La dictadura les suministró los medios para desbaratar el Estado y enriquecerse, y en esos 17 largos años nacieron sus liderazgos históricos presentes en hoy en el gobierno.

Fernando Bahamonde

Profesor. Punta Arenas

La libertad, igualdad y fraternidad son conceptos asociados al alzamiento de la burguesía en la Revolución Francesa que configuró el panorama político de la modernidad. Entre otros hechos, en ese lejano 1789 nació la política contemporánea con la derecha y la izquierda. La derecha asumió parcialmente la libertad como premisa, en tanto un conjunto de derechos individuales en el campo político reducido al constitucionalismo, la separación de los poderes del Estado, como la separación del Estado de la Iglesia y el sufragio universal, en una primera instancia a través del voto censitario y sólo para hombres, el cual se expandió paulatinamente en el transcurso de los siglos XIX y XX, transformándose en la frontera permitida de la participación de los ciudadanos. En teoría, los límites políticos que pueden alcanzar los ciudadanos se manifiestan en el escenario de la incompatibilidad entre República, donde la soberanía reside en la nación con carácter representativo; y Democracia donde la soberanía surge del pueblo. Tal vez, es en la esfera económica donde la noción de libertad de la derecha desarrolla con mayor fuerza, y por ello acumula mayores contradicciones, atendiendo nuevamente al individuo y su capacidad de generar riqueza en los turbulentos mares del mercado que jamás es perfecto.

En el ámbito de lo concreto, el tema es como en el tiempo y el espacio la derecha chilena ha asumido principios teóricos y es ahí donde debemos retratar su último modelo cargado de tradición, el que hoy se aloja en La Moneda, pero mira el país desde Apoquindo 3000. Desde pipiolos y pelucones, liberales y conservadores, Montt-Varistas primer Partido Nacional, nuevamente liberales y conservadores hasta la catástrofe electoral de 1965. Hasta llegar al segundo Partido Nacional producto de la unidad táctica del sector para propiciar el golpe de Estado. Donde en casi de 200 años de historia política difícilmente encontramos principios liberales en la derecha.

Aquí se debe hacer un paréntesis dictadura cívico-militar que absorbió a sus líderes y que fue fruto de la acción de la derecha. Por tanto, es imposible no tener claro que independientemente a acomodos en el tiempo, declaraciones de desconocimiento de lo que ocurrió durante la dictadura y algunos golpes en el pecho, la derecha chilena actual se construyó en dictadura.  La dictadura les suministró los medios para desbaratar el Estado y enriquecerse, y en esos 17 largos años nacieron sus liderazgos históricos presentes en hoy en el gobierno, y desarrollaron la obra de neoliberalizar todo. Salvo excepciones, como la UDI en algún minuto intentó permear las poblaciones, los partidos de derecha son de cuadros y no de masas. Extremadamente pragmáticos para acomodarse en la discusión, no obstante reduccionistas de las problemáticas sociales; por tanto, a modo de ejemplo, la delincuencia es una cosa que se ataca con mayor fuerza pública en las calles. El 2011 en primera instancia analizaron la movilización estudiantil con la certeza que los miles de manifestantes lo hacían producto del “desarrollo” alcanzado por la sociedad chilena, entonces, estábamos viviendo una nueva fase aspiracional que indicaba que Chile estaba cercano ser un país del primer mundo. Sus estándares de gobierno no se encuentran en el pasado, puesto que tienen pocas figuras históricas que ungir en los altares de la patria ya en el olvido ha quedado Jorge Alessandri -solo en confianza hoy añoran a Pinochet-, los modelos los buscan afuera preferentemente en EE. UU.  Usan constantemente, pero específicamente cuando están en el ejecutivo, la idea de unidad nacional para intentar quebrar la oposición. Sin embargo, es muy difícil verlos unidos por la pugna de sus liderazgos en partidos de caudillos. La unidad la adquieren a la fuerza, cuando aprecian que sus intereses se ven amenazados y es ahí cuando aflora “el instinto” de violencia mediática, discursiva para generar miedo en la población y, peor aún, el boicot, el bloqueo y el llamado a la sedición, donde olvidan por completo la noción de orden que siempre intentan enarbolar. Intelectual y culturalmente no poseen referentes nacionales, transitan entre los clásicos y el bestseller, en el mejor de los casos maquillan su ignorancia con pomposos títulos universitarios obtenidos en universidades extranjeras. Tema aparte, es la derecha de regiones, segunda línea de militancia que ha esperado y peleado por un cupo en los gobiernos regionales. En sí, son una representación más pobre que la primera, que intenta copiar imágenes en la medida que espera instrucciones para operar. Por tanto, están muy lejos de tener un sitial ganado por abolengo o por fortuna reciente.

Es interesante pensar qué representación de la sociedad tiene la derecha, como ha construido su imaginario de los “otros”. Ayer eran los rotos, luego siúticos, hasta llegar a los upelientos que durante la dictadura se transformaron violentamente en los humanoides a exterminar. De esta manera el edificio social construido por este sector tiene un primer piso-en el entendido que es el más bajo- constituido por aquellas “fieras” que se aglomeran en las periferias de las ciudades asolando las calles a través del tráfico de drogas, robando cajeros, automóviles y provocando violentos portonazos. El compatriota “de bien” es aquel que trabaja en sus casas en el servicio doméstico. Un tercer peldaño es el de la gran “clase media” que asciende gracias al emprendimiento, la educación y que disfruta de los beneficios del sistema. Estrato que permanentemente hay reeducar demostrándole, así como Pangloss a Cándido de Voltaire, que este es «el mejor de los mundos posibles», porque no hay otro.