Todavía el ser humano vive presa de sus incógnitos universos interiores, no ha descifrado todos sus laberintos como especie. Estamos al debe en esas exploraciones.

Carlos Poblete Ávila

Profesor de Estado

Es muy cierto que el ser humano en asuntos de generación de conocimientos, en los últimos 50 años ha avanzado más que en los dos siglos precedentes. El hallazgo ha sido el signo, se supone para bien, aunque no siempre es así. El ser humano va tras el progreso, es su naturaleza.

Es de imaginar el asombro que experimentó el hombre en sus orígenes cuando ante él se manifestaron las señales de la naturaleza: la lluvia, los sismos, el día y la noche. Entonces intentó leer, comprender los misterios, los secretos del relámpago. De todo aquello cursan milenios.

Hoy las pretensiones van más allá. Una de las interrogantes es si existe vida en otras latitudes cósmicas, porque tal vez no seamos los residentes de la Tierra los únicos en el vasto universo. Conjeturas, supuestos, hipótesis y teorías colman páginas; también congresos y jornadas en distintas partes.

Si existe agua hay vida, es el principio. En la Tierra está ese elemento – ojalá no tengamos que decir en 50 años más que existió agua -. Algunos seres humanos en el mundo carecen de agua limpia, algo así como 2000 millones de personas, según señalan organismos internacionales. Eso ya es una tragedia, una cruel tragedia, no ajena a las irracionales formas de vida que en general llevamos. La devastación planetaria, la agresión humana a todo lo que vive es la funesta actitud que se manifiesta a nivel mundial. Bien se sabe el origen de esas conductas: sistemas sustentados en filosofías fratricidas, que se expresan en gobiernos cuya impronta es el egoísmo, la avaricia, el afán de dominio, de riqueza y, finalmente, el desprecio por la Humanidad.

Hoy la obsesión es alcanzar al planeta Marte, ya se hizo el intento de llegar al satélite selenita. Esos objetivos espaciales, como se sabe, demandan ingentes costos, sin dejar de mencionar los gastos en materia bélica. Pero aquí la sociedad humana a nivel mundial  aun no resuelve carencias esenciales, básicas: alimentación, vivienda, salud, educación, trabajo. No se niega el afán, y hasta el derecho de explorar los supuestos siderales, pero hay urgentes prioridades humanas como las señaladas.

Todavía el ser humano vive presa de sus incógnitos universos interiores, no ha descifrado todos sus laberintos como especie. Estamos al debe en esas exploraciones.

Ojalá, si algún día se alcanza desde nuestra Tierra esos otros cuerpos planetarios del universo, no sea para instalar en ellos sucursales bancarias. Mientras tanto, aceptemos que somos todavía analfabetos del espacio sideral, y también de nuestros propios laberintos humanos.