El “vaciamiento” electoral e interno. Las renuncias y episodios críticos. Las intenciones de “dinamitar” a la colectividad.

Hugo Guzmán. Periodista. “El ánimo dentro del partido es todavía de mucha sensibilidad” dijo el nuevo presidente de la Democracia Cristiana (DC), Fuad Chahin, en entrevista con El Mercurio. Y es que son varios los flancos abiertos dentro de esa colectividad que vive una de sus mayores crisis interna, gatillada sobre todo por los negativos resultados en las pasadas elecciones (2017), la salida de destacados militantes de sus filas, diferencias políticas entre distintas corrientes, la forma de asumir las alianzas con otras fuerzas políticas y los intentos de la derecha de “dinamitar” a la colectividad.

Entonces, en efecto, “las sensibilidades” andan a flor de piel, y asoman con nuevos episodios que se suman a problemas dentro de la organización, en un cuadro donde los hechos no dan cuenta de que las cosas se hayan arreglado y todo fluya armoniosamente.

El recuerdo del Mapu y la IC

No pocos analistas y notas periodísticas equiparan la situación actual de la DC con la que vivió a fines de los sesenta cuando un grupo de dirigentes y militantes discreparon en la forma de encarar las elecciones presidenciales de 1970 y promovieron una alianza con Salvador Allende y un programa de reformas profundas, lo que terminó con su salida del partido y la fundación del Movimiento de Acción Popular Unitaria (Mapu); y lo ocurrido a inicios de los setenta, cuando otro sector de democristianos decidió apoyar el proceso inspirado en la Unidad Popular y cuestionaron la alianza de la directiva de la DC con la derecha, saliéndose de la colectividad y creando la Izquierda Cristiana (IC).

Evocando aquello, Andrés Zaldívar, “un histórico” del partido, indicó que esas fueron “escisiones importantes” y advirtió que “la crisis de hoy es más compleja”.

Algo de eso hay, si se considera que en los últimos años, de acuerdo a cifras entregadas desde la dirección de la organización, han renunciado más de 4 mil militantes, y de acuerdo a reportes de prensa, en los últimos meses al menos unos 200 se fueron de las filas de la falange tras los pasos de los disidentes-renunciados Mariana Aylwin, Soledad Alvear y Gutenberg Martínez que mantenían una posición de poder dentro del partido.

La cantidad de salida de militantes de la DC es uno de sus problemas acuciantes, al punto que detener el éxodo es uno de los objetivos de la nueva directiva.

“Vaciamiento” de la falange

A eso se une otro problema notorio y de fuerte impacto, que es la baja electoral de los democristianos. La historia se inició en 1997, cuando la DC perdió algo más de 495 mil votos. De esos tiempos, con alrededor de 27% de votación, en recientes elecciones ha marcado entre el 10 y  el 15%.

Un golpe durísimo fue cuando este partido optó por “el camino propio”, se desprendió del conglomerado Nueva Mayoría (NM) y levantó una candidatura presidencial solitaria, con la promesa que demostraría la identidad y la fuerza de la Democracia Cristiana “para encausar el rumbo”. La candidata fue la senadora Carolina Goic. El resultado fue entre bochornoso y catastrófico por las expectativas abiertas. Goic quedó en quinto lugar con un 5% por ciento, incluso superada en dos puntos por el aspirante presidencial ultraderechista, José Antonio Kast: el peor de los mundos.

Un análisis de Silvia Eyzaguirre, del Centro de Estudios Públicos (CEP), de noviembre de 2017, ejemplificó que “en 2000, la DC obtuvo 21,62 por ciento de los votos a concejales municipales; en 2012 obtuvo 13 por ciento, y el año pasado 12,75 por ciento. Este año, en la votación de consejeros regionales obtuvo 9,99 por ciento. Es decir, la DC acumula una caída de casi 12 puntos en los últimos 17 años en elecciones que, por la forma en que se han organizado los partidos, reflejan el peso electoral efectivo de cada uno”.

Con la baja electoral y la salida de militantes, algunos analistas hablan del “vaciamiento” o “pérdida de relevancia” de la Democracia Cristiana, como un problema tangible y altamente preocupante.

El problema del progresismo y la izquierda

Algunos personeros del PDC, en entrevistas o análisis, atribuyeron la baja electoral y los problemas internos a que se hizo alianza con sectores del progresismo y la izquierda, particularmente con el Partido Comunista (PC). Aunque algunos discrepan, porque la colectividad fue parte de la Concertación por la Democracia que tuvo buenos resultados electorales durante un par de décadas y varios de sus dirigentes hablaron de esos tiempos “como los mejores” de la historia republicana; pero los democristianos iban bajando en representación, lo que hablaría más de factores internos que externos.

En ello, siempre se esbozan dos puntos: que los democristianos no tuvieron candidatura presidencial notoria y asentada en las últimas décadas, sin olvidar el estrepitoso fracaso de la reelección de Eduardo Ruiz-Tagle, incluso abandonado por sus aliados de la Concertación; y que hubo una cercanía dañina con el PC, sobre todo al compartir en la Nueva Mayoría con la organización de la hoz y el martillo.

La revisión de la prensa da una cincuentena de declaraciones de personeros de la DC criticando a los comunistas, sobre todo por temas de derechos humanos en Cuba y Venezuela, pero también decenas de afirmaciones contrarias, por ejemplo, a la implementación del programa de la NM, en ámbitos económicos y “valóricos”. En los últimos cuatro años se evidenció el debate y la disputa entre los grupos conservadores del PDC con los sectores progresistas (de dentro y fuera de la colectividad) y de izquierda.

En una entrevista radial, el presidente del PC, Guillermo Teillier, sostuvo que “no es bueno opinar de lo que pasa al interior de un partido, ellos verán, pero echarle la culpa a los comunistas de lo que les sucede, me parece raro, no creo que ahí estén las razones, aparte de que siempre en esas acusaciones hay mucho de anticomunismo”.

Alguien que sintetizó todo aquello fue el ex ministro del Interior, Edmundo Pérez Yoma, quien en entrevista con La Tercera puntualizó: “La DC está en un problema que tiene algunos años y que se agudizó con el ingreso ( ) a la Nueva Mayoría”. Habló de una “mala experiencia durante el periodo” en que el partido estuvo en el conglomerado que gobernó con Michelle Bachelet. Pero también Pérez Yoma, en una frase, apuntó a un problema gravitante: “Eso ha significado profundas divisiones” al interior del PDC.

Es decir, que el debate y la disputa no eran solo extra DC, sino intra DC.

Ante el proceso de reformas del último Gobierno, se agudizaron contradicciones entre los sectores progresistas y conservadores de la falange lo que, por cierto, quedó demostrado en la pugna de poder interno reflejada en las juntas nacionales y elecciones internas. Chocaron fuerte -y siguen chocando-, en lo grueso, las tendencias progresistas y conservadoras, expresadas en corrientes con distintas denominaciones, como “los chascones”, “los guatones”, “los príncipes”, “la disidencia”, entre otras, con sus respectivos liderazgos.

Varios connotados dirigentes del PDC señalaron en su momento que todo era un problema orgánico o de “control político interno”. Pero, por ejemplo, en sus renuncias, varios de los personeros de corte conservador, como Mariana Aylwin, Soledad Alvear y Gutenberg Martínez, dejaron ver desacuerdos ideológicos y políticos importantes. Basta ver la insistencia de estos dos últimos respecto a irse para generar “algo nuevo” para la defensa “de los principios del humanismo cristiano” que estarían afectados en las condiciones actuales en la DC. Desde ese sector se comenzó a hablar continuamente de “pérdida de identidad” de la colectividad. Mariana Aylwin siempre cuestionó “una inclinación a la izquierda”, sobre todo en la alianza con la NM.

La agudeza y expansión de la situación que vivían esos segmentos dentro de la DC, tuvo una clara expresión orgánica, que suele ser el anticipo de quiebres y renuncias. Prueba de eso fue la conformación de la corriente interna autodenominada Progresismo con Progreso y luego la incorporación de militantes democristianos al Federación Social Cristiana (FSC) creada por el senador del derechista partido Renovación Nacional (RN), Francisco Chahuán.

Es así que vino la renuncia de la mayoría de los que integraron el Progresismo con Progreso y muchos de los dimitidos al PDC hoy integran o están cerca de la FSC de Chahuán. Por algo, en la carta de renuncia de quienes integraban Progresismo con Progreso, se afirmó de manera tajante que “la Democracia Cristiana ha tomado un rumbo que -a nuestro juicio- se aleja de una visión propia de la sociedad, desdibujando su identidad”.

Frente a eso, se insiste en comentarios políticos y análisis sobre la DC, que mantienen fuerza interna, con arraigo en las bases democristianas y notoriedad en la labor legislativa, personajes como Yasna Provoste, Belisario Velasco, Gabriel Silbert, Laura Albornoz, Francisco Huenchumilla, Aldo Cornejo, Víctor Torres, que tendrían posturas más progresistas y cercanas a la centroizquierda.

Un tema que en este cuadro continúa siendo delicado, es cómo la DC, ahora bajo la presidencia de Fuad Chahin, va a encarar las alianzas. Tuvo su efecto la opinión de Carmen Frei -en quien Chahin se apoyó bastante para lograr respaldos y consensos al interior de la colectividad, lo que incluyó que ella se desplazara por las bases partidarias- de que por ahora ve “muy lejano un acercamiento con el Partido Comunista” y de acuerdo a algunos dirigentes, la posibilidad de formar parte de un acuerdo en que esté el PC, es muy improbable. Eso incluye asimismo al Partido Progresista (PRO), al MAS y al Frente Amplio. Es decir, mantener distancia de la izquierda.

A eso se añade que actualmente la DC lo único que tiene establecido es su coordinación y alianza con el Partido Radical (PR) y el relacionamiento con el Partido Socialista (PS) y el Partido por la Democracia (PPD) está en una zona ambivalente.

En una entrevista con El Mercurio, Chahin deslizó cómo puede venir el panorama frente a otras fuerzas progresistas y de izquierda. “Con el PR -dijo- compartimos la tesis de que arrinconarse a la izquierda es entregarle el gobierno a la derecha durante mucho tiempo…” Y sentenció, además: “Para la DC no es tema el Frente Amplio”. Semanas antes, el jefe de la Bancada Parlamentaria democristiana, Matías Walker, declaró que “nosotros no vamos a ser la misma oposición que el Frente Amplio y el Partido Comunista”. Y cerrando la puerta a alguna convergencia organizada o alianza formal, incluso reactivar algo como la NM, expresó que “no vamos (la DC) a actuar como un conglomerado de oposición”. Enfatizando esa línea, Chahin expuso que “la DC debe perfilarse desde la oposición con independencia y autonomía”.

Claro que las cosas no andan en blanco y negro. Porque se sabe que en reuniones y conversaciones -internas en la DC y con dirigentes de otros partidos- personeros de la falange no descartaron el analizar y posiblemente lograr un pacto electoral con varios partidos de la oposición para las elecciones municipales y de gobernadores…incluido el PC. Es “el pragmatismo” del que habló en su momento Andrés Zaldívar, según los objetivos que se persigan.

También hay que considerar situaciones como que a nivel regional y comunal dirigentes del PDC firmaron documentos de manera conjunta con todas las colectividades que conformaron la Nueva Mayoría, comparten en actividades y tareas a nivel social, ciudadano y vecinal con colectividades progresistas y de izquierda, hay coincidencias en el Parlamento y en ámbitos como la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y otras organizaciones, donde se ven convergiendo, por ejemplo, democristianos y comunistas.

Dinamitar a la DC

Es un secreto a voces y comentario obligado cuando se habla de la crisis de la Democracia Cristiana, que desde la derecha y particularmente desde el Gobierno que encabeza Sebastián Piñera (quien en el emergente tiempo pos dictadura coqueteó con la idea de ingresar el PDC y finalmente fichó en RN), se hicieron intentos por intervenir en la situación de la falange para debilitarla pero, sobre todo, para acercarla a posturas de la derecha.

Es un hecho que lo anterior no se logró, pero era un dinamitazo -cuyas esquirlas llegarían a sectores del progresismo- conseguir que los democristianos se inclinaran decididamente hacia la derecha, hicieran pactos consistentes con RN y la ultraconservadora Unión Demócrata Independiente (UDI), y mantuvieran una postura de colaboración más que oposición ante la actual administración piñerista.

En ese marco golpeó mucho en la interna DC los gestos y cercanías que se expresaron desde dirigentes y parlamentarios de la falange al nuevo Gobierno de la derecha y la incorporación, sin consulta ni consenso interno, de senadores y otros militantes del PDC a las “mesas de trabajo” de Piñera, convertido en su juguete político-comunicacional, en una jugada táctica que, por cierto, dividió a la oposición.

Ex ministros y destacadas figuras del PDC han tenido disposición a colaborar con esta administración, al tiempo que vuelven a deplorar lo hecho por la Nueva Mayoría y critican cercanías programáticas y de alianzas con la izquierda.

Lo que vino a poner la guinda de la torta en esta situación, fue la aceptación de los militantes democristianos, Jorge Burgos y Jorge Correa, de defender de una acusación constitucional, al ministro de Salud de Piñera, Emilio Santelices. El ex ministro del Interior de Michelle Bachelet, y el ex subsecretario del Interior de Ricardo Lagos, defendiendo a uno de los ministros más cuestionados de la derecha.

“Es un profundo error político” dijo la presidenta interina del PDC, Myriam Verdugo, y el diputado de la colectividad, Gabriel Ascencio, sostuvo que “lo que hace Burgos es ningunearnos”. Sobrevino un terremoto interno que, por lo demás, dio cuenta de que a pesar de la elección de la nueva directiva, con alta participación de afiliados, y de las intenciones de ordenamiento interno, los problemas continúan en la falange.

Todo eso le trajo, de paso, algún beneficio político a la derecha y al Gobierno. Más aun, quedó claro que la designación de Burgos y Correa como defensores de Santelices, fue maniobrada e impulsada desde La Moneda, específicamente por los jefes del Ministerio Secretaría General de la Presidencia, Gonzalo Blumel (ministro) y Claudio Alvarado (subsecretario), todo monitoreado además, por la vocera, Cecilia Pérez. Se colocó una bomba en medio de la estructura de la DC.

No en vano, el nuevo timonel de la falange, Fuad Chahin, dijo que “si el gobierno quiere insistir en dinamitar a la DC, en una estrategia de pirquinear los partidos y generar conflicto al interior de ellos, la reacción será una disposición distinta a la de hoy de llegar a acuerdos”.

¿Amenaza? ¿Parada en seco? ¿Advertencia? Lo mínimo, un mensaje ante la evidencia de que sí, la derecha y el Gobierno intentaron (hay que revisar todo lo que se dijo en medio de la campaña presidencial y la derrota de Carolina Goic) e intentan, dinamitar a la DC, en la vieja ambición y aspiración de ver a esa colectividad en el espacio conservador. De hecho, durante el gobierno de Salvador Allende esa unidad se consiguió y puede ser un objetivo no desechado hoy por las colectividades derechistas.

En todo caso, todo indica que dentro de la DC están tomadas las previsiones para que nadie los dinamite y encontrar un curso de reposicionamiento externo (sobre todo electoral) y de reforzamiento interno. Cómo se hará, es materia que está en curso.

Un respiro fue la elección interna. En ella participó el 42.5% de la militancia (13 mil 400 personas), que es una cifra positiva en medio de la desafección política que expresa la ciudadanía, mostró movilización de la base democristiana, y los 8 mil 500 votos a favor de Chahin, le dieron piso suficiente para encarar el proceso que se viene en la Democracia Cristiana, con varios problemas en su espalda.