Así como el conde de Lampedusa quería que “todo cambie, para que siga igual”, los ejecutivos de Chilevisión idearon adelantar la emisión del noticiario central diario una hora antes.

José Luis Córdova

Periodista

Así como el conde de Lampedusa quería que “todo cambie, para que siga igual”, los ejecutivos de Chilevisión idearon adelantar la emisión del noticiario central diario una hora antes, desde las ocho de la noche, mientras el resto de los canales mantienen el horario tradicional de las nueve.

Sólo cuestión de rating. Que Macarena Pizarro e Iván Núñez pueden llegar más temprano a sus respectivos hogares, pareciera ser la única ventaja del cambio de hora de la transmisión. Siguen los mismos contenidos, partiendo siempre con algún “portonazo”, “alunizaje” u otros hechos delictuales para satisfacer el morbo y sensacionalismo de sus televidentes. Después, algunos casos sociales, de salud, panoramas gastronómicos, paisajes del norte o sur, disputas entre vecinos y muy pocas noticias de verdad.

En tanto, Soledad Onetto y José Luis Repenning se mantienen liderando el interés de la gente con la edición diaria de  “Ahora Noticias” de Mega, algo más parecido a un noticiario, con informaciones políticas, económicas, un buen comentario deportivo de Rodrigo Sepúlveda y pocos rellenos de miscelánea con discutible actualidad.

En Teletrece, Constanza Santa María y Ramón Ulloa se esfuerzan con una sólida lectura de textos informativos, buenas imágenes en aportes de televidentes que les envían videos supuestamente originales e instantáneas a través de celulares, Instagram, Youtube y otras plataformas.

La crítica constante al único canal “público” subsiste, porque Consuelo Saavedra y Gonzalo Ramírez en TVN, están muy lejos de ofrecer cada noche un panorama real de los acontecimientos del día y distraen a la teleaudiencia con extractos de “Informe Especial” y temas de dudosa procedencia y objetivos que mas parecieran destinados a entretener o publicitar regiones, “pícadas”, emprendimientos personales exitosos y otros.

Ningún noticiario reportea o investiga seriamente ningún suceso. En el caso de la crisis de la Iglesia Católica, por ejemplo, los periodistas se limitan a reproducir los quejumbrosos mea culpas, los pedidos insistentes de perdón y las supuestas manifestaciones de arrepentimiento de sacerdotes y autoridades eclesiásticas, pero nadie ha consultada a los que se fueron o los que se quedan o han sido designados “administradores apostólicos”, las medidas concretas a tomar por la jerarquía para impedir que sigan los abusos, las asociaciones ilícitas, los casos judiciales. Todos se conforman con  el perdón y el olvido. La impunidad pareciera ser una nueva virtud de nuestra vapuleada iglesia, considerando que judicialmente muchos de los delitos ya prescribieron por el tiempo transcurrido. Pero ¿quién asegura que no se siguen realizando estas prácticas en colegios, apartadas parroquias, noviciados donde se “preparan” sacerdotes?

La sociedad moderna asume la homosexualidad, la transexualidad, pero se resiste al estupro, la pedofilia y abusos sexuales. El periodismo está llamado a fiscalizar y denunciar cada caso, así como se solaza actualmente con las actividades de pequeños narcotraficantes en poblaciones sin llegar jamás al fondo del tema: ¿quién financia los grandes volúmenes de drogas y sustancias ilícitas que día a día llegan a nuestro país? La televisión chilena ¿está dispuesta a abordar estas materias o permitirá que todo siga igual?