Desconocer ese proceso es simplemente seguir la política de Trump, que tiene insospechadas consecuencias.

Juan Andrés Lagos

Periodista

1) El relevante contexto regional y mundial.

Estados Unidos intenta con cierto frenesí cambiar el cuadro de correlaciones de fuerzas en nuestra región, ante la pérdida creciente de poder, y de legitimidad política y ética en el mundo, y especialmente ante las potencias emergentes: China; Rusia; India; y bloques de países que impulsan el multilateralismo. Las naciones integrantes del histórico “patio trasero” del imperio norteamericano avanzaron en las décadas recientes hacia sistemas de integración (CELAC; ALBA; UNASUR), y de espacios de autonomía, que debilitaron objetivamente la fuerza hegemónica norteamericana en el plano estratégico.

Esta tensión se ha agudizado y es lo que explica finalmente la injerencia; las guerras de intervención y los apoyos criminales a genocidios como el que se comete con el Pueblo Palestino; el Pueblo Sirio; antes Libia; en fin, casi no hay zona del mundo afectada directamente por esta política. Y es lo que explica la intervención norteamericana en Brasil; en Centro América y Caribe; el Cono Sur. De lo cual Venezuela es una pieza clave del mapa que busca recomponer Estados Unidos.

Negar esta realidad es parte del intento norteamericano, y sus aliados en nuestra región, de legitimar una acción intervencionista y apropiarse de la seudo bandera de la “libertad”.

En nuestra región, esto es más patético, porque ha sido el propio Estados Unidos el que en décadas pasadas avaló e impulsó golpes de estado y dictaduras que arrasaron con nuestro Pueblos, sus limitadas soberanías y sus economías que, aunque periféricas y dependientes, buscaron una nueva arquitectura.

Esta elección, y todos los procesos electorales ocurridos en Venezuela desde que fuera electo Hugo Chávez, han estado marcados por la intención norteamericana de revertir su posición en esa nación. Por eso, es que ni la oposición venezolana, ni Washington, han reconocido todo el proceso político democrático y las elecciones que han ocurrido allí.

2) El cuadro interno.-

Estados unidos, con todo descaro, avaló el golpe de estado violento en contra de Chávez. Algunos gobiernos subordinados a la potencia imperial, en nuestra región, también avalaron el golpe de fuerza. Incluso desde países que en décadas pasadas sufrieron dramáticamente las consecuencias de golpes que provocaron extrema miseria y crímenes de lesa humanidad. Sin embargo, producto de una correlación auténticamente democrática, ese golpe pro norteamericano fue rechazado por la mayoría de los países de América.

La llamada oposición venezolana, que en ese tiempo había tomado la determinación unilateral y antidemocrática de no participar en procesos electorales, impulsó el golpe y se volcó a que este se impusiera a como fuera lugar, incluso con baños de sangre. Siguió con disciplina la misma política norteamericana.

Posteriormente, esa oposición tomó la determinación unilateral de participar en las elecciones. Sin embargo, y este es un punto muy relevante, nunca lo hicieron por convicción democrática, sino como instrumento para derribar el estado constitucional que ya había surgido desde el proceso democrático encabezado por Hugo Chávez.

Pero, participaron.

La política norteamericana, ahora, ha tomado nuevos ribetes.

Entonces en la urgencia, la premura, la lógica militarista, el régimen de Trump opta de nuevo por presionar por la vía del desconocimiento, para abrir paso a un nuevo intento de desestabilización desde dentro y desde afuera. Y lo han seguido gobiernos de trece países que, muy peligrosamente, se subordinan a Trump y le tratan de servir como instrumento de legitimación.

Y parte de la oposición venezolana, “interna”, una vez más se subordina a los designios del jefe de estado norteamericano.

En su fallido intento por desestabilizar el estado constitucional desde adentro, entonces han vuelto a la auto marginación parcial, puesto que un sector de esa oposición sí participa en las elecciones.

De por medio, un proceso electoral que tiene todos los estándares de los sistemas y modelos que garantizan la participación; la relación un ciudadano-un voto; la representatividad. A diferencia del propio Estados Unidos, en donde Trump fue electo con un millón de votos menos que Clinton, y en donde menos del 40% del universo electoral ejerce su derecho a votar, y existen colegios electorales que en definitiva imponen una mediación respecto de cómo se expresa el voto ciudadano en la representación nacional.

Desconocer las elecciones en Venezuela, es simplemente seguir la política de Trump, que tiene insospechadas consecuencias para Venezuela, y para toda nuestra región.