Demostramos capacidad de ser Gobierno que incide sin complejos y reinterpretar el concepto de gobernabilidad. Nuestra frontera es la ética social.

Marcos Barraza Gómez

Miembro de la Comisión Política PC

Celebramos 106 años de existencia del Partido Comunista de Chile (PC) con la certidumbre de ser una colectividad con una historia de luchas sociales y permanente trabajo político, en que los trabajadores y las trabajadoras, así como la dignidad del mundo popular, la justicia y la igualdad han definido nuestra razón de ser. Nuestro partido siempre ha puesto al centro el Ser Humano; dicha vocación ha significado persecución, torturas, prisión, muertes y una prolongada exclusión, pero nuestras convicciones se mantienen intactas y vigentes. Sin ese sentido de responsabilidad de los comunistas, cuando muchos declaraban el fin de la historia, es difícil pensar en el renacer de muchas demandas que hoy se erigen como aspiración de las mayorías sociales.

Concluimos por primera vez en nuestra historia la participación de un Gobierno desde comienzo a fin, siendo protagonistas de cambios políticos, económicos y sociales que se orientan a redefinir la convivencia en un país muy injusto. Gobierno que, siendo una conquista de la política de alianzas de los comunistas que se remonta por primera vez a una proposición unitaria y amplia del año 1997, impulsó reformas estructurales en educación, laboral y tributaria, abriendo y consolidando la idea de una sociedad que camina hacia un cambio social profundo.

Gobierno que provocó una ruptura democrática con un sistema político constreñido, herencia de la dictadura y consecuencia de la prolongada transición, que arrastró por más de dos décadas a la institucionalidad política a una asimilación pasiva de los parámetros de mercado.

Primer Gobierno, tras la transición política, que cuestiona las bases del modelo neoliberal y sus impactos regresivos en el bienestar colectivo, cuya influencia silenciosa y profunda en las expectativas ciudadanas -como fue el amplio proceso de participativo para dotar a Chile de una Nueva Constitución-, alimenta nuevas y antiguas luchas y demandas

Así, las luchas del presente y los horizontes que progresivamente se abren, en buena medida también responden a la experiencia histórica, con sus avances y retrocesos, que es la Nueva Mayoría. Y en este esfuerzo por democratizar plenamente Chile los comunistas fuimos contribuyentes con la voluntad política por sostener sin ambigüedades las reformas comprometidas con el pueblo de Chile, por mantener el carácter transformador del gobierno, y dotar a las políticas públicas de un enfoque de derechos que se distinguió claramente de la tecnocracia neoliberal.

De esta manera, surge la pregunta acerca a lo que estamos convocados los comunistas en este nuevo periodo, de qué manera debemos y podemos contribuir. Al respecto, identificamos tres urgencias en nuestra práctica política:

  1. Conservar y potenciar el impulso transformador. La derrota político-electoral en la pasada elección presidencial fue un duro golpe para el proyecto reformador de Chile, dando cuenta de un retroceso cultural, pero no de una derrota estratégica, puesto que el país no abandona las aspiraciones de transformar las instituciones y estructuras que acentúan la desigualdad. Es fundamental aportar para la articulación de diferentes actores políticos y organizaciones, promoviendo la identificación, transversalidad y solidaridad en todas las demandas.

 

  1. Toda transformación social es ante todo es una emancipación respecto de una desigualdad, dominación y subordinación que afecta a universos amplios de nuestro pueblo. Cada lucha emancipadora es también una lucha contracultural, puesto que la asimilación al modelo preexistente y que se quiere superar también mantiene influencia de conciencia sobre un grupo importante de la población; un ejemplo de ello, es que la demanda de educación gratuita en las escuelas públicas colisionó con la sentimientos de estatus como justificación para la segregación planteada por un grupo importante de padres y apoderados. En el presente la lucha de las mujeres por igualdad y derechos plenos, como así también de derechos de la diversidad sexual, no puede renunciar a disputar y emancipar la conciencia de los hombres, a que se hagan parte plena de una sociedad de iguales y re-signifiquen su masculinidad a la luz de una convivencia horizontal, es decir, una convivencia entre iguales.

 

  1. Contribuir a la más amplia unidad de la oposición: Los avances en derechos sociales y en la institucionalidad democrática alcanzados por la Nueva Mayoría no habrían sido posibles sin la vocación unitaria que se expresó en el mundo social y en los partidos políticos. Asimismo, las debilidades y estancamientos en los pasados cuatro años, en parte tienen su origen en la disociación entre la institucionalidad y el movimiento social.

Sin embargo, los principales cambios que ha experimentado nuestro país desde el año 90, se sustentaron en los propósitos comunes de la izquierda y el centro. Hoy estamos desafiados a no ceder frente a la tentación de un camino que favorezca la diferenciación excluyente por sobre la unidad de propósitos comunes, estamos llamados a pensar e impulsar alianzas más amplias, sobre la base de transformaciones más profundas.

Por último, las y los comunistas cumplimos 106 años de historia siendo un partido con proyecciones para Chile. Hemos demostrado capacidad para ser parte de un Gobierno que incide sin complejos y para reinterpretar el concepto de gobernabilidad, anclado en la voluntad política de no ser un ente pasivo frente a una realidad que obstruye el bienestar colectivo. Nuestra frontera es la ética social y la dignidad de un nuevo Chile.