Hoy retorna a nuestro imaginario emotivo su verso ágil, su ejemplo de vida, la profundidad del ser sencillo y humano.

Isabel Gómez. Directora Sociedad de Escritores de Chile. Hoy la poesía debiera estar de luto, ha muerto un poeta de la voz profunda, de las palabras sinceras, de los silencios que caen sobre nuestros hombros como un nuevo poema que no alcanzó a escribir, porque se quedó abrazando las hojas, musitando ríos, observando la vida desde las profundidades del ser.

Estuvimos juntos hace un par de semanas, qué honor haber podido despedirme y homenajearlo, abrazarlo con la fraternidad que nos da la poesía y la amistad que cultivamos a la distancia, en la lejanía del misterio, en la soledad que a veces envuelve las palabras. Sin duda su poesía vivirá entre nosotros, porque está en todas partes, en los árboles, en las piedras, en los pájaros, en los seres sencillos, por quienes trabajó incansablemente.

Ramón nace en la ciudad de Concepción el 6 de octubre de 1933. Recibió el Premio Municipal de Arte de la Ciudad de Chillán el año 1999; Premio Regional Baldomero Lillo de Artes Literarias, 2008, otorgado por el gobierno regional, a través del consejo nacional de la cultura y las artes, entre otros importantes premios que obtuvo durante su carrera literaria, donde siempre primó su convicción al sostener que la literatura es: “vida, pasión y sangre” y en donde “dejar de escribir sería como dejar de respirar, de creer en la posibilidad de los sueños, y de abandonar la esperanza de un destino mejor para el ser humano”

Hoy retorna a nuestro imaginario emotivo su verso ágil, su ejemplo de vida, la profundidad del ser sencillo y humano. Porque como nos decía en su poema, cito: “Las cosas cotidianas/nos van produciendo/el ahogo/ que entonces tuvimos en la playa/ de Penco en el verano del 43/ La memoria vuelve/ a esa playa/ que se va deteriorando/como las hojas de los árboles/ que oscurecen mi ventana”.

La poesía nos exige compromisos con el ser humano, el poeta Riquelme no estuvo ajeno a estos compromisos, integrándose a la fuerte lucha que se dio junto a los movimientos políticos sociales que se desarrollaron en Chile. Para el golpe de estado fue víctima de prisión y tortura por los organismos represores del régimen militar, hecho que en nada aminoró su entrega a las causas populares y la defensa por los más desposeídos.

Su profundo amor al ser humano lo mantuvo siempre atento al quehacer de sus amigos. En más de una ocasión recibimos sus cartas, sus comentarios a nuestros libros y una serie de gestos que lo fueron haciendo único, distinto, apartado del mundanal ruido en su Quinchamalí, donde seguramente lo extrañarán sus amigos y hermanos de terruño. Esa aldea alfarera donde la poesía fue cómplice de una existencia llena de imágenes tempraneras, audaces, valientes, sumidas en el ser cotidiano.

Gracias poeta por tu ejemplo de vida, por tu poesía y tu consecuencia con aquellos ideales de vida que seguiremos cultivando para homenajearte desde cada rincón de nuestro ser. Parafraseando sus palabras, diremos que: “La imaginación/siempre/derrota a la muerte”. Porque a los poetas no se les despide, no hay adiós en la poesía, hay reencuentros, abrazos, miradas, silencios que vuelven a ordenar nuestro paisaje emotivo.

Hoy te despedimos con tu poesía, aquella que nos cautivó porque cada verso fue un aprendizaje, donde dignificamos tu palabra, como un gesto de desbordada humanidad. “Me despertaron/para trabajar:/amanecía sobre los cerros. /Desde entonces/ he venido hablando,/escribiendo, trabajando/para que las rosas/vuelvan a tener/el mismo color”