La televisión se ha prestado desde sus inicios, a suplantar hechos por montajes de todo tipo en materia de programas de entretención como “Sábados Gigantes”, hasta la infinidad de realitys.

José Luis Córdova

Periodista

Probablemente la dictadura acostumbró a la teleaudiencia a los montajes “periodísticos” para encubrir asesinatos perpetrados por agentes de los órganos de seguridad o distraer la atención ante la grave situación política, económica y social que vivimos en las décadas de los 80 y 90.

Los casos del cabo Valdés, abducido por supuestos seres extraterrestres; del vidente de Villa Alemana, los falsos enfrentamientos “reporteados” por el periodista Claudio Sánchez y el “crimen pasional” tras el asesinato de la dirigente comunista Marta Ugarte -lanzada viva al mar en la plaza La Ballena- entre otros, reflejan el pauteo de noticias que se imponía desde el régimen para desplazar el interés de la gente desde la cruel realidad que vivía.

La televisión se ha prestado desde sus inicios, a suplantar hechos por montajes de todo tipo en materia de programas de entretención como “Sábados Gigantes”, hasta la infinidad de realitys, concursos y otras producciones copiadas del exterior y reproducidas sin rubor en las estaciones criollas.

Pero los servicios informativos también han sufrido los embates de alterar realidades. Desde la tristemente célebre cámara oculta con la que se destruyó la carrera del juez Daniel Calvo (Chilevisión), pasando por el seguimiento vergonzoso de la vida privada del ex senador Jorge Lavandero (“Contacto” en canal 13), hasta la utilización de jóvenes pagados por el conocido “tío Emilio” para reportajes “directos” en su lucha contra el hampa con una desenfadada teatralización de quites de droga y allanamiento ficticio para ensalzar una acción policial  y la reciente participación de efectivos de Carabineros en el programa “Alerta Máxima”. Pareciera que todo vale.

No escapa a este afán de explotar el morbo y excederse en el sensacionalismo la serie de Mega “Efecto Mariposa”. Desde el primer capítulo que abordó la tragedia de Juan Fernández donde pereció Felipe Camiroaga y un grupo de profesionales, para seguir con el drama de los reclutas en la cordillera de Antuco víctimas de una tormenta que costó la vida a una treintena de jóvenes; la desvergonzada recreación de los incendios forestales y el crimen no resuelto de Jorge Matute Johns.

Este espacio periodístico, que mezcla con pasmosa eficacia, imágenes reales de sucesos dignos de interés e impacto público, con escenas dramatizadas, se permitió dedicar dos capítulos a los lamentables acontecimientos que se precipitaron el 27 F, es decir, el terremoto y posterior tsunami que afectó a nuestro país, desnudando nuestras falencias, omisiones y errores, atribuidas a los últimos días del primer gobierno de Michelle Bachelet.

Todo parece indicar que el programa estaba dedicado a desprestigiar a personeros de esa administración que fueron procesados por la justicia, algunos sentenciados y otros sobreseídos. Pero el debido proceso, la presunción de inocencia y las irregularidades y posibles negligencias se reiteran con vehemencia hasta construir realidades ficticias. Montajes y desmontajes parecen estar a la orden del día.