, campañas comunicacionales atractivas en radio, televisión y redes sociales y un candidato conocido con atributos que sea capaz de motivar a los electores.

La otra cara de la moneda electoral es la campaña sucia que consiste en prometer lo que no se puede cumplir, diseminar el terror en el electorado, utilizar las influencias y contactos con entidades económicas internacionales para distorsionar cifras, comprar encuestas, usar los medios de comunicación para diseminar el pánico, recurrir a agencias nacionales o internacionales para penetrar las redes sociales y de cuanto medio se disponga para aplastar al contrincante o al gobierno que se necesita demonizar para superarlo. En todo evento este tipo de campaña significa identificar y aislar a los supuestos enemigos a derrotar, para posteriormente luego del triunfo hacer un sentido llamado a la unidad nacional y autoproclamarse presidente de todos y todas. Aunque pronto comenzaran las rencillas por ocupar el Estado, eliminando a aquellos trabajadores considerados como sospechosos y desvinculándolos echando mano a ideas refundadoras como si la historia de las políticas públicas se iniciara con una nueva administración.

Si esto le parece conocido, en efecto ocurrió en la Roma republicana y ha sucedido en Chile, pero bajo ciertas circunstancias, cuando la clase dominante ha visto amenazado sus intereses. Como señalara Edgardo Boeninger en 1994 en un artículo titulado “La Gobernabilidad: un concepto multidimensional”, las circunstancias están dadas por intentar mover el telón de fondo en el cual se desarrolla la política, es decir, tratar de cambiar el modelo neoliberal. Entonces, en la medida que no se busque cambiar el sentido común en el cual se desarrolla la existencia económica, es factible la alternancia en el poder con lo cual la política se convierte en un juego anecdótico.

Prueba de ello es una charla que realizó Hernán Büchi a militantes y parlamentarios de la UDI, a inicios del Gobierno de la Nueva Mayoría. El ex ministro de Hacienda de la dictadura señaló con congoja que el acto de cierre de su campaña presidencial en 1989 tenía la certeza de ser derrotado por Patricio Aylwin, sin embargo, sabía que las ideas que sustentaban el modelo económico se habían impuesto. A los pocos meses de esta confesión Büchi se “autoexilio” en Suiza justificando su decisión con la incertidumbre legislativa que experimentaba Chile, obviamente sin dejar de ser miembro de directorios de grandes empresas nacionales.

Cabe preguntarse si este tipo de triunfo como el obtenido por la derecha en noviembre de 2017 otorga legitimidad, condición que es superior al triunfo legal, aunque sea por uno o miles de votos. Si el triunfo electoral otorga mandato temporal a través de un programa de Gobierno que se promete respetar, pero que regularmente el elector jamás ha leído, porque se le ha tratado como un mal necesario y en campaña fue desinformado con el terror.

Entonces, apenas comience el malestar y la movilización ciudadana ese Gobierno modificará puntos y comas, párrafos e ideas del programa que prometió implementar. En lenguaje tradicional la hoja de ruta recibe un golpe de timón. En ese caso el programa de Gobierno es sólo papel, no existe proyecto de país y la convicción si existió se derrumba ante la mantención del poder por el poder para lo cual se recurre a la encuesta como instrumento para gobernar.

Es un hecho que la democracia representativa, liberal o, sencillamente burguesa, está hecha como instrumento para desplegarse con diversos matices como cortina que encubre el telón de fondo de las relaciones económicas hoy en permanente tensión y crisis.  Por ello, la legitimidad está determinada por la superación del estrecho marco de la democracia representativa hacia una democracia participativa donde se disuelve la artificial separación entre gobernantes y gobernados, y donde la alternancia no es fruto de una guerra sucia entre bandos opuestos, porque el telón de fondo ha sido previamente construido por el único soberano, el pueblo.