Carmen Hertz dijo que “la memoria colectiva es lo que le permite a un país que sufrió el exterminio reconstruirse de manera decente”.

Hugo Guzmán R. Periodista. Muchísimos chilenos leyeron ya los libros “Operación Exterminio. La represión contra los comunistas chilenos (1973-1976)”, y “La historia fue otra” que permiten conocer mucho de lo que ocurrió durante los 17 años de dictadura. La autora de ambos, ha dedicado la vida a informar sobre violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad y ha confesado que para ella es esencial que en este país se sepa lo que ocurrió y cómo ocurrió. Dice que “una sociedad decente” se reconstruye en la verdad y en la memoria.

Carmen Hertz Cádiz, de hecho, era la esposa de un ejecutado por la dictadura: el abogado y periodista Carlos Berger, militante del Partido Comunista de Chile. Es una de las víctimas de la Caravana de la Muerte que dirigió el general Sergio Arellano. El compañero de Carmen es uno de los más de 500 militantes comunistas asesinados y hechos desaparecer por miembros de las Fuerzas Armadas y Carabineros, en lo que ella denomina como “prácticas de exterminio” de la dictadura cívico-militar contra un sector de la sociedad.

En entrevista con El Siglo habla del homenaje que les hará el PC a sus militantes caídos, y no quita el dedo del renglón respecto a lo que fueron las operaciones represivas de los uniformados, la necesidad de encontrar la verdad y aplicar justicia, y de reconstrucción de la memoria colectiva de la sociedad chilena. Y en ese marco, advierte de “ese discurso neofascista y anticomunista que está surgiendo”, que niega las violaciones a los derechos humanos y “hace apología” de Augusto Pinochet.

Actualmente Carmen Hertz es presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados, es legisladora comunista, y antes tuvo responsabilidades en la Vicaría de la Solidaridad, la Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (Fasic), en la Corporación Nacional de Reparación y Reconciliación y el Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior y fue directora de Derechos Humanos del Ministerio de Relaciones Exteriores.

En estos días, el Partido Comunista decidió hacer un homenaje a más de quinientos militantes de esa colectividad que fueron ejecutados o desaparecidos por agentes de la dictadura.

Me parece importantísimo que el Partido Comunista realice un acto de memoria y de justicia histórica con sus militantes que fueron leales al Gobierno democrático de Salvador Allende -lo cual les costó la vida-, y que fueron también activos resistentes antidictatoriales. Los comunistas ejecutados y hechos desaparecer son héroes no solo del PC, sino del país, porque fueron quienes posibilitaron con su dedicación, con su coraje, con su valentía, el comenzar todo lo que a la larga posibilitó poner fin a la dictadura cívico-militar. No hay que olvidar que ellos fueron leales a Allende, fueron funcionarios y responsables de tareas institucionales de ese Gobierno, otros fueron dirigentes sindicales, luchadores sociales, y fueron asesinados por eso en el primer periodo de la dictadura y el día del golpe de Estado. Más adelante, dos direcciones clandestinas del Partido Comunista, al menos -valiosos cuadros y militantes de ese partido, que hicieron posible la sobrevivencia de la organización y fueron quienes organizaron lo que era el tejido social de este país- fueron víctimas de las prácticas de exterminio de la dictadura, que intentó borrar de la faz de la tierra no solo a los comunistas, sino a aquel grupo social que se oponía a la dictadura.

A partir de ese hecho, más de 500 comunistas asesinados y hechos desaparecer, junto a más de 4 mil ejecutados y detenidos desaparecidos durante la dictadura, ¿se puede tipificar como genocidio lo ocurrido en Chile?

Son crímenes de lesa humanidad, y se podría afirmar que en Chile, en la época de la dictadura, hubo una política genocida, porque lo que se intentó y se buscó, fue eliminar físicamente a un grupo, a un sector de la población, por razones políticas. Esas son prácticas genocidas. Hubo prácticas de exterminio, de eliminar a un sector de la sociedad, eso fue lo que sucedió en concreto en nuestro país.

¿Cómo se pudo llegar a esa situación en Chile?

En este país eso pudo suceder por la defensa de sus intereses que hizo una minoría que se vio amenazada por el Gobierno democrático de Salvador Allende, por las profundas transformaciones que se hicieron y que el país clamaba a gritos y que, por lo demás, modernizaron a Chile. Ahí se generó una corriente sediciosa encabezada por la derecha y sus grupos paramilitares, una derecha que fue a golpear a los cuarteles de los militares, que fue financiada por Estados Unidos, lo que está acreditado por los propios estadounidenses a través de informes oficiales, incluido uno del Senado que da detalles del financiamiento que tuvieron los golpistas para truncar ese proceso de justicia y de libertad que atravesaba Chile con Salvador Allende. La dictadura cívico-militar que se instaló, implementó los mecanismos e instrumentos más brutales y repugnantes para reprimir y exterminar a quienes no estaban de acuerdo con ella y con la derecha. Cuestiones que repugnan a las conciencias civilizadas, y que son las desapariciones forzadas, las ejecuciones, el lanzamiento de cuerpos al mar, la prisión masiva de ciudadanos, la tortura aplicada de forma sistemática y masiva, la violación masiva de mujeres, y la aplicación de los más atroces tormentos. Además de que se envío al exilio a cientos de miles de chilenos, que eso es parte de una práctica de exterminio, y que truncó la vida de miles de familias y rompió el tejido social de nuestro país.

Oiga, en este cuadro, considerando lo que pasó, ¿qué piensa cuando escucha frases como que los comunistas no defienden los derechos humanos, que no son demócratas?

Es muy preocupante todo ese discurso neofascista que está surgiendo y que representa (José Antonio) Kast y su movimiento. Fíjese que resurge ese discurso de negar todos esos crímenes, de decir que eso no existió, lo cual es grave porque se falta a la verdad, de desconocer todo lo que pasó, hacer apología del dictador y además de un anticomunismo brutal. Eso es tremendamente reaccionario, y que es necesario combatir y enfrentar. Porque ese discurso negador de la realidad, de incitación al odio, como el de personajes como Kast, entre otros, es extremadamente peligroso para la democracia, para la reconstrucción de una sociedad, es un peligro enorme.

Usted les asigna a esas víctimas de la dictadura un papel en lo que llama la reconstrucción de un tejido social en el país. ¿Por qué?

Porque gracias a esos héroes que se van a homenajear el próximo 10 de junio, ese tejido social del país se fue recomponiendo, vía la lucha diaria, minuto a minuto, semana tras semana, en el trabajo de los comités de cesantes, los clubes deportivos, las ollas comunes, los talleres de las mujeres, las luchas por los derechos humanos, la sobrevivencia de partidos como el PC. Eso fue a lo largo de todo Chile durante la dictadura, incluso en el primer tiempo. Así se fue rearmando, reorganizando el movimiento popular, hasta culminar en las protestas nacionales que permitieron, junto a otras luchas, el término de la dictadura. Porque fue el movimiento popular, las jornadas de protestas y las luchas de los ciudadanos en todo el país lo que permitió el término de la dictadura, no “el lápiz” en el plebiscito o una campaña exitosa de propaganda. Fue la lucha diaria de mucho tiempo del movimiento popular y social.

Se sigue sosteniendo que en toda esta situación no se logra conocer la verdad y se priva de justicia.

Fueron crímenes ante los cuales ha costado décadas poder instalar la verdad, la justicia y la reparación, como bienes jurídicos, políticos, sociales y morales. Esta travesía ha sido larga, difícil, contra intereses muy poderosos, contra poderes fácticos, contra los pactos tácitos de impunidad sobre los cuales se construyó la transición chilena. Esos pactos de impunidad quedaron en evidencia cuando el dictador Augusto Pinochet fue detenido en Londres, ahí estallaron de manera dramática y elocuente. Hasta el día de hoy, ese círculo de la impunidad, la derecha pretende seguir cerrándolo. Un ejemplo de eso es el retiro que hizo este Gobierno del proyecto de aporte reparatorio para las víctimas de prisión política y tortura, que era un aporte miserable y tardío que se les entregaba, y la derecha no reconoce ese derecho a la reparación, que es uno de los pilares básicos en el derecho internacional para quienes fueron víctimas del terrorismo de Estado. Por otro lado, la derecha y su Gobierno anuncian indultos a autores de crímenes de lesa humanidad que, como bien sabemos, infringe todas las obligaciones internacionales del Estado de Chile. Esos crímenes no son indultables, lo mismo que el genocidio y los crímenes de guerra.

¿Cómo puede convivir la sociedad chilena con sucesos, con hechos como el asesinato de más de 500 personas porque eran parte de un partido político?

Lo que ocurrió y traumatizó a esta sociedad está inserto en la memoria de este país para siempre. No podría ser de otra manera por la magnitud de los hechos. La memoria colectiva es lo que le permite a un país que sufrió el exterminio reconstruirse de manera decente. Y la fuente principal de la memoria es la justicia. Si no transitamos por esos caminos, la memoria se distorsionará, y el peligro de repetición de hechos como esos, es muy grande, porque el “Nunca Más” se construye con la memoria, no es una frase retórica, se construye con la voluntad y la unidad de todos los sectores que son democráticos y que son antifascistas. La memoria es un instrumento de liberación de los pueblos que han sufrido genocidio y exterminio.