Analistas constataron que en la Cuenta Pública se falsearon datos, se distorsionaron hechos y se dio como suyos proyectos que venían del Gobierno anterior.

Editorial El Siglo. Cualquier revisión de lo escrito y dicho por diversidad de analistas, dirigentes políticos y sociales y comentaristas, indica que en su Cuenta Pública el Presidente Sebastián Piñera falseó datos y antecedentes, distorsionó situaciones, dio como suyos proyectos que venían del Gobierno anterior y no enfatizó en ideas y medidas de fondo y estructurales.

Precisamente respecto a eso último, personeros y académicos de su sector le reprocharon falta de consistencia, ausencia de horizonte claro y no enfatizar en el ideario y contenido programático propio de la derecha.

Puntualizando algunas cuestiones básicas, parlamentarios acusaron la prácticamente nula referencia a iniciativas para regiones, omisiones en el tema de derechos de la mujer, pocos anuncios en continuidad de reformas en materia de salud, y un énfasis, en la mayoría de temas abordados, de privilegiar al sector privado y ampliación de privatización en materia de políticas públicas.

Por cierto, en el ámbito de lo que se tiende a denominar como “temas valóricos”, Piñera hizo omisiones y se dio vueltas gramaticales sin apuntar a iniciativas serias y precisas, algo que definitivamente establece incertidumbre en diversos sectores de la sociedad.

Los largos minutos que dedicó a atacar a Michelle Bachelet, significó para muchos observadores, darle un tono más de discurso de campaña que Cuenta Pública a su intervención ante el Congreso Nacional.

Se mostró la falacia de un supuesto país destrozado recurriendo al estado de la economía en la administración pasada, sin mencionar que cuando él dejó su primer Gobierno los números estaban a la baja y cuando Bachelet dejó el cargo las cifras estaban al alza, ni tampoco hacer referencia que la economía latinoamericana y mundial mostró un declive en los últimos años y a que bajó sustancialmente el precio del cobre.

Algo que no estuvo en el discurso y que resulta central para el desarrollo del país y su avance hacia una democracia más sólida y participativa, es en cuanto a la reclamada nueva Constitución por parte de la mayoría del país. Se ratificó que ese compromiso no está en la agenda presidencial, dando cuenta de un interés de la derecha de defender el legado institucional de la dictadura.

Todos estos son elementos objetivos y constatables del mensaje presidencial. Claro, podrían mencionarse aspectos como la construcción de nuevas líneas del Metro, la no baja de impuestos a los grandes empresarios y otros puntos, pero en lo sustancial las tergiversaciones, las obsesiones, las faltas de consistencia y confusiones de ideario marcaron las palabras de Sebastián Piñera. Estableciéndose, en todo caso, la tendencia privatizadora, conservadora y pro empresarial, como es esperable de este Gobierno.