El fascismo no estuvo muerto ni andaba de parranda sino que estuvo agazapado. Hoy lo que presenciamos es su zarpazo.

Raúl Roblero

Profesor de Historia

“Nuestra orientación política no la determinan principios filosóficos abstractos, sino que ella proviene de la realidad que nos presenta la vida en su constante devenir, y hoy, que precisamente la vida ha colocado al  mundo en el duro trance de elegir entre democracia y fascismo, nosotros nos pronunciamos por la democracia y defendemos la causa de la democracia.”
Elás Lafferte, 1937.

El fascismo ha sido y es un estorbo en la real conquista de los derechos de las y los trabajadores; es un movimiento reaccionario, conservador y restaurador. La lucha fue contundente y efectiva ¿Quién lo duda? Siete años después la URSS, comandada por Stalin, salvaba al mundo del manto fascista ¿Quién lo duda?

El marxismo, la dialéctica materialista, exige ampliadas lecturas a la luz de los avances técnicos-científicos. Ante esto cabe preguntarse, sin reducir épica hazaña, ¿cuál fue el real alcance de ella? ¿Estamos presenciando el límite de esa onda? ¿Ganamos la batalla o la guerra contra el fascismo?  Fue victoria táctica. El fascismo, como todo movimiento político, es más que una institución; son ideas y formar de ser, son subjetividades, personalidades e identidades, es cultura hegemónica y subalterna. Se le ganó la batalla. Si esto no fuera así ¿cómo explicarse las recientes conquistas de los puestos de representación popular por partes de los fascistas? Sea de manera explícita, como se da en el caso europeo, o de manera implícita, como se da desde el norte al sur de América, la anterior interrogante sigue en pie. Un proceso creciente de acumulación de fuerzas los erige como líderes. Nada muere, todo se transforma. Erradicar al fascismo es erradicar, también, su humus.

La victoria del fascismo hoy no se podría materializar sin que los sujetos reproduzcan y produzcan, siendo agentes quienes los encarnan, constantemente sus principios, sin que los medios de comunicación, que son personas de carne y hueso dueños de los medios de producción, y de entretención permanentemente construyan un estado de terror, validen y normalicen la violencia, promuevan la personalización e individualización de la política, aprueben la xenofobia y el racismo, exacerben el nacionalismo, militarismo y autoritarismo, y que neutralicen y desprestigien constantemente a las izquierdas. Interesante sería ahondar en como, por ejemplo, los constantes y abundantes documentales basados en los nazis y en la figura de Adolf Hitler, que buscan los fines expuestos, asentados en la entretención, con narrativas de suspenso, de thriller policial, han generado condiciones subjetivas que sirvan para la acumulación y correlación de fuerzas a favor del fascismo. Si nos hallamos en un escenario en que la clase dominante se encuentra en ofensiva, correcto es preguntarnos también por el enfoque y contenido de su entretención para las masas.

En nuestro vecindario más cercano, el gran cuervo ha ido construyendo una correlación de fuerzas, tanto en la convivencia social como en el de los cargos de representación popular, al auxilio de sus objetivos. Se necesita entonces una oposición que encarne un movimiento por la paz, por la soberanía y por la reciprocidad entre los pueblos. Al ser el gobierno de Chile Vamos cómplices activos de la escalada de violencia existentes hoy en el globo, la construcción política de una alianza que defienda la democracia y los derechos humanos es imperiosa. Nuestra historia nos guarda una caja de herramientas a la que echar mano. Una alianza desde el centro a la izquierda es y ha sido posible, una alianza entre partidos y movimientos sociales es y ha sido posible.

El combate al fascismo requiere no solamente de un reproche ético, sino de una estratagema política que realmente logre eliminarlo de toda subjetividad. Para esta tarea hay que apelar a la transformación del sujeto neoliberal. Ante esto, el rumiante proceso de reformas nos deja intersticios fecundos para introducir estos elementos. Es nuestro deber ineludible mantenerlo vivo y agudizarlo. La profundización de la democracia, en marcha, permite al ciudadano ser un agente democratizador de su espacio intrapersonal e interpersonal y, por ende, del campo político. El libreto que sostiene la  mantención, profundización, perfeccionamiento y desarrollo del neoliberalismo permite que el fascismo siga en progresiva asunción. El fascismo no estuvo muerto ni andaba de parranda sino que estuvo agazapado. Hoy lo que presenciamos es su zarpazo.