El proceso de despojo, de explotación, de usurpación creciente de la riqueza, se agudiza a medida que el modelo político-económico necesita reafirmarse.

Raúl Roblero

Profesor de Historia

“Dentro del proceso de producción, el capital va  convirtiéndose en puesto de mando sobre el trabajo”, C. Marx.

El Estatuto Laboral para Jóvenes Estudiantes de Educación Superior, asentado en la flexibilización laboral y en la obsolescencia veloz, viene a consagrar una realidad laboral; es la chapa de oro, la guinda de la torta, la institucionalización de la precarización laboral de los estudiantes de educación superior. Esta iniciativa nos dice dos cosas, por un lado, hay situaciones laborales ignoradas y silenciadas por el Estado neoliberal y que éste, por ende, se encuentra violando sistemáticamente contratos sociales nacionales e internacionales basados en los derechos humanos (enfocando la mirada más allá que de la sola reparación de ellos). Por otra parte, nos dice que la existencia de derechos de los trabajadores, de derechos políticos y económicos, impiden el desarrollo, el crecimiento, la inversión y la empleabilidad. El Estado neoliberal, desde su instalación bañada en sangre, progresa constantemente en la usurpación de los derechos de los trabajadores. Con la conducción de Chile Vamos esto nuevamente ocurre, se perfecciona y se agudiza; el sistema político-económico reinante en la actualidad se sostiene sobre la concentración de la riqueza y de la propiedad, sobre la desigualdad, sobre la incertidumbre, sobre la pobreza y la miseria.

El proceso de despojo, de explotación, de usurpación creciente de la riqueza, se agudiza a medida que el modelo político-económico necesita reafirmarse. Es en el trayecto de este proceso, a medida que se consolidan etapas, en donde se institucionaliza la explotación a la vez que esa misma institucionalización supera el umbral de la símil situación anteriormente ilegal. Es decir, a medida que el proceso de acumulación de capital avanza el Estado neoliberal, en el que se concentran el poder político y económico, va volviéndose más opresor y coactivo hacia los trabajadores para que, así, los capitalistas, el gran empresariado chilensis, durante el proceso de producción, subyugen, aplasten y extraigan cada vez mayor plusvalía, mayor rentabilidad; la consolidación legislativa es darle autoridad legal, es usar al derecho como garante de este proceso. Así, para marcar justicia, la pregunta necesaria es: ¿cuánta de la riqueza existente en el Chile actual es producto de la precarización laboral y la violación constante de derechos polìticos, laborales y económicos de trabajadores dependientes e independientes (y de los llamados emprendedores)?

En lo coyuntural debemos sostener el total rechazo del proyecto de ley, un rechazo político-social, desde los partidos, los sindicatos, los movimientos y la ciudadanía en general. Pero, en el fondo, a nivel de acontecimientos y procesos, en el mediano y largo plazo, debe servirnos como punto de inflexión para hacer una revisión contundente de la realidad laboral que viven los jóvenes. Profundizar en la discusión sobre el trabajo juvenil nos llevará a ver la cruda realidad, por ejemplo, entre otras cosas, de los estudiantes de educación media que deben trabajar.

Porque las recetas de trabajar duro, del emprendimiento sin fin y de la realización de bingos, se dictaminan para los pobres y la mal autocatalogada clase media. Para los acaudalados el axioma no es más que la mentira, el engaño, el robo, el saqueo y la violación sistemática de derechos humanos.

En la historia reciente, el Estado coacciona fuertemente al mundo del trabajo (y del pequeño y mediano ¿empresario?). Un Estado fuerte, pero a la vez reducido, para que en donde intervenga logre ser instrumento de dominación del gran empresariado. Para que ellos se entronen, incesantemente, como sujetos de mando sobre los trabajadores.