Lautaro Carmona dijo que la personalidad del Gobierno es la del gran empresariado, de sectores conservadores.

Hugo Guzmán. Periodista. El secretario general del Partido Comunista (PC), Lautaro Carmona, indicó que en este primer trimestre de la administración de Sebastián Piñera quedó plasmada “la personalidad de un Gobierno que es del gran empresariado, de sectores conservadores, y que le asoma por todos lados”. Enfatiza que hay “enunciados, frases, cuestiones mediáticas pero no efectivas” como respuesta a las demandas sociales. Apunta que “la oposición ha ido de menos a más en cuanto a alcanzar un nivel de coordinación” y que “el síndrome de una oposición sin contar con el Frente Amplio, o sin contar con el PRO, o sin la DC, va desapareciendo”.

Se habló de nuevo ciclo político con este Gobierno de la derecha. ¿Cómo caracterizaría la partida de esta administración?

Para empezar, el Gobierno de la derecha parte con una tendencia más favorable en cuanto a la economía. Mejor precio del cobre en el mercado internacional y la posición de los grandes empresarios que anuncian disposición a activar la economía, cuestión que no hicieron en el Gobierno anterior. Pero ha sido más fuerte que eso la personalidad de un Gobierno que es del gran empresariado, de sectores conservadores, y que le asoma por todos lados. Eso tiene una dosis de fuerte autoritarismo para ejercer la función de Gobierno, de sentirse dueños del país y de las situaciones, que llevó a lo que algunos llaman “errores no forzados” o desprolijidades, que al final de cuentas es una forma de comportarse. También los llevó a comenzar a gobernar vía decretos, vía medidas administrativas, vía órdenes, pasando incluso por encima de acuerdos legislativos y pretendiendo eludir leyes, como en el caso del protocolo emitido para soslayar la ley de interrupción voluntaria del embarazo en tres causales. Eso, como que el Ministro de Hacienda meta las manos a recursos fiscales para un viaje privado a Estados Unidos, o que el Ministro de Justicia en una reunión de la UDI descalificara a los jueces chilenos, o que el Ministro de Relaciones Exteriores interviene en Venezuela, son actos de prepotencia, de autoritarismo, y no hay otro nombre para calificarlo. Si uno le suma a eso que los principales temas que le interesan al país, el Gobierno quiere diferirlos a través de la creación de mesas de trabajo, que son solo eso y no órganos vinculantes del Estado, queda más claro que quieren soslayar, burlar, al Parlamento, porque ahí no tiene mayoría. Agregue a aquello, que los parlamentarios, con justa razón, reclaman una sequía legislativa por falta de iniciativas y proyectos de parte del Gobierno. Y junto a todo eso, la pretensión del Gobierno de echar atrás, de revertir lo que fueron justos y positivos avances logrados en el Gobierno de Michelle Bachelet.

Sin embargo, se ve un Gobierno preocupado de la infancia, de las pensiones, presentó una agenda mujer…

Es que esos son enunciados, frases, cuestiones mediáticas pero no efectivas. Eso tiene que ver con campañas comunicacionales y un uso abusivo de los medios de comunicación. Es solo eso. Quieren instalar verdades virtuales, ideas en el aire, eslogan de fácil llegada a la gente. Pero luego hay una conducta real que es contradictoria con las respuestas a los problemas reales y las demandas del pueblo. No se ve expansión de derechos, sino todo lo contrario, hay restricciones. Lo vemos en el protocolo para impedir el ejercicio de un derecho de las mujeres respecto a interrupción voluntaria del embarazo, en pretender echar atrás la reforma tributaria, las cortapisas a la reforma en educación.

Mientras tanto, ¿la oposición está al debe?

Yo veo una oposición que cada vez más plantea que hay que actuar con sentido de responsabilidad, y buscar una coordinación que represente una convergencia unitaria en temas que son críticos respecto al Gobierno y propositivos respecto a las políticas progresistas y de centroizquierda.

¿Seguir insistiendo como algo central en una convergencia desde la Democracia Cristiana hasta el Frente Amplio?

La oposición ha ido de menos a más en cuanto a alcanzar un nivel de coordinación.  Habrá puntos críticos, pero en lo principal se ve que el síndrome de una oposición sin contar con el Frente Amplio, o sin contar con el PRO, o sin la DC, va desapareciendo. Eso no quita que cada partido tiene su legítimo derecho de hacer saber públicamente sus opiniones y que sean las que se abran paso, pero creo que hay caminamos hacia encontrar y construir puntos de encuentro.

Se debate si esa coordinación es más para fiscalizar al Gobierno que para hacer propuestas programáticas conjuntas.

No creo que haya antagonismo entre ambas funciones. Sin fiscalización, el hermano del Presidente Sebastián Piñera hoy sería embajador en Argentina, estaría más activo el nepotismo. Y junto a eso hay propuestas de la oposición en infancia, en proyectos en el Parlamento. Las tareas fiscalizadoras empatan con las expectativas que tiene la población respecto a la labor propositiva en el Parlamento. Y también con las expectativas y exigencias que tiene el movimiento social en todas sus expresiones. Hay que hacer que todas esas vertientes vayan a un mismo afluente que tendrá distintos espacios y distintos temas pero que apunten a lo mismo.

En cuanto a eso se vuelve a hablar de liderazgos en la oposición. El rol que debería jugar la ex Presidenta Michelle Bachelet, ya se mencionan candidatos presidenciales.

En la perspectiva que tiene Chile de revertir este retroceso en el avance desde el punto de vista democrático, requiere que todas y todos quienes puedan jugar un rol contribuyente, deben hacerlo. Sobre candidaturas presidenciales, antes están a gobernadores y alcaldes, creo que la vida será sabia en cuanto a que nadie tenga derecho a priori, marginando o vetando a otro, o que se caiga en una libertad de acción que anule la eficacia colectiva y ayude a la derecha. Me parece que en este tiempo lo que pase en el movimiento popular, en la actividad de los partidos, va a preñar de los liderazgos que hacen falta o que se fortalezcan, teniendo en cuenta procesos democratizadores.

Hay analistas que dan por hecho que la derecha tendrá otro periodo de Gobierno, que esto va para ocho años.

Las mejores ideas no logran abrirse paso si no somos capaces de que el movimiento popular las conozca, las comprenda, las comparta, y a la inversa, captar todo lo que venga del movimiento social hacia los partidos políticos. Ahí hay un gran desafío en el rol que juega una correcta y buena política de comunicaciones desde el punto de vista democrático, para facilitar la información de la realidad que permita una real libertad de opción que la gente pueda tomar. Nosotros ahí tenemos una obligación, incluso buscando una legislación que limite el control y la concentración de propiedad en medios de comunicación que tienen grupos económicos y empresariales, en una relación incestuosa con la derecha. Junto a eso, desde los partidos tenemos que intensificar el vínculo directo con el pueblo, con la población, a través de la conversación en los ámbitos sociales, en los barrios, las juntas de vecinos, las organizaciones sindicales, los clubes deportivos, en las escuelas y las universidades, y ahí vamos a tener el espacio para develar ante la gente de qué se trata el proyecto de la derecha chilena y por qué no debe reproducirse cuatro años más, y hacer ver claramente cuál es la propuesta del proyecto que retome el rumbo de los cambios antineoliberales que se iniciaron con el Gobierno de la Nueva Mayoría, haciendo todas las correcciones necesarias y las perfecciones que se requieran, y asumiendo nuevos objetivos. Hay que poner en el centro que lo que está en juego es que se recupere y profundice la mirada neoliberal y por consiguiente la concentración de la riqueza, la exclusión social, o se retoma el camino de la democratización de la vida del país en los planos político, económico, social y cultural. Como tengo optimismo histórico, pienso que eso último será más fuerte en el seno de la sociedad y del movimiento popular. Por tanto, lo que viene en la próxima elección presidencial va a permitir hacer claridad de que una propuesta de derecha y de continuidad de un Gobierno como el de Sebastián Piñera, no puede ser la fórmula que resuelva los problemas de las grandes masas.

¿Y cómo está en todo esto el Partido Comunista?

El Partido Comunista está en una sana y responsable auto exigencia, de sacar las enseñanzas del periodo anterior. Nosotros estuvimos en un Gobierno, jugamos un papel ahí, que de partida fue de profunda lealtad con los compromisos contraídos, y buscamos entregar nuestras mejores capacidades. Eso deja a la mano cosas en que hay que avanzar, completar, corregir, y ver cómo se ejerce mejor la relación en las tareas de Gobierno con el movimiento social y sindical, y las tareas propias del partido. También está  el análisis de los resultados electorales. Antes estábamos en un Gobierno democrático, con avances en reformas, y ahora hay un Gobierno de derecha, restrictivo de derechos y ante esta nueva situación debemos actualizarnos, poner en sintonía las grandes líneas políticas del PC, de lo cual habrá debate en la Conferencia Nacional en estos meses. Yo creo que se requieren acentuaciones, por ejemplo, hace falta ir más lejos en una amplia unidad de los partidos, así como en el plano del movimiento social. Para eso es necesario ponerse de acuerdo en cuatro, seis o diez puntos que constituyan mayoría y evidentes destrabes para seguir avanzando en un proceso de democratización de la sociedad chilena. Hay puntos como sistema previsional, nueva Constitución, sistema de salud pública, derechos de la mujer, descentralización del país, derechos de pueblos originarios, combate a la delincuencia, derechos de los trabajadores, que significan temas comunes y que pueden generar unidad. Hay que hacer un gran esfuerzo por una amplia convergencia unitaria y eso es un punto clave en la política actual.

¿Pero ajustes, acomodos internos? Porque muchos otros partidos han estado en esos procesos, incluso cruzados por debates fuertes y elecciones internas.

Temas como las alianzas, temas programáticos, el tema del movimiento social, tenemos que discutirlos. Nosotros tenemos claro que el Partido Comunista es factor de la política y que tiene que asumir objetivos en esos planos. Por ejemplo, es principal ver de qué manera los comunistas somos más eficaces contribuyendo al proceso de transformaciones en la sociedad chilena. Eso pasa, por ejemplo, por revisar la calidad de la relación entre la política y los dirigentes del partido con el movimiento social y de masas. De ver eso en el plano sindical, el plano estudiantil, en el plano poblacional, de la cultura, de los derechos humanos. Eso pone otro horizonte, y es que crezca la influencia electoral de los comunistas en el país. Nos vamos a plantear un plan preciso que irá desde la definición con tiempo de quiénes serán nuestras candidatas y candidatos, a lo más importante que es la organización de la relación que tengan esos potenciales liderazgos con el movimiento social y territorial. Ahí hay un propósito al que le doy mucha importancia en perspectiva, que es incrementar la influencia electoral del Partido Comunista. Eso tiene vinculación con las otras tareas que tenemos, sobre todo en las luchas sociales y sindicales. Y nos obliga también a ver la calidad de nuestra orgánica en cada rincón del país, en todas las comunas, y seguir incrementando el padrón de afiliados al partido que, de acuerdo a los datos del Servel, somos el partido más grande de Chile.

Foto: Ángela Ramos