Recién llevamos poco más de 5 meses de gobierno y los diferentes fragmentos de la derecha se disponen a la disputa para lograr una carta presidencial.

Fernando Bahamonde

Profesor. Punta Arenas

La dinámica de la política no se detiene, fluye en la contingencia produciendo efectos tanto perceptibles como imperceptibles en la sociedad. Lo perceptible está mediado por las agendas comunicacionales que se erigen desde la esfera del poder económico y político. Lo imperceptible, es lo que ocurre en la calle, la vida cotidiana de millones de chilenos que viven el día a día en diferentes puntos de encuentro público como sus trabajos, consultorios, escuelas, universidades o simplemente las calles. También se encuentran en privado espacio de sus hogares y poblaciones, en el mall y diferentes instancias de consumo, autosatisfacción y deuda.

Existen un sinnúmero de definiciones de la política y lo político, en la reducción a la cual ha sido arrojado el ciudadano, nacen conceptos como el de “clase” política erigiendo una suerte de elite que conduce el país, grupo de privilegiados porque se encuentran en el congreso, en cargos públicos de primer orden o en La Moneda. Como ya hemos señalado en oportunidades anteriores, quien mejor entiende el concepto de elite, porque reniega de la sociedad, es la derecha. Este sector ha mutado, pero poco, de aquella oligárquica y orgullosa de sí de principios de siglo XX a la golpista de 1973. Pero la novedad es que en los últimos tiempos ha accedido al poder a través del voto y nuevos grupos dentro de este sector buscan un espacio para reemplazar a aquellos que ascendieron Chacarillas en 1977. Sin embargo, posiblemente los más jóvenes y liberales tendrán que experimentar los cuchillos largos y ganarse un espacio con sangre sudor y lágrimas contra sus mayores, aquellos cuadros avezados en operaciones políticas-comunicacionales y que están acostumbrados suscribir acuerdos con la certeza de no cumplirlos.

Si bien es cierto, hoy la derecha se encuentra en el gobierno sus aguas no están tranquilas existen diversos grupos que están atentos a cobrar un tropezón o error de uno de los suyos. El ambiente se agitará aún más en la medida que nos acerquemos a un año electoral donde la derecha hará gala de recursos de toda índole y de su acostumbrado pragmatismo electoral. Más allá, de ciertas insinuaciones ideológicas entre supuestos liberales, que deberán abrirse paso a codazos, y conservadores no se manifiestan grandes disyuntivas de contenido dentro del sector. Lo que es visible es la existencia de diferentes grupos que poseen una contienda interna por la figuración e imponer sus nombres.

Un primer nicho es el “Piñerismo” que detrás de la figura presidencial ha licuado los partidos tradicionales, concentrándose en el gobierno como fieles soldados o empleados del primer mandatario. A pesar del inapelable triunfo electoral de la segunda vuelta presidencial donde se impusieron en 255 comunas de un total de 345, y en 13 de las 15 regiones, hoy con menos de seis meses en el ejecutivo comienzan a presentar problemas. Si en el primer gobierno de derecha entre el 2010 y 2014 las salidas de libreto estuvieron a cargo del presidente que generó el vocablo “Piñericosas”, en esta segunda oportunidad las salidas de librero, las declaraciones destempladas y los desaguisados han permeado a los ministros. Lo que produce de tanto en tanto que el presidente deba llamarlos a terreno, para luego respaldarlos. Pero las declaraciones de los jefes de las carteras de economía y educación demuestran que están alejados del quehacer público, que desconocen e incluso les molesta el Estado que ellos mismos crearon en 1980. En definitiva, apartados de aquellos millones de chilenos y sus vidas cotidianas que les es una vida en efecto imperceptible. Pero el control de los ministros y la obsesión por las encuestas del gobierno no es su principal problema, lo que los complica es la imposibilidad de levantar un candidato que tome el testimonio en la próxima elección presidencial, es decir se agotan en su líder.

Un segundo piño se encuentra RN, son un pequeño grupo liderado por precandidatos presidenciales como los senadores José Manuel Ossandón y Francisco Chahuán que no han trepidado en criticar en público al gobierno por la lentitud en la instalación en los cargos, por no entender los problemas de la “gente”, y como el caso de Ossandón tratando de instalar la idea de una derecha social.

Un tercer grupo en la derecha es el que intenta emerger tras la figura de Joaquín Lavín, actual alcalde de Las Condes y en dos oportunidades candidato presidencial. Lavín, el que ascendió a Chacarrillas y en 1987 escribió una de las mayores apologías al modelo sustentando por la dictadura en su “Chile: una Revolución Silenciosa” camino al plebiscito de 1988; ha tomado el camino en solitario, sin apoyo real de la UDI la que se encuentra en un momento de crisis producto de que sus antiguos coroneles han dado un paso al costado por líos judiciales como Longueira y Novoa, o han entrado de lleno en la esfera de influencia del “Piñeismo” como Chadwick. El des perfilamiento de la UDI se manifestó en la elección interna del 2016 entre van Rysselberghe y Bellolio, elección que más que expresar una un nuevo y vigoroso aire democrático en la colectividad, desnudó la fatiga de material del gremialismo respecto su vigencia ideológica en una sociedad en profunda transformación.

Por último, José Antonio Kast y su cerca del 8% de los votos en la primera vuelta presidencial de noviembre de 2017, demuestra la existencia un fenómeno mundial en nuestro país, la emergencia del fascismo. No obstante, Kast estando fuera del congreso, se las arreglado para adquirir cobertura comunicacional. Hoy su tarea es la organización de un movimiento capaz de disputar espacios electorales y callejeros, con todos aquellos desencantados del mundo que viven y que buscan una explicación fácil a su miedo.

Recién llevamos poco más de 5 meses de gobierno y los diferentes fragmentos de la derecha se disponen a la disputa para lograr una carta presidencial, para finalmente lograr la unidad en la próxima elección. Sin embargo, todas las derechas son de derecha.