Ex ministra Claudia Pascual sostuvo que está “cuestionado uno de los elementos más tradicionales de nuestra sociedad”.

Hugo Guzmán. Periodista. Para la que fuera ministra de la Mujer y la Equidad de Género (MinMujeryEG) en el Gobierno de Michelle Bachelet, las movilizaciones y protestas por acoso sexual y discriminación contra las mujeres que se potenciaron en estas semanas, obedece a que “hay una crisis de la cultura machista” en el país. Además, Claudia Pascual Grau sostuvo que “está siendo cuestionado uno de los elementos más tradicionales de nuestra sociedad y de sociedades mundiales, y tiene que ver con el machismo y el patriarcado”.

Frente a esta coyuntura sensible, la ex ministra no deja pasar por alto que le llama la atención que una iniciativa legislativa respecto al tema de violencia contra la mujer, “descansa” en el Parlamento y no ve que el Gobierno o el MinMujeryEG la promuevan en estos días.

En entrevista con ElSiglo.cl, Claudia Pascual señaló que “me llama profundamente la atención que habiendo un proyecto de ley que dejamos con suma urgencia, del Gobierno de Michelle Bachelet, tramitándose en el Parlamento, que garantiza la vida libre de violencia a las mujeres, esté detenido en el Congreso, en esta coyuntura de movilizaciones contra la violencia hacia las mujeres”.

Explicó que “ahí hay modificaciones a la ley de violencia intrafamiliar, introduce el tema de la violencia en el pololeo, lo de violencia económica al interior de la familia, aumenta las penalidades en los casos delitos, promueve la prevención de la violencia a través de definiciones de violencia física, psicológica, sexual, simbólica, económica, institucional, acoso sexual callejero, difusión de imágenes íntimas sin consentimiento, todo en el espacio público y no sólo en el ámbito familiar”. Enfatizó que ese proyecto “ahí está, esperando, detenido, no pasa nada. Llama la atención que habiendo un instrumento hoy en el Parlamento, no esté siendo ocupado, ni se levante y promueva con fuerza, sobre todo ante la demanda que se está observando”.

Las “tomas feministas” en las universidades, extendidas denuncias de acoso sexual en muchos ámbitos, marchas de las mujeres, polémicas por abuso y violencia contra la mujer… ¿Reventó el tema de la discriminación y la agresión contra las mujeres?

Hace tiempo que se planteó el tema de la discriminación contra las mujeres, y que se expresa, entre otras cosas, en la falta de equidad e igualdad, en que no haya derecho a trabajo e igual salario que los hombres, en la no incorporación a espacios de toma de decisión, en negar espacios de participación en ámbitos como la política y en distintas formas de violencia contra la mujer. Esa es la demanda sobre las condiciones en las cuales nos desarrollamos las mujeres. Junto a eso, hoy se instala y se suma con más fuerza el tema  de las condiciones de relaciones entre hombres y mujeres, que tienen que ver con el mundo de la cultura que prevalece en nuestra sociedad, de las relaciones sociales y culturales entre mujeres y hombres. Eso hoy es altamente cuestionado. Lo que se está planteando en todas estas movilizaciones, tomas y protestas -que me parecen correctas- es que hay una situación que no podemos seguir tolerando.

¿Hay una crisis cultural en las relaciones dentro de la sociedad chilena?

Hay una crisis de la cultura machista y patriarcal que, efectivamente, nos convoca a mujeres y hombres. Está siendo cuestionado uno de los elementos más tradicionales de nuestra sociedad y de sociedades mundiales, y tiene que ver con el machismo y el patriarcado. Eso convoca a las mujeres a decir que no queremos más abuso y discriminación, pero también están  proponiendo soluciones, y a los hombres a tener un cambio de actitud en términos de las relaciones cotidianas. No solo se está demandando el reconocimiento de que la violencia contra las mujeres sea un delito, no solo que haya una institucionalidad, protocolos y normativas para poder inhibir y sancionar acciones claramente en el marco de delito, sino también cuestiones en la cotidianidad entre pares, no solo cuando hay relación de jerarquía, relación de poder. Queremos un nuevo trato en las instituciones y entre pares.

¿No es entonces solo un tema institucional, de normas, sino un tema sociedad?

Estamos ante un tema de sociedad, indudablemente. Esto afecta a todas y a todos. Estoy convencida que esta situación nos convoca tanto a hombres y a mujeres a la transformación cultural y material por la no discriminación, por la no subordinación, y por terminar con la violencia contra las mujeres. Eso también implica cuestionar los modelos de sociedad.

Está el derecho de la mujer al trabajo, la participación, a la salud, a decidir sobre ella misma. ¿Por qué toma fuerza específicamente esto del acoso sexual, del abuso sexual?

Yo creo que porque durante mucho tiempo nuestra cultura permitió y toleró, de forma generalizada,  prácticas y relaciones netamente sexistas y cosificadoras de las mujeres. Así, a las mujeres se nos “enseñó” a cuidarnos a nosotras mismas pero también permitir, naturalizar y omitir algunas cosas, sin embargo, a los hombres no se les enseña a no acosar, a no violentar a las mujeres. Entonces, esto de que había cosas que eran normales, y que hasta el día de hoy había mujeres y hombres  que decían o dicen que un piropo no hace daño…

La hija de Sebastián Piñera, Magdalena, posteó “a mí que me piropeen”…

Sí, claro, eso es no entender lo que está pasando y en respuesta recibió varias burlas…Pero lo que hablo tiene que ver con el acoso sexual callejero, de esa niña o esa adolescente que va a comprar a la esquina y que es perseguida por uno o dos hombres; por esa joven o mujer que va en la calle y un hombre se acerca y le dice algo sexista al oído; por el que va en el Metro o la micro y le agarra el poto a una mujer; por otro que el piropo lo entiende como exaltarle a una mujer sexuadamente de su cuerpo tanto en el contexto de trabajo o en el contexto educacional, por nombrar algunos ejemplos; y aquello de que “usted no hable mijita, porque calladita se ve más bonita”. Eso tiene que ver con que a las mujeres nos enseñaron “no andes con faldas tan cortas”, “no andes sola por la calle”, “no te quedes hasta tan tarde”, “no te pongas eso”, “no te maquilles tanto”, y  así cuidarnos de prácticas de acoso. Lo que hoy se dice es por qué nos tenemos que cuidar nosotras, por qué no nos enseñamos, hombres y mujeres, a niños y niñas desde chicos, a relacionarnos de una manera distinta. Porque así como no queremos acoso para las mujeres,  yo tampoco lo quiero sexual para los hombres.

La actual ministra de la Mujer y la Equidad de Género, Isabel Plá, definió, ante las tomas, las protestas y denuncias, que “Chile está atravesando un momento histórico” respecto a las luchas de las mujeres.

Espero que sea realmente un convencimiento de fondo. Chile no solo hoy, sino que hace varios años, está atravesando una demanda de una transformación cultural y de una transformación de las condiciones de vida de las mujeres desde planos como que queremos igual salario a igual trabajo, salas cunas para hombres y mujeres, mayor representación de las mujeres en los espacios de toma de decisiones, mayor derecho de las mujeres para decidir sobre nuestras vidas y nuestros cuerpos. Eso no es de hoy día, eso viene hace rato. Bueno, ojalá que eso la ministra se lo crea. Porque cuando una plantea esas cosas y al mismo tiempo tiene otros correlatos desde su Gobierno y desde ella misma en el pasado, donde no les parecen mal los piropos, donde considera que no es bueno pelear por todos los derechos de las mujeres sino solo por algunos, no siendo partidaria de la interrupción voluntaria del embarazo en tres causales, bueno, una tiene que ver qué pasará realmente. Si hay avances, bienvenidos, y ojalá el Gobierno y sus autoridades lo vea como un tema más de fondo y más amplio.

¿Con un Gobierno de derecha, se puede prever una batalla más difícil por los derechos de las mujeres?

Debemos estar muy alertas que efectivamente bajo este Gobierno las batallas por los derechos de las mujeres no se banalicen. Si no que realmente puedan desplegarse en toda su profundidad y su integralidad. Cuando apelamos a terminar con una cultura machista o promover una educación no sexista, tenemos que preguntarnos cosas como qué pasa con los colegios segregados en educación pública, hasta cuándo los vamos a tener. Por qué no puede haber clases de educación sexual en todos los colegios, cómo se promueve educación para que mujeres y hombres tomen o puedan tomar decisiones respecto a su sexualidad y condiciones de vida. Hay temas como las condiciones en que salen las mujeres a buscar su autonomía económica, si tiene acceso al trabajo y si el salario es igual al que reciben los hombres, si las mujeres tienen acceso a espacios de toma de decisiones. En eso tenemos que reconocer que la situación de las mujeres no es la de hace cien años, cincuenta años, o siquiera diez años atrás. Hemos avanzando y me siento orgullosa de lo que pudimos hacer en el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género que, por cierto, se creó en nuestro Gobierno con la Presidenta Bachelet. Avanzamos muchísimo en términos de las demandas de las mujeres, del nuevo trato entre hombres y mujeres en lo cotidiano, lo institucional y lo cultural, y también en cambios en las relaciones materiales. Hay que decir que cuando se avanza en los derechos de las mujeres, se abren horizontes sobre los cuales seguir batallando, por eso no es contradictorio decir avanzamos pero aún queda mucho por hacer para lograr el fin a toda violencia y toda forma de discriminación hacia la mujer. Hay que ver cómo se enfrentará eso en este Gobierno.

El escritor Mario Vargas Llosa cuestionó el “feminismo intolerante”. Se usa el término de “feminazis”. Se critican movilizaciones de mujeres donde no se permite que participen hombres.

No comparto esos calificativos. Yo creo que el camino hoy, independiente de la posición que pueda tener una persona respecto a los distintos movimientos o movilizaciones, no puede ser denostar una demanda tan legítima como lo es un llamado a un nuevo trato, terminar con todas las formas de discriminación a la mujer, generar las mejores condiciones de igualdad y equidad para el desarrollo pleno de las mujeres en términos económicos, políticos, sociales y culturales. No se debiera denostar todo aquello. Ahora, yo pudiera decir -es lo que yo pienso al menos- que mujeres y hombres nos comprometamos en esta lucha. Así como queremos combatir la violencia contra mujeres, también queremos un cambio cultural y material en las relaciones con los hombres, porque si no, seguiremos batallando eternamente solo nosotras, y considero que los cambios en esta materia se aceleran cuando se involucran también los hombres.

De repente surge la crítica o el comentario de que esas batallas, esos movimientos, son despolitizados, que no apuntan a cuestiones estructurales de la sociedad, a cuestiones de fondo en las condiciones.

Bueno, frente a tu pregunta, intento responderla, pero no pretendo hacer historia o dar cuenta de la totalidad del fenómeno, del proceso. Pero puedo decir que debates en pos de la lucha de las mujeres, por cambiar situaciones de opresión, de subordinación, de discriminación, de condiciones objetivas y materiales, también identitarias y culturales, están en la tradición marxista desde el Manifiesto Comunista, pasando por Lenin cuando definió la situación de las mujeres a principios del Siglo XX como de esclavitud doméstica, pasando por las reivindicaciones de una Alexandra Kollontai, Clara Setkins, por la liberación de las mujeres, por Luis Emilio Recabarren, Teresa Flores y Belén de Sárraga, promoviendo no solo una conciencia de clase sino una conciencia de género en las salitreras en nuestro país. Entonces, creo que hay distintas expresiones a lo largo de la historia donde se han dado luchas de las mujeres y que tienen un carácter político, de fondo, estructural, de sociedad, de condiciones materiales. Ha habido partidos políticos y colectividades sociales, sindicales y por supuesto de mujeres y feministas que no sólo han reivindicado estas luchas sino que han mostrado que terminar con la opresión de las mujeres pasa por temas estructurales tanto en el plano material como en el plano de las ideas y la cultura.