El siguiente es el prólogo de la segunda edición del libro que reúne algunos de los dibujos que realizó el arquitecto en los dos años que estuvo como prisionero de guerra.

Miguel Lawner

Arquitecto

La primera edición de estos dibujos dio a luz el año 1976 en Dinamarca. Fue una publicación trilingüe: danés, inglés y castellano, y circuló en casi toda Europa. La humanidad se estremecía con los horrores que tenían lugar en Chile, y cada día nos enterábamos de nuevas personas detenidas y desaparecidas. Comenzaba a generalizarse esta fórmula del terror desconocida hasta entonces.

Corrían los días en que era vital salvar la vida de miles de chilenas y chilenos acosados por la DINA, y la publicación de estos dibujos fuera de Chile, contribuyó a develar la naturaleza del régimen establecido en nuestro país, y ayudó a documentar la solidaridad internacional con nuestro pueblo.  Durante 16 años consecutivos, las Naciones Unidas emitieron una resolución condenando al régimen de Pinochet por las violaciones graves y sistemáticas de los derechos humanos.

La Isla Dawson, territorio desconocido hasta entonces para los propios chilenos, adquirió una connotación mundial, solo comparable a la alcanzada por los centros de exterminio nazis durante la segunda guerra mundial. Gobiernos y parlamentos de todos los colores políticos; autoridades eclesiásticas, artistas e intelectuales de las más diversas disciplinas, alzaron su voz exigiendo la clausura del Campo de Concentración en Dawson y la liberación de los presos políticos.

En Chile, sin embargo, un sector no pequeño de la población se resistía a creer en la veracidad de los crímenes y del horror descargado por la dictadura. Al igual que en la Alemania de Hitler, muchos chilenos cerraron ojos y oídos, negándose a ver lo que ocurría en su propio vecindario.

El año 2003, la Editorial LOM publicó en Chile la primera edición de estos dibujos, con ocasión de cumplirse 30 años desde el golpe militar que acabó con el gobierno constitucional del Presidente Allende. Han transcurrido 15 años más y el resultado respecto al paradero de los detenidos desaparecidos y de los restos de ejecutados políticos es aún muy reducido. De un total de 2.095 ejecutados políticos y 1.102 detenidos desaparecidos, que suman 3.197 personas, el Servicio Médico Legal sólo ha podido identificar a 153 de ellos.

Es cierto que los jueces de dedicación exclusiva para activar los juicios que yacían archivados en los tribunales de justicia, han permitido poner al descubierto una verdad indiscutible respecto a algunas de las atrocidades cometidas por la dictadura. Ya hay unas 340 personas en su mayoría personal uniformado, encausados como responsables de estos delitos. Entre ellos, la plana mayor de la Dina, como Manuel Contreras (fallecido), Pedro Espinoza, Álvaro Corvalán, Miguel Krasnoff, Marcelo Morén Brito (fallecido), el fiscal Fernando Torres Silva y recientemente el general Héctor Orozco.

El dictador Augusto Pinochet falleció el 10 de diciembre de 2006. Al momento de morir, estaba procesado como presunto autor de secuestros (desapariciones), homicidios y torturas en al menos tres casos por violaciones a los derechos humanos, entre ellos la Caravana de la Muerte, comitiva militar que ejecutó a 75 presos políticos en un recorrido por Chile el año 1973.

También fue juzgado por una treintena de víctimas de la Operación Colombo, montada en 1975 para encubrir la desaparición de 119 disidentes y por otros tantos casos de desaparición y torturas en la Villa Grimaldi.

Asimismo, estaba procesado por fraude al fisco y uso de pasaportes falsos en relación con el descubrimiento, en 2004, de numerosas cuentas secretas a su nombre en el Riggs Bank de EEUU y otros bancos del exterior, en las que acumuló una fortuna calculada hasta el momento en 26 millones de dólares.

Días atrás, la Corte Suprema decretó que su familia, tendrá que devolver al Fisco los dineros confiscadas en cuentas bancarias y los bienes que fueron objetos del comiso durante la tramitación del caso Riggs, que en total están avaluados en 13 millones de dólares.

A diferencia de lo ocurrido en Argentina, donde la cúpula militar que encabezó la dictadura fue condenada y permanece recluida en cárceles comunes, Augusto Pinochet falleció en su cama sin haber sufrido un solo día tras las rejas y los militares condenados por graves crímenes de lesa humanidad sirven sus penas en un recinto de régimen especial llamado Punta Peuco.

A pesar de todas las evidencias, aún hay golpistas como el diputado Urrutia de la UDI, que califican de terroristas a las personas detenidas y desaparecidas.

Sin embargo, es abrumadora la evidencia de que en Chile se secuestró, se torturó y se violó a miles y miles de hombres y mujeres. Ahora, hay certeza de que la dictadura ejecutó ilegalmente a un gran número de compatriotas, los sepultó ilegalmente, exhumó sus cadáveres ilegalmente, quemó o trituró sus restos, y en muchos otros casos los lanzó al mar, después de atarles una barra metálica para asegurarse de que se hundieran en las profundidades del océano.

La memoria histórica es un territorio en disputa permanente con quienes la tergiversan a fin de justificar el origen de sus privilegios.

La segunda edición de mis dibujos, contribuye a la voluntad de evitar que en Chile pueda volver a degradarse la condición humana, y se respeten los derechos humanos en cualquier circunstancia.

Este libro, está dedicado a la memoria de las víctimas de la tiranía. En su mayoría, hombres y mujeres sencillos que acompañaron al Presidente Allende y a su gobierno, en el noble objetivo de construir un país más justo, de repartir la leche y el pan para todos, de otorgar el trabajo y la dignidad a los humildes.

Expreso mi reconocimiento a quienes compartieron el cautiverio conmigo. Juntos soportamos el rigor de un tratamiento a menudo humillante. Todos estuvimos a la altura de lo que representábamos, y ninguno se inclinó ante nuestros gendarmes, aún en los momentos más difíciles.

Agradecemos a tantos quienes cautelaron por la seguridad de estos dibujos fuera y dentro de Chile, incluso a riesgo de sus vidas; en particular a mi esposa Anita, compañera de oficio, de sueños y aventuras, que se las arregló para llevarlos a buen puerto hasta el día de hoy.

Agradecemos finalmente a quienes han hecho posible esta magnífica edición.