Un político progresista, nacionalista, demócrata frente a la corrupción, la violencia, la pobreza. El candidato más votado en la historia mexicana.

Hugo Guzmán

Periodista

1.- En el uso y costumbre tradicional de coordenadas políticas, se podría establecer que Andrés Manuel López Obrador (AMLO), el tabasqueño de 65 años y cientista político que asumirá la Presidencia de México en diciembre próximo, representa a la izquierda o la centroizquierda. Sin embargo, en busca de la precisión que pueden encontrarse en sus discursos y propuestas, y en los escritos de analistas mexicanos serios, se trata de un político progresista, demócrata, nacionalista y partidario de la defensa de la soberanía de los países.

2.- Con esas premisas establecidas, la elección de AMLO, en el contexto regional, pasa a ser otra demostración de que, como nos señaló Atilio Borón en una conversación con El Siglo, “hay que descartar que se acabó el ciclo progresista” en América Latina. No fue la derecha ni los postulados conservadores y neoliberales los que ganaron en México el pasado 1 de julio. Eso, dada la situación e América Latina de avances de gobiernos de derecha y de expansión de la hegemonía estadounidense en la era trumpiana, no es menor.

3.- En su primer discurso como Presidente electo, López Obrador estableció algunas prioridades como el combate a la corrupción, vinculándolo a confrontar la violencia y la pobreza tan extendidas en México. Indicó que primero estarán los pobres y los olvidados, y habrá una atención especial para los derechos de los pueblos indígenas, que es la mayoría de la población. Planteó detener la migración (sobre todo a Estados Unidos), generando condiciones de vida adecuadas para las y los mexicanos en su propio país. Fue enfático en decir que está por la no injerencia en asuntos internos de otros países y respetar la autonomía de los pueblos. Asumiendo un desafío frente al clima político-social del país, estableció su compromiso de promoción de la reconciliación nacional y reafirmó que se respetarán todas las libertades, incluidas la empresarial, la religiosa, la política, la de prensa. Aseveró que se la jugará por la disciplina fiscal y financiera. Advirtió que los contratos petroleros con privados serán revisados. Insistió en que toda medida que tome su futuro Gobierno, será dentro del marco democrático y de las leyes. Todo ello va en línea contraria a los preceptos y programas de sucesivos gobiernos neoliberales, derechistas, pro empresariales, militaristas y restrictivos de derechos que ha tenido México en las últimas décadas.

4.- Es eso lo que votaron, con cifras a la tarde del martes 2 de julio, más de 20 millones 700 mil mexicanos de acuerdo al Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP), o más de 30 millones según Forbes México (así, el candidato presidencial más votado en la historia mexicana). El tema de la corrupción, la violencia, la pobreza, la migración, el funcionamiento de la economía, es algo vital y sensible para la población. Y a ello apuntó, por cierto también en su programa, el mandatario electo. Con ingredientes que marcan, por ejemplo, contrapuntos con presidentes como los derechistas Mauricio Macri y Sebastián Piñera: la delincuencia y el crimen no lo enfrentará con la fuerza, sino atacando las causas que lo origina.

5.- En un país con más de 127 millones de habitantes, con casi 30 mil asesinatos en 2017, con decenas de carteles del narcotráfico y grupos del crimen organizado operando, con una pobreza situada entre el 40 y el 45 por ciento de la población, con poderosos consorcios privados y empresariales, y lo que el periodista Carlos Fazio denominó “insurgencia plutocrática buscando ampliar sus privilegios” -en referencia a los megamillonarios que controlan la economía y las finanzas-, la tarea progresista, democratizadora, reconciliadora, nacionalista y anti corrupción de AMLO no es fácil.

6.- Puede que, como en otras experiencias en América Latina, surjan debates y hasta cuestionamientos respecto a que tan de izquierda es o no es AMLO. Pero ante ello podría adoptarse el dicho mexicano de que “más ayuda el que no estorba”. Porque podría ser una situación de discusión teórica y desperspectivada que no diera cuenta del proceso que se inicia en México y que implica una oportunidad nunca habida en décadas del siglo pasado y del siglo presente, un avance en derechos y oportunidades para el pueblo mexicano, un progreso democratizador, un ataque a las mafias de todo tipo, a la corrupción, la violencia y a pobreza. Como sea, México iniciará en diciembre otro tiempo de su historia.