Necesidad de reforzar la autodeterminación y la soberanía de las naciones y de los pueblos de la región.

Editorial El Siglo. Hay una particular situación política que marca a América Latina en esta fase. El triunfo de Andrés Manuel López Obrador en México, los sensibles episodios de Nicaragua, las arremetidas continuas contra Venezuela, el período que se abre en Colombia, la cuestionada detención de “Lula” Da Silva en Brasil, la crisis económica y social en Argentina, los cambios constitucionales en Cuba, son algunos elementos del panorama regional.

Se suma a otros factores de un nuevo ciclo en el continente, con avance de posiciones de la derecha, los efectos de “golpes blandos” que terminaron derribando administraciones democráticas, nuevas cifras que objetivan desigualdades económicas y sociales, judicialización de la política para atacar a presidentes y personalidades progresistas y democráticas, asesinatos de activistas sociales, así también como la expansión de movilizaciones populares y luchas democráticas, intensificación de la defensa de derechos humanos, continuidad de las reivindicaciones indígenas y medioambientales, avances electorales, intensificación de protestas sindicales y disputa de gobiernos y de poder desde fuerzas transformadoras frente fuerzas conservadoras.

En ese cuadro, y como se reiteró en el reciento encuentro del Foro de Sao Paulo, es imprescindible fortalecer principios por lo demás arraigados en fuerzas democráticas, populares y de izquierda, como la solidaridad entre los pueblos, la unidad para encarar operaciones intervencionistas, criminales y desestabilizadoras, y la integración para lograr bienestar de la población y desarrollos económicos y sociales.

A eso hay que añadir la necesidad de reforzar y reiterar principios como la autodeterminación y soberanía de las naciones y de los pueblos para llevar adelante sus procesos internos y buscar sus propios caminos institucionales y de desarrollo.

La posibilidad de que reine la paz, la estabilidad democrática, el funcionamiento de los canales democráticos y participativos, la deliberación y se pueda avanzar en procesos transformadores que mejoren la calidad institucional de nuestros países y la calidad de vida de nuestros pueblos, pasa entre otras cosas, por el respeto y fortalecimiento de esos principios como la autodeterminación y no injerencia en asuntos internos, que debe ir aparejado de la solidaridad y un sentido latinoamericanista en la región.