Se la jugó por la expresión orgánica de sus activistas, se alejó del bullicio y construyó relato digital desde los problemas y aspiraciones mayoritarias, narró su campaña y propuestas desde y con los electores.

Ignacio Rojas

 @nachorojasc

Horas después del cierre de las urnas y en su primer discurso público como ganador de las presidenciales, Andrés Manuel López Obrador llegaba a los párrafos finales de su intervención, cuando, luego de reconocer a organizaciones, políticos y medios de prensa por el apoyo brindado, expresó también su gratitud a las “benditas redes sociales”. La mención no era casual, años de bloqueo y distorsión mediática, al fin eran sobrepasados por la acción ciudadana masiva en calles y urnas, pero también en Twitter, Facebook e Instagram.

En el terreno digital, la pelea fue dura y en planos distintos. La derecha echó mano las recetas ya habituales de ensuciar y gritar; trolls, bots y fakenews, además de un nutrido gasto en publicidad en buscadores, webs y redes sociales. AMLO, en cambio, se la jugó por la expresión orgánica de sus activistas, se alejó del bullicio y construyó relato digital desde los problemas y aspiraciones mayoritarias, narró su campaña y propuestas desde y con los electores.

Hago la breve referencia, pues ambas formas de disputar política en redes sociales también se expresan en nuestra lejana geografía.  Por un lado, sectores políticos y económicos despliegan tácticas similares para atacar personas y organizaciones del mundo de la izquierda, desde el “Audi” de la diputada Camila Vallejo, hasta la supuesta inexistencia del título profesional de la ex presidenta Michelle Bachelet, pasando por todo tipo de descalificaciones, rumores y noticias falsas. La sistematicidad y financiamiento de estas acciones, deja entrever que hay personas y recursos ordenados para intervenir la conversación en redes sociales, mediante el empujón y la zancadilla.

Mientras, por otro lado, parece que alguna parte de los usuarios de las redes sociales comienza a aburrirse. Para más de alguien debe resultar curioso que el Partido Comunista encabece rankings de conversación sobre partidos en Twitter (Interbarómetro Junio 2018), o que tenga por lejos, el Facebook más grande de una organización política en el país. La acción colectiva, el debate argumentado, la audacia, los memes que hacen humor, pero no mentiras, comienzan a quitar espacio a los trolling centers y páginas de noticias falsas.

Algunos mitos neoliberales, como la virtuosidad de la acción individual en las redes sociales, comienzan a resquebrajarse, al tiempo que del otro lado, se van superando prejuicios y abandonando argumentos ad antiquitatem (“las comunicaciones tradicionales son las únicas que nos sirven” por ejemplo) sobre los nuevos mecanismos de comunicación y su funcionalidad en tanto terreno de disputa subjetiva.

En Twitter, Facebook, e Instagram se observa a Independientes, RD´s, socialistas y comunistas articulando, desde sus propias identidades y propuestas, campos notables de debate y difusión, que van interpretando y viralizando diversos sentidos comunes.

Las definiciones categóricas son muy apresuradas por ahora, el uso de estrategias de trolleo y fakenews, están lejos de su obsolescencia (recordar el caso Cambridge Analytica en EEUU), pero las reflexiones que podemos comenzar a partir de la elección de AMLO son interesantes. La pelea digital entre el griterío y el sentido común está recién empezando.