Hubo alianzas de la derecha con la centroizquierda. Candidatos y cambio de vereda política. 93 políticos asesinados y 267 atentados.

Hugo Guzmán. Periodista. Más de 89 millones de mexicanas y mexicanos pueden votar el próximo domingo 1 de julio en la elección donde se elegirá al próximo Presidente de México, a 128 senadores y 500 diputados federales, ocho gobernadores, al jefe de Gobierno de la capital (Distrito Federal), diputados locales y unos 1.600 alcaldes.

Un proceso marcado por lo variopinto y extraño de alianzas políticas y electorales, y por situaciones dramáticas como que en este periodo fueron asesinados 93 candidatos y políticos a lo largo de ese país de 125 millones de habitantes.

La carrera presidencial fue álgida y altamente confrontacional -llena de todo tipo de denuncias, constantes amenazas entre candidatos de enviarse a la cárcel por corruptos, polémicas de legalidad electoral y debates presidenciales harto subidos de tono en las acusaciones mutuas- y tiene encima la constante sombra del fraude electoral que es un factor siempre presente en los procesos que se viven en México.

Los cuatro contrincantes son hombres. Dos mujeres quedaron en el camino. Y representan mucho de lo que ocurre con la política en ese país, llena de peculiaridades, alianzas impensables, cambios de posiciones políticas de una vereda a otra, con candidatos que antes militaron o adscribieron a partidos a los cuales ahora confrontan.

Los aspirantes a Palacio Nacional

Ricardo Anaya Cortés es el aspirante presidencial de la coalición “Por México al Frente”, que reúne a dos partidos políticos que durante décadas fueron adversarios ideológicos, oponentes políticos y programáticos y transitaban por senderos bien distintos. En torno de Anaya se unieron el derechista Partido Acción Nacional (PAN) y el socialdemócrata Partido de la Revolución Democrática (PRD). Se les sumó el Movimiento Ciudadano, que agrupa a socialdemócratas, liberales y algunos personajes de centro derecha.

Anaya es presidente del PAN, colectividad histórica de la derecha mexicana, aglutinadora de sectores conservadores e incluso grupos ultraderechistas y religiosos. En esta presidencial va de la mano con el PRD, fundado por ex líderes nacionalistas y progresistas del Partido Revolucionario Institucional (PRI), ex movimientos guerrilleros y partidos de izquierda, como un segmento del Partido Comunista de México. Hace unos años, nadie habría apostado un frijol por esa alianza.

La imagen de Anaya con una camisa con el logotipo del PRD causó escozor en mucha gente. Y ver a ex guerrilleros, antiguos militantes de la izquierda y gente alineada en el progresismo promoviendo la candidatura presidencial de un representante de la derecha, no dejó pasivos a muchos. Son los acomodos y reacomodos de fuerzas en México.

Andrés Manuel López Obrador, conocido como AMLO, es el candidato del conglomerado “Junto Haremos Historia”, que integran el Movimiento Regeneración Nacional (MORENA), el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Encuentro Social (PES). MORENA es una organización que tuvo en la base de su conformación y desarrollo a gente del PRI y del PRD; en una arquitectura más o menos simple, es una agrupación de centroizquierda. AMLO fue primero un dirigente priista y luego un alto personero del perredismo. El PT es considerada una colectividad de la izquierda mexicana y PES es una organización de derecha que tiene un fuerte componente de sectores evangélicos.

Esa alianza que hizo AMLO con PES y otros sectores liberales, seguramente con propósitos electorales -que tendrá incidencia en el futuro-, no solo molestó e inquietó a gente de izquierda, sino que puso en entredicho o dejó en una posición algo ridícula, afirmaciones como la de un editorial del diario conservador chileno El Mercurio, de que López Obrador sería representante de la ultraizquierda y del “chavismo”. Por lo demás, las propuestas y los posicionamientos de MORENA claramente están lejos de aquello.

José Antonio Meade es la carta de la coalición “Todos por México”, que la conforman el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el Partido Verde Ecologista (PVE) y Nueva Alianza. El actual Presidente de México, Enrique Peña Nieto, es del PRI, y tanto él como su partido, se juegan con Meade la continuidad en Palacio Nacional. Este candidato es parte de los factores peculiares y quizá indescifrables de la política mexicana; él no es priista, y por eso el partido debió cambiar sus estatutos para que fuera candidato. Pero además, fue secretario (ministro) de Hacienda y luego de Energía del Gobierno de derecha de Felipe Calderón (PAN); y fue Canciller, secretario de Hacienda y secretario de Desarrollo Social de Peña Nieto (PRI). Si eso no es cambio de camiseta…

El cuarto postulante a llegar a Los Pinos (la residencia presidencial) es Jaime Rodríguez Calderón, apodado “El Bronco” y que postula como independiente. En el pasado estuvo en el PRI. Es Gobernador del estado (región) de Nuevo León. En la jerga mediática es definido como un populista, se presenta como alternativa a los partidos tradicionales, y es más bien un liberal sin mayor elaboración ideológica en su entorno.

Así las cosas, estas candidaturas son algo más que variopinta. Basta ver que, por ejemplo, Anaya y López Obrador coinciden en tener dentro de su coalición a partidos socialdemócratas y de derecha; que colectividades que en el pasado respaldaron al PAN o al PRD, ahora están en posiciones contrapuestas; que el aspirante del PRI ocupó cargos ministeriales en un Gobierno del PAN; sigue y suma.

Dos mujeres en el camino

Las dos mujeres que quedaron en el camino de la carrera presidencial son polos totalmente opuestos.

María de Jesús Patricio Martínez, conocida como Marichuy, es una indígena nahua, y fue elegida candidata presidencial por el Congreso Nacional Indígena, con respaldo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Aspiró como independiente y finalmente no pudo reunir las firmas necesarias para inscribir su candidatura. Representaba las reivindicaciones de los pueblos indígenas, la defensa de los derechos humanos y las posturas anticapitalistas y antineoliberales. Además, era una candidata y vocera de sectores en contrapunto a los partidos tradicionales.

La otra mujer es Margarita Zavala, esposa del ex presidente Felipe Calderón (PAN), representante de posiciones de derecha y de segmentos que discreparon de la conducción de Ricardo Anaya, con quien quiso disputar la candidatura presidencial panista. Al final, ella renunció al PAN, juntó las firmas para ser aspirante independiente, y en una decisión cuyos motivos no están totalmente claros, decidió salirse de la disputa presidencial en medio de la campaña en curso. Representaba al grupo “Yo por México” y contaba con el respaldo de corrientes del PAN, de la derecha mexicana y de segmentos liberales.

AMLO y la sombra del fraude

En cuanto a las proyecciones, no hay ninguna que no indique que el triunfador de la elección presidencial mexicana será López Obrador. En los últimos sondeos conocidos, realizados por empresas encuestadoras mexicanas y medios de prensa nacionales y extranjeros, AMLO marca arriba del 50% en casi todas, y con más del 80% en cuanto a la pregunta de quién cree que será el próximo Presidente de México.

Todos los demás llegan a estar hasta 20 puntos atrás en esos sondeos. Anaya aparece mejor ubicado que Meade y “El Bronco”, pero el aspirante del PRI podría remontar.

Algunos indican que si vence el líder de MORENA será “la primera vez que gane la izquierda en México”. Eso no es así. Todos los registros históricos y documentados indican que en 1988 ganó la elección presidencial el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, candidato del centroizquierdista Frente Democrático Nacional, en que confluyeron organizaciones de izquierda, socialdemócratas y populares. Sin embargo, en medio de un conteo que daba como ganador a Cárdenas, “se cayó el sistema” y al reponerse, estaba a la cabeza el neoliberal candidato del PRI, Carlos Salinas de Gortari. Luego, aprovechando una mayoría en el Parlamento del priismo, se procedió a la quema de los votos, con lo que se impidió cualquier revisión o conteo posterior.

Por ello hoy, la sombra del fraude, por quien sabe qué fórmula o procedimiento, ronda este proceso electoral 2018, sobre todo ante el hecho casi seguro de que gane López Obrador, por cierto, un ex correligionario y aliado de Cárdenas sobre todo cuando ambos militaban en el PRD. Analistas y los mismos ciudadanos en comentarios y charlas, aluden a la posibilidad de que exista fraude para evitar el triunfo de AMLO.

Candidatos asesinados

El elemento dramático de estas elecciones está dado por la violencia en torno del proceso. Reportes de prensa hablan de 112 candidatos y políticos asesinados desde 2017 a la fecha. El Cuarto Informe de Violencia Política en México, de la Consultora Etellekt, precisó que a mayo de 2018, en los últimos ocho meses fueron ejecutados 93 políticos.

Para Rubén Salazar, director de esa entidad, “este es el proceso (electoral) más violento” de muchas décadas.

De los asesinados entre el 8 de septiembre de 2017 y el 8 de mayo de 2018, 29 eran precandidatos y aspirantes a candidaturas, y otros seis eran candidatos ya registrados. De acuerdo al informe de Etellekt, en los meses recientes se produjeron 267 ataques a candidatos y políticos.

Es probable que las elecciones mexicanas sean de las más violentas de América Latina e incluso a nivel mundial. Muchos aspirantes, incluidos los presidenciables, debieron tomar muchas medidas de protección y seguridad ante la eventualidad de un atentado. Se espera que la cifra de ejecutados no aumente en esta última semana antes de la elección.

Todos estos son elementos que se tienen sobre la mesa a seis días del proceso electoral presidencial, parlamentario y local en uno de los países que gravitan con fuerza a nivel de la región. Sobre todo en la perspectiva de que a diferencia de lo que viene sucediendo, en México no gane la derecha.

Imagen: FM La Patriada