El “cura Reynaldo” y “Carlitos”, representan las pasiones de los machos contra los sentimientos anti patriarcales de un par de indefensas perseguidas por el mundo machista.

José Luis Córdova

Periodista

Aunque este nombre es de una popular banda de música tropical le viene bien para comentar el desarrollo del guión de Pablo Illanes con su exitosa teleserie “Perdona nuestros pecados” en  canal Mega.

La actual crisis de confianza en la iglesia católica y la masiva “ola” feminista” han sido importantes caldos de cultivo para la labor de Illanes y sus coguionistas, Josefina Fernández y Mauricio López al diseñar el personaje del “padre Reynaldo” (el actor Mario Horton), un sacerdote que tiene amores con al menos dos de las protagonistas con las cuales incluso tendría un par de hijos, pese a su voto de castidad. Así las cosas, el encubrimiento de las autoridades eclesiásticas se parece demasiado a la vida real de la iglesia católica con su moral distraída, para decir lo menos.

La hipócrita y pacata sociedad de mediados del siglo pasado también es una muestra, con la familia “Moller” de la serie, “Carlos” (José Antonio Raffo) y “Horacio”  ( Gabriel Cañas) -hijos- que se dedican al lucrativo negocio del narcotráfico y son asiduos clientes de una casa de tolerancia en Villa Ruiseñor. Ambos montan en cólera cuando se enteran que su hermana está enamorada de una mujer, la esposa del inspector de la ciudad. “Mechita” y “Bárbara”(Soledad Cruz y María José Bello)  enfrentan la violencia irracional de su familia y deben ocultar a toda costa su opción sexual ante el desenfrenado machismo de la sociedad que no las perdona. Asimismo, el psiquiatra de una clínica privada viola sin piedad a la hija del poderoso “Armando Quiroga”.

Estas situaciones desatan diversas actitudes de los habitantes de la ciudad, especialmente de las familias más poderosas y acaudaladas que se golpean el pecho en la iglesia mientras el sacerdote se acuesta con la púber hija favorita de un patrón omnipotente y la pareja de mujeres sufre lo indecible  para intentar consolidar una relación execreable para la mayoría. Los esquemas “morales” que se reproducen hasta hoy día en nuestra sociedad   reflejan la hipocresía y el machismo impuesto históricamente..

Illanes y sus colegas ponen en el tapete del actual debate valórico el triste rol de la iglesia católica y la discriminación y prejuicios que deben soportar quienes optan por vivir sin considerar convencionalismos retrógrados.

El “cura Reynaldo” y “Carlitos”, representan las pasiones de los machos contra los sentimientos anti patriarcales de un par de indefensas perseguidas por el mundo machista. Los primeros gozan de privilegios y las segundas soportan terribles exclusiones. Esa es nuestra moral distraída.