Baja en todas las encuestas y aumento del desempleo. Empresarios preocupados y malas percepciones, con baja en las expectativas de la gente.

Hugo Guzmán. Periodista. Nadie desmiente que el Gobierno de Sebastián Piñera está en problemas. Las evidencias son varias. Y apuntan a descontentos y desilusiones desde varios frentes y flancos.

Los primeros datos y antecedentes tienen que ver con un aumento considerable de cierre de empresas durante estos meses, miles de despedidos en el primer semestre, mala percepción de la marcha de la economía, nula llegada de beneficios de crecimiento a la población, rechazo al aumento del salario mínimo y críticas y preocupaciones desde la misma derecha y el empresariado.

A eso se suma la baja de Piñera en todas las encuestas, en lo que podría ser el inicio de una continua y más amplia desaprobación a su gestión y la del conjunto del Gobierno. Se tendería a repetir lo ocurrido en la primera administración del mandatario.

En cuanto a la economía, la administración piñerista está teniendo problemas con sus propios aliados en el mundo privado y financiero. El ex ministro de Hacienda de la dictadura y analista gurú de la derecha, Hernán Büchi, indicó en una columna del diario El Mercurio, que “el Gobierno se fijó como desafío relanzar el crecimiento. La oportunidad la tiene, aunque las dificultades son muchas. Es conveniente que tome nota que para los observadores externos y numerosos agentes internos aún no ha dado pasos suficientes para convencerlos de que será exitoso”.

En un auditorio de grandes empresarios, el economista Sebastián Edwards, cercano al Gobierno, reconoció problemas y dijo que “ha habido más ruido que nueces…si tuviera que criticar tengo una lista enorme…”, pero se excusó: “Lo vamos a hacer puertas adentro”.

Alejandro Fernández, gerente de estudio de Geminis, citado por el diario La Segunda, expresó: “El deterioro de expectativas se dio porque no se ven fundamentos para que la expansión acelerada de la actividad continúe. Tiene que ver en parte con la guerra comercial, pero hay otra parte, más importante, que tiene que ver con que no aprecien decisiones de política o medidas específicas que tiendan a sostener esta expansión. Las expectativas que había de la gestión del Gobierno no se han marerializado”.

El Informe de Percepción de Negocios realizado por el Banco de Chile y dado a conocer a inicios de agosto, reveló que ejecutivos de empresas consultados enfatizaron que “el desempeño de sus negocios ha sido más bajo de lo que esperaban a comienzos de año”. Eso los lleva a pensar que habrá un atraso en las expectativas de repunte o crecimiento durante este año.

Otro reporte, el Índice de Percepción Económica, realizado por GKK-Adimark, anotó una caída de casi 3 puntos, situando el índice en 50 puntos, lo que indica una baja de la confianza de los consumidores chilenos. Max Purcell, directivo de la entidad, dijo, citado en El Mercurio, que “si hubiésemos hecho la encuesta en las últimas dos semanas, la verdad es que el indicador estaría incluso peor, estaría en el lado negativo”. Al marcar 50 puntos, está en el punto medio. Añadió que “lo que se correlaciona con esta caída es la percepción de desempleo. Se generó durante el mes una serie de noticias respecto a cierre de plantas, a débiles cifras de empleo y eso hizo caer el indicador”.

En otro ángulo del asunto, el ministro de Desarrollo Social, Alfredo Moreno, declaró que “estamos viendo que hay mayor dificultad para que el crecimiento se transforme en crecimiento del empleo”.

Números rojos

En esa línea se suman numerosos análisis, de economistas, políticos y académicos, que apuntan a que no está pasando mucho con ese eslogan de Piñera de enfatizar que la clave es el crecimiento -que se sitúa en 4%- pero que no le está significando algo a la población. Los chilenos sienten que no hay mejora, no aumenta el ingreso, el endeudamiento sigue siendo el camino para satisfacer necesidades de servicios y bienes, no se ven mejores oportunidades. Está instalado en el país, en los medios, en vocerías diversas, que hay una percepción negativa de la economía y el crecimiento.

En los cinco meses del Gobierno de SP hay cifras realmente negativas. De acuerdo a la Superintendencia de Insolvencia y Reemprendimiento, las empresas liquidadas en el primer semestre de 2018 subieron a un 47%. Comparado con igual periodo de 2017, se pasó de 439 empresas cerradas, a 647. Sumado el cierre de fábricas y empresas como Maerks, Pastas Suazo e Iansa, a los despidos en el sector público y medios de comunicación, en los últimos meses quedaron desempleados casi 10 mil chilenas y chilenos. El Gobierno finalmente apostó por elevar el salario mínimo en un 2.7%, que lo dejaría en 283.500 pesos, cuando desde el mismo oficialismo hay sectores que plantean que debe ser de 300 mil pesos y la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) exigió como base, 420 mil pesos.

Un punto de tensión, y que acentúa y acentuará complicaciones a la administración piñerista en el ámbito laboral, tiene que ver con el proyecto de estatuto laboral para los jóvenes y pronto el de adultos mayores, con un preciso énfasis en flexibilización y precarización para esos dos sectores. También los conflictos que se están generando con la postura de la Dirección del Trabajo, avalada por el Ministerio del Trabajo y Previsión Social, de validar a los “grupos negociadores” y así buscar el debilitamiento de los sindicatos en las empresas. Esos temas, por lo demás, van en la dirección de desmantelar contenidos de la reforma laboral lograda en el Gobierno de Michelle Bachelet.

A todo eso se suman “las anécdotas”, como las definió Piñera, joyitas declarativas de los ministros de Educación (llamando a hacer bingos para reparar escuelas) y Economía (planteando que el dinero de empresarios se invierta en el extranjero), y situaciones conflictivas como el apoyo tácito de la administración piñerista a la libertad condicional a represores acusados de crímenes de lesa humanidad y violaciones a los derechos humanos.

Mal en los sondeos

Un botón de muestra de los problemas del Gobierno de SP, son los últimos sondeos conocidos.

La encuesta de Adimark, en junio, indicó que la aprobación de Piñera bajó de 54 a 50 por ciento. El informe señaló que “la desaprobación aumenta 10 puntos porcentuales, pasando de 30% en abril a 40% en mayo”. Señaló también que “la aprobación en el segmento socioeconómico bajo presenta un descenso estadísticamente significativo en comparación a lo obtenido en la medición de abril”, situándose en 42%.

El sondeo de Criteria, de agosto, señaló que del 60% de respaldo en junio, se pasó a 49% en julio y que el 41% desaprueba la forma en que Piñera está conduciendo el Gobierno. La aprobación al Gobierno pasó de 56% a 47%.

La encuesta Cadem, fijó en 49% la aprobación a Piñera, representando una baja de cinco puntos. El Gabinete gubernamental presentó un 48% de rechazo.

Esos datos, junto a temas como la mala percepción de la economía, los masivos despidos y otros flancos abiertos, encendieron luces rojas en La Moneda. Hay que agregar los dimes y diretes, tensiones y polémicas dentro del campo oficialista por diversos temas, lo que incluyó disputas intra-partidos en defensa o ataque de funcionarios y diferencias por los llamados “temas valóricos”.

Así, se convirtió en una frase repetida lo expresado por Mario Desbordes, presidente de Renovación Nacional (RN), en el sentido de que “se acabó la luna de miel” del Gobierno con la ciudadanía. Claro que las vocerías de dirigentes de la derecha apuntaron más que a errores o problemas, a que “la gente está más exigente” respecto al funcionamiento gubernamental. Y la vocera de La Moneda, Cecilia Pérez, respondió con generalidades o frases comunes como que los ministros se esfuerzan “por trabajar por los chilenos, y eso es lo que hemos estado haciendo”; “Vamos a seguir reforzando nuestro trabajo en equipo, trayendo buenas noticias…”

Algunos, eso sí, apuntaron a establecer una estrategia frente a los problemas actuales. En declaraciones a la prensa, el jefe de la Bancada de senadores de la Unión Demócrata Independiente (UDI), Víctor Pérez, reveló que “en el comité político (de La Moneda y partidos de derecha) se estableció la necesidad de hacer un esfuerzo comunicacional para explicar que las mejoras en la economía van a redundar en buenas cifras de empleo”. Hernán Larraín Matte, presidente de Evópoli, sostuvo que “hemos señalado la necesidad (de) tener una agenda económica ofensiva. El sello social del Gobierno se juega primero en lo económico”. El senador de RN, Andrés Allamand insistió en que los “buenos indicadores se expresarán en una creación más vigorosa del empleo”.

En esa línea, se sabe que hay directrices precisas a los ministerios y a la Secretaría de Comunicaciones (Secom) en cuanto a destacar aspectos de crecimiento macroeconómico del país, apuntalar vocerías que hablen de los esfuerzos del Gobierno en materia económica y, de manera sutil, contener y bajar ciertas expectativas, ya que lo del empleo será difícil revertirle en corto plazo, a lo que se añaden temas como la “guerra comercial” entre Estados Unidos y China y la baja del precio del cobre, pegado a varios conflictos laborales en el sector minero. En ese camino, el Imacec de 4.9% en junio y crecimiento de la actividad económica del 5.2% en el último trimestre, son cuestiones a relevar por el oficialismo.

Foto: Prensa Presidencia