Los sujetos sociales serán determinantes en incidir en la direccionalidad que tomen los procesos políticos.

Juan Andrés Lagos

Miembro Comisión Política del Partido Comunista

Persistente; abriendo brechas; generando fisuras cada vez mayores a un sistema elitista de dominación sustentado en consensos de arquitectura profunda, el movimiento feminista sigue su marcha ascendente en nuestro país.

Con larga historia, sin embargo, sus contenidos y formas actuales ponen en el centro de la sociedad chilena un sujeto social que se articula y rompe esquemas.

Como en otros momentos de la llamada “transición pactada”, el “desorden” democrático lo instala un movimiento real de masas, y genera una lógica transformadora de extraordinaria potencia, que toca y golpea la esencia de la arquitectura neoliberal.

Muy cerca, en tiempo social y político, está el trascendente 2011. Allí se instalaron los contenidos de una agenda programática que significó asentar una línea de reformas que tocan aspectos sensibles del sistema de dominación neoliberal pos dictadura.

Ni el movimiento feminista 2018, ni el movimiento por educación 2011 (en proporción el más grande del mundo), son hitos episódicos sin contexto y sin historia. De diferentes formas, intensidades y con diversa correlación de fuerzas, el sujeto popular chileno no deja de luchar, proponer y movilizarse para abrir paso a una ruptura (revolución) democrática, con un sistema que desde las fuerzas de derecha y restauradoras liberales hace los esfuerzos por mantenerse en el tiempo.

El cambio al sistema electoral pinochetista binominal significó en los hechos un cambio sustancial a la representación parlamentaria y permitió que fuerzas emergentes del mundo progresista y de izquierda lograran una representación que no habrían alcanzado bajo el anterior sistema.

La reforma tributaria, aunque dañada en su alcance por el consenso en el Senado que lograron derecha y restauradores, permitió echar las bases para generar el proceso que podría llegar a la conquista de la gratuidad universal. Siendo educación, la realmente existente, uno de los pilares más odiosos en donde se reproduce una profunda desigualdad de clases en Chile. De allí la importancia de las reformas al sistema de educación que hoy son leyes.

El proceso constituyente, cabildos y consultas mediante, generó la dinámica inédita en la historia social y política de nuestro país, de abrir paso hacia una nueva Constitución política con consulta al Soberano: el Pueblo. Con un hecho de extraordinaria relevancia, cual es, el proceso constituyente de los Pueblos Originarios.

Reforma laboral; aborto por tres causales; bases de contenido para avanzar hacia un cambio al sistema previsional (una de las formas más brutal de acumulación de ganancias del sistema bancario y financiero), son también parte de un acumulado de procesos de reformas, muchos de los cuales se insertan en movimientos y expresiones sociales, y también en las agendas de los partidos políticos progresistas, de izquierda y cuya tendencia es la transformación.

Adecuación y mapa de poder de la derecha

La derecha, que ha mostrado una consistente capacidad de adecuación y de rearticulación política en torno a propósitos comunes, ha crecido en su fuerza política, social y electoral. El mapa del poder de la derecha debería ser considerado como un dato de la realidad: Gobierno; municipios; Parlamento; poderes fáctico-institucionales, como el Tribunal Constitucional, sociedad estrecha y estratégica con los transnacionales consorcios económico-financieros; son parte de ese poder significativo.

Sin embargo, esa derecha, no ha logrado  empatar con las mayorías nacionales respecto de las grandes demandas sociales, culturales y causas valóricas que persisten. Sí, ha tenido la astucia de ampararse en grandes errores, carencias, insuficiencias cometidas por las fuerzas democráticas y progresistas que fueron Gobierno, y desde allí construye sus actuales bases de credibilidad.

Esencialmente (y el Partido Comunista de Chile lo advirtió en 1996), fue la derecha la que más se benefició con una transición pactada que fuerzas restauradoras del autodenominado “centrismo”  siguen tratando de justificar como el período más optimo de la historia política chilena.

Todo indica que el nuevo ciclo que se abre tiene sus aspectos fundamentales en una confrontación entre fuerzas que de manera muy diversa buscan una transformación completa del sistema neoliberal, y las fuerzas que de manera también diversa, tratan de generar bases de una refundación del neoliberalismo.

Ambos campos de fuerza, en disputa, pugnan por mantener la iniciativa y la ofensiva. Sin embargo, la derecha ha logrado una comunidad de intereses y direccionalidad importante; versus una oposición que no percibe la relevancia táctica y estratégica que significa un mínimo piso de convergencia programática, política y social. Cuando esa unidad, en la diversidad, es su principal factor de triunfo posible.

Será clave en este proceso el resultado de los procesos internos en cada fuerza democrática y progresista, y si se logra un consenso real hacia las transformaciones, o en algunos partidos el peso de las expresiones restauradoras y neoliberales sigue jugando un nefasto rol de freno, contención y fragmentación del campo de las convergencias opositoras al Gobierno de derecha.

En este contexto, como ha ocurrido en décadas pasadas, invariablemente los sujetos sociales serán determinantes en incidir en la direccionalidad que tomen los procesos políticos. No es el tema de la autonomía de los movimientos sociales, es más profundo que eso: es la dirección política, en un sentido nacional, que adopten las eventuales convergencias de fuerzas que están por las transformaciones.

Esto, en un cuadro regional e internacional que se disputa en elecciones de una inmensa consecuencia para cada país, y para toda la región. Mientras el imperialismo norteamericano trata de rearticular su debilitada hegemonía ante el sostenido y persistente avance de nuevas potencias: China, Rusia; India. Y por tanto, su “patio trasero”: los pueblos y naciones de América, viven las consecuencias de una contra ofensiva feroz que no trepida en recurrir a métodos antidemocráticos y violentos para recomponer su debilitada dominación.