La necesidad de solidaridad de los pueblos frente a la embestida continental de la derecha.

Víctor Osorio

Periodista. Ex ministro de Estado

Una de las claves del encono se encuentra en la Declaración Final. La violenta reacción contra el XXIV Encuentro del Foro de São Paulo por parte de la derecha y sus medios de comunicación, en Chile y América Latina, se encuentra en los contenidos políticos de las conclusiones del evento: la necesidad de unidad y convergencia de las fuerzas de izquierda y progresistas, asumiendo su diversidad y carácter plural, para abrirle paso a caminos de construcción de alternativas ciudadanas al neoliberalismo.

También la necesidad de solidaridad de los pueblos frente a la embestida continental de la derecha, que no ha trepido en ocupar el recurso de atentar contra la democracia. Por eso, fue reiterada la exigencia de libertad a Luiz Inácio Lula da Silva y las muestras de solidaridad a la ex Presidenta Dilma Rousseff, que concurrió al encuentro en La Habana junto a la timonel del Partido de los Trabajadores (PT), Gleisi Hoffmann. Un clamor al que se han sumado figuras como el senador norteamericano Bernie Sanders, precandidato a la Presidencia de Estados Unidos en 2016, la académica Angela Davis y el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel.

Como expresión de la voluntad solidaria frente a la ofensiva contra la democracia, llegaron también al encuentro el ex Presidente de Honduras, Manuel Zelaya, destituido por un golpe de Estado; Ricardo Patiño, ex Canciller del Ecuador, donde se pretende poner en prisión al ex Presidente Rafael Correa y escamotear de facto la orientación progresista por la que optó el pueblo de ese país; y el ex presidente del Parlamento del Mercosur y ex Canciller de Argentina, Jorge Enrique Taiana, en representación de la Presidenta Cristina Fernández, quien resiste la ofensiva de la derecha trasandina.

La Declaración Final de Foro de São Paulo constató que en América Latina y El Caribe se vive hoy, 28 años después de fundarse esta plataforma de partidos y organizaciones de izquierda, “los efectos de una multifacética ofensiva reaccionaria, conservadora y restauradora neoliberal”, que “ha logrado hacer retroceder a las fuerzas de izquierda y progresistas”.

En ese contexto, describe: “El golpe militar y parlamentario contra Zelaya, en Honduras (2009); el golpe parlamentario dado a Lugo, en Paraguay (2012); la derrota electoral del Frente para la Victoria, en Argentina (2015); el impeachment contra Dilma Rousseff en Brasil (2016), mediante un ‘golpe parlamentario, judicial y mediático’; la victoria de figuras de derecha conservadoras o ultraconservadoras en Chile, Paraguay y Colombia; la condena sin pruebas y prisión de Lula para impedir su candidatura a la presidencia de la República del Brasil; las divisiones ostensibles en el campo popular a la hora de encarar las agendas neoliberales restauradas; la descalificación de la política que en importantes países de la región favorecen los planes de la derecha, y el fortalecimiento público de figuras y proyectos de raíz fascista en varios países, constituyen, entre otros muchos, indicadores de la ofensiva neoliberal”.

Aún más relevante es la siguiente proposición de la Declaración Final: “Rechazamos la idea del ‘fin de ciclo’ con la misma firmeza y convicción con que en su momento lo hicimos con la idea del ‘fin de la historia’. Las fuerzas progresistas de América Latina seguiremos luchando por horizontes de un mundo basado en la justicia social”.

El XXIV Encuentro del Foro de São Paulo, realizado en La Habana, fue una expresión de la viabilidad de convergencia en la diversidad de las fuerzas progresistas y de izquierda.

Estuvo marcado por el reconocimiento de la victoria de Andrés Manuel López Obrador en México, candidato presidencial de la izquierda. Su partido, el MORENA (Movimiento de Regeneración Nacional), forma parte del Foro de São Paulo y estuvo presente con una activa delegación en el XXIV encuentro en territorio cubano.

Estuvo marcado por la presencia de la diversidad de expresiones de la izquierda en el Gobierno en las Américas. Incluía figuras como el Presidente de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén, cuadro histórico del FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional), o Ralph Gonsalves, Primer Ministro de San Vicente y las Granadinas, electo en representación del Partido Laborista de Unidad. Incluía también fuerzas políticas como el Frente Amplio de Uruguay.

La Conferencia del Foro de São Paulo fue importante, además, por la interlocución con expresiones de izquierda más allá de las fronteras de América, lo que se expresa -por ejemplo- en la concurrencia de Joaquim Chissano, ex Presidente de la República de Mozambique, y presidente honorario del Frente para la Liberación de Mozambique (FRELIMO); Li Qiang, Primer Secretario del Partido Comunista en Shangai y miembro del Buró Político del Comité Central de Partido Comunista de China; y Nguyen Duc Toi, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Vietnam. También estuvieron representes del Partido de la Izquierda Europea, que agrupa a partidos de la izquierda democrática del Viejo Continente.

Desde Chile concurrió una amplia delegación que incluyó a dos ex Ministros de Estado del Gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet, un senador y dos diputados, y representantes de los partidos Comunista, País Progresista (PRO), Poder Ciudadano y MAS Izquierda Ciudadana. En este último caso, es el fruto de la unidad y fusión de dos colectividades que, por separado, eran miembros plenos del Foro de São Paulo, por lo que en esta Conferencia fue informado que ahora son una única fuerza política.

En la realización del encuentro se presentó el libro “El Consenso de Nuestra América: Construyendo la Unidad desde el Foro de Sao Paulo”, cuyo autor es el escritor cubano Abel González Santamaría, quien se propuso delinear “una sencilla contribución al análisis de los tres ciclos históricos en cuanto a intentos de integración y al necesario debate sobre los retos que los próximos años probablemente asumirán los gobiernos, partidos y movimientos populares de izquierda y progresistas de Latinoamérica y el Caribe, en la construcción del consenso”.

En la introducción el ensayista Enrique Ubieta sostiene que “cada país latinoamericano y caribeño avanza por senderos propios. Algunos procesos deben construir, consolidar o defender su consenso ideológico; en otros, es necesario ante todo un consenso de carácter político (lo ideológico pasa a un segundo plano)”. En todos los casos, dice, la izquierda tiene “dos enemigos fundamentales”: la desunión y el neoliberalismo.

Abel González Santamaría consigna en sus conclusiones: “Cuán difícil y complejo se torna el camino en la construcción del consenso para alcanzar y preservar la unidad de las fuerzas revolucionarias y progresistas. Es sin duda la principal asignatura pendiente de la izquierda, que requiere de una cultura unitaria desde la base”. En ese contexto, indica que, entre los principales retos de la izquierda y el progresismo, se encuentran el desafío de “fortalecer la unidad dentro de la diversidad entre todas las fuerzas que participan en el combate” a la “restauración del neoliberalismo”, y “combatir cualquier tendencia dirigida a dividir y fraccionar a las fuerzas progresistas”.