Reflexiones desde la juventud, sobre la primera jornada del XXIV encuentro del Foro de Sao Paulo que se efectúa en La Habana.

Javiera Reyes. Camilo Sánchez. Escribimos estas líneas para compartir nuestra experiencia en el Foro de Sao Paulo con los y las jóvenes de Chile. Consideramos que la imposición, desde la hegemonía cultural, de una forma de analizar la realidad, clásica en Chile, no nos permite entender de forma global lo que ocurre en nuestro continente.

Ayer se desarrolló la primera jornada del XXIV encuentro del Foro de Sao Paulo, en la ciudad de La Habana. Esta primera instancia estuvo marcada por la reiteración de una frase del poeta cubano José Martí: “En política, resistir vale tanto como arremeter”. La célebre cita fue destacada por Mónica Valente, secretaria ejecutiva del Foro de Sao Paulo, por José Ramón Balaguer, miembro del secretariado del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) y por la presidenta, electa con más de 54 millones de votos, Dilma Rouseff, quien tuvo una intervención particularmente trascendente.

Dilma es una mujer con valentía, convicción y entereza, condiciones sin duda necesarias para enfrentar el actual proceso de facto que están viviendo en Brasil. A 100 días del encarcelamiento de Lula, destacó que el pueblo brasileño se ha expresado y sigue haciéndolo. Como lo ha hecho en ya cuatro elecciones, donde se impusieron por el voto proyectos políticos que buscaban dejar atrás la desigualdad abismante que existe en Brasil, y como sigue haciéndolo, porque Lula Da Silva es el candidato a presidente que lidera las encuestas, con un 40% de intención de votos.

Nos contaba que por la fuerza se ha impuesto en Brasil un programa neoliberal y antidemocrático. En el que sólo 6 familias tienen el mismo ingreso que 6 millones de brasileños y que existe un racismo creciente, que les da a los blancos un estatus social preponderante, siendo que son el segundo país con más personas negras en el orbe.

Así, luego de cuatro gobiernos transformadores, (dos de Lula, y dos de Dilma), cuyo foco fue la disminución de la desigualdad, la extensión de derechos sociales y la negativa a regalar su petróleo a grandes trasnacionales, y que ganó una y otra vez en las urnas. A los grandes poderes económicos, no les quedó otra que generar un proceso desestabilizador, desde el manejo de los medios de comunicación masiva, y echando mano a la judicialización de la política, haciendo todo tipo de chanchullos para impedir a Lula el derecho a presentarse como candidato. Resulta lamentable que, a algunos pocos, que siempre tuvieron mucho, les duela tanto que se genere igualdad social, y resulta aún peor que no tengan la valentía de reconocerlo frente a nuestros pueblos, o disputar sus ideas limpiamente en las urnas.

Una vez ejecutado el golpe contra Dilma, rápidamente comenzaron con un proceso de contrareformas restauradoras del neoliberalismo: Retrocedieron en la definición de relaciones laborales entre trabajadores y empleadores en desmedro de los derechos de los trabajadores, redujeron gastos en salud y educación, quitaron programas de vivienda y de acceso a medicamentos, sólo por mencionar algunos ejemplos.

Esta parte de la historia es de la que debemos tener conciencia, cuando el grotesco poder de los intereses del lucro se imponen a la democracia y propician golpes de Estado que tienen como fin impulsar contrareformas o modelos de sociedad que no podrían llevarse adelante por la vía de la democracia, es cuando reconocemos que no tenemos la soberanía que nuestros pueblos merecen.

Si bien no hay forma de predecir el futuro, Dilma es clara en decir que la burguesía brasilera ya tiene una derrota, que no sabemos si será o no definitiva. Su derrota es que no son capaces de presentar a ningún candidato que pueda imponerse al liderazgo democrático de Lula.

También corresponde hacer notar la irrupción de la extrema derecha en el cuadro político brasileño, que sin duda va de la mano del descontento social a causa de que la política no es capaz de responder a las necesidades del pueblo, transformándose en una herramienta sin poder de transformación y generando terreno fértil para alternativas de corte fascista.

Por otro lado, y para finalizar estos breves apuntes, nos gustaría resaltar el espíritu de las palabras reiteradas en el Foro de Sao Paulo, aquellas que reconocen a la resistencia como condición necesaria para la victoria. Todo esto nos invita a reflexionar sobre el país y el continente que queremos, y cómo el momento histórico nos urge al empoderamiento juvenil, y a mayor acción y conciencia para avanzar hacia una América Latina libre y soberana.