“Si tocan a una, nos tocan a todas” hay que materializarlo en todos los espacios. Aunque muchos están hartos con las demandas de las mujeres, esto recién comienza.

Daniela Pizarro Amaya

Periodista                               

Todos los días las mujeres están expuestas a diferentes situaciones de violencia o de discriminación, son esos micro machismos que siguen tan internalizados. Puede ser algún comentario que no pediste sobre tu aspecto, un “chiste” con el cual subestiman tus capacidades o esas odiosas generalidades como “todas las mujeres son tal o cual”, finalmente observaciones cargadas de prejuicios y lugares comunes que solo restan. Son infinitos los espacios donde se producen esas actitudes, en tu trabajo, en la familia, en casa, en alguna reunión social, la calle, y aunque este tipo de incomodidades hayan disminuido por la gran relevancia que tomó el movimiento feminista en Latinoamérica y en especial en Chile con las estudiantes, seguimos escuchando cada vez más seguido de las boca de algunos los “ahora no se puede decir nada”, respecto a los discutidos “piropos” que ya está claro que configuran acoso. Hay varios que insisten en sentirse dolidos porque no pueden desplegar su “galantería”, importándoles bien poco la incomodidad que producen sus innecesarios halagos.

Otros disfrazan sus comentarios sexistas y acciones abusivas con el humor, como el director de cine, Nicolás López, que suma y suma denuncias y testimonios que lo apuntan como un abusador, donde incluso sus cercanos han corroborado sus comportamientos. Según algunos de sus amigos se trató de un “humor pesado” o de un “joteo”. Que haya obligado a una mujer a practicarle sexo oral en un baño fue un chiste.

Lo peor no es que algunos de sus amigos lo defiendan, sino que lo hagan mujeres, como la actriz fetiche del director, Paz Bascuñán, quien afirmó que López era su amigo (padrino de uno de sus hijos y socio de su esposo) por lo que no le daría la espalda. Aseguró que nunca vio señales de abuso en las mujeres que lo denunciaron y aunque dijo que solidarizaba con las víctimas, el tibio apoyo de la actriz fue criticado en la interna actoral, porque la personalidad del otrora cineasta promesa era un secreto a voces, como tantos que faltan por destaparse.

Y es que entonces hay que empezar a tomarse las cosas con humor, tal como lo hizo la Intendenta metropolitana, Karla Rubilar, cuando el Presidente Sebastián Piñera, en vez de cortar la cinta para inaugurar la nueva oficina de la Dirección de Extranjería y Migración, prefirió cortarle un mechón de pelo a ella. En la escena se ven todos muy sonrientes frente a la “estupidez” como definió la acción del mandatario, la exministra del Servicio Nacional de la Mujer y dirigenta feminista democratacristiana, Laura Albornoz.

Surge la pregunta de qué pasaría si fuese a una mujer a la que se le ocurriera cortar el pelo de alguna autoridad masculina en pública. Qué pasaría si esa misma acción de Piñera la hubiese hecho la expresidenta Michelle Bachelet…

Ninguna mujer del Gobierno, tampoco la ministra de la Mujer y Equidad de Género, Isabel Plá, se refirió al episodio.

En la última marcha por el aborto libre, seguro y gratuito, apuñalaron a tres mujeres. El Ejecutivo anunció querella, se repudió trasversalmente en el mundo político y social, sin embargo, el delito no fue catalogado como terrorismo, aun cuando el grupo que se contramanifestó reconoció la autoría. Se trató de apuñalamiento en una actividad ciudadana masiva y pública. Basta con leer las publicaciones en redes sociales del Movimiento Social Patriota y de sus seguidores para notar el calibre de lo que pueden seguir haciendo.

En Temuco queman tres camiones, dejan un par de panfletos reivindicando la causa mapuche y el delito es considerado como terrorismo, porque los autores solo buscarían amedrentar. Lo mismo que buscaba el grupo de encapuchados que se coló en la manifestación feminista, derramó por la Alameda sangre y vísceras de animales y dejó un saldo de tres manifestantes apuñaladas.

La vocera de la Mesa de Acción por el Aborto, Macarena Castañeda, recalcó que “las feministas toda la vida hemos sido amenazadas, recibimos constantemente amenazas, violencia, agresiones y persecuciones por las redes sociales, en nuestras casas, en nuestras organizaciones. Esto es parte de la violencia que vivimos por ser mujeres”.

Por ello es menester la sororidad (del latín soror, sororis, hermana, e-idad, relativo a, calidad de). Que a grandes rasgos se trata de una alianza entre mujeres para contribuir con acciones específicas a la eliminación social de todas las formas de opresión y al apoyo mutuo para lograr el poderío genérico de todas y al empoderamiento vital de cada una.

La consigna “si tocan a una, nos tocan a todas” hay que materializarla más que nunca, en el trabajo, en la casa, en la calle, en las fiestas y un largo etcétera, porque aunque muchos ya estén hartos con las demandas de las mujeres, esto recién comienza.

Lo que se está viviendo no es una broma. El que maten, violen y agredan a las mujeres no es un mal chiste, es un delito y se llama a no encubrirlo con el silencio. Es momento de recordar lo que escribió la poetisa chilena, Teresa Calderón: “Mujeres del Mundo, uníos”.