El gobierno, en medio de la feroz arremetida desestabilizadora, ha sido capaz de convocar a elecciones en donde todos los sectores están compitiendo.

Eduardo Contreras

Abogado

Estamos a pocos días de que tenga lugar un hecho muy importante en el continente latinoamericano: elecciones presidenciales abiertas en Venezuela. Un proceso electoral democrático, amplio, con voto voluntario, con varios candidatos, incluidos los de la oposición derechista y, además, con el sistema técnico electoral más avanzado y democrático del mundo, según palabras de gobernantes estadounidenses y de figuras destacadas de la política en España.

Y todo ocurre en un país hermano del continente al que sin embargo se le acusa de “dictadura”. Es cosa de locos. Más bien  es cosa de personajes serviles al gobierno de los EEUU de Norteamérica. En primer lugar, por supuesto, de Luis Almagro, camaleónico secretario de aquel engendro llamado OEA, y luego una larga fila de enemigos de la Venezuela de hoy que son conocidos servidores de Washington, entre ellos muchos chilenos que alguna vez se consideraron progresistas, o de izquierda, o hasta  “revolucionarios”.

Es decir, que algunos detractores son fascistas de toda la vida y otros son renegados que le hacen el juego a la ultraderecha.

¿Se imagina alguien en su sano juicio, por ejemplo, que durante la dictadura de Pinochet se hubiera podido convocar a elecciones presidenciales abiertas, transparentes, con candidatos de la Izquierda, con la presencia de observadores internacionales y con un sistema electoral serio y responsable?

Una dictadura es, precisamente, un régimen político en que no hay elecciones, no se aceptan, hay un dictador, como su nombre lo indica. Bien lo sabemos los chilenos.

Lo saben también aquellos sectores que negociaron con el dictador esta transición que, salvo pequeños cambios, hasta hoy no se ha cumplido.

Quien tenga el más elemental sentido ético e intelectual, lo que debe sentir y expresar es  profundo respeto e interés por los próximos comicios en Venezuela, cuyo gobierno soporta la misma ofensiva que sufrió  el gobierno del Presidente Allende.

En ambos casos se ha tratado de gobiernos populares que soportan una programada campaña ofensiva dirigida por los aparatos del gobierno estadounidense con la colaboración  de sectores políticos y de gobiernos reaccionarios del continente con el claro propósito de derribar ese gobierno para instalar un régimen incondicional a los EEUU al cual ha de entregarle el petróleo y cuanta riqueza natural tenga el país.

Pero el gobierno de Venezuela, en medio de la feroz arremetida desestabilizadora, ha sido capaz de convocar a elecciones en donde además todos los sectores están compitiendo.

El diario La Tercera en Chile -uno de los que junto a El Mercurio apoyaron el golpe en Chile y defendieron la dictadura-, acaba de publicar una entrevista al ex presidente Ricardo Lagos Escobar en que se habla de la situación venezolana y las elecciones de este mes.

“Eso es una farsa -dice el ex mandatario- pretender un proceso electoral en donde la inmensa mayoría de los líderes no puede participar, en donde han inventado que si los partidos políticos no hacen tal o cual cosa no valen, es una farsa”.

Consultado sobre si el voto electrónico en Venezuela facilita el fraude, responde que sí. Aunque añade: “Es decir, depende de cómo sea el voto electrónico”.(¿?)

Quien fuera mi profesor de Economía Política en la Universidad y que más tarde llegaría a ser Presidente de la nación, se alinea con la grotesca campaña estadounidense.

Con una agravante: recordemos que el año 2002, siendo Lagos Presidente y la inefable doña Soledad Alvear su Canciller, el gobierno chileno apoyó el golpe de Estado del empresario Pedro Carmona en contra del gobierno legítimo del presidente Hugo Chávez. La intentona antidemocrática sólo duró pocas horas. Pero durante esas horas, para vergüenza de nuestro país, Ricardo Lagos y Soledad Alvear estuvieron de parte de los sediciosos.

¿Y se atreve ahora a calificar de  “una farsa” a las elecciones de estos días? ¿Y se atreve a hablar de dictadura luego de haber apoyado un golpe contra un gobierno legítimo?

Lástima grande estas volteretas de algunos político.

Debo recordar que siendo yo estudiante de Derecho en la Universidad de Chile a comienzos de los 60 del pasado siglo, la mayoría de mi generación sintió respeto por Ricardo Lagos, especialmente tras la publicación de su libro “La Concentración del Poder Económico”.

Un texto en que Lagos, entonces profesor ayudante del economista Alberto Baltra en nuestra Escuela de Derecho, explicaba fundadamente los pilares del modelo vigente y la necesidad de su cambio.

Hay allí citas de autores y personalidades que hoy suenan sorprendentes dado el brusco cambio experimentado por su autor desde su regreso al país desde su exilio en Norteamérica.

Tal vez piense hoy que su pensamiento progresista, partidario de los cambios, no fuera más que un desliz propio de lo que hoy llama despectivamente  “utopías de los años 60 y 70 ”.

El pueblo venezolano está  próximo a demostrar a todos que las utopías de cambio social, de mejor vida para el pueblo, del fin de toda forma de explotación, no fueron sólo “de los años 60 y 70”. Lo son de siempre. Y lo son también para nosotros los chilenos por más que le pese a los conservadores y a los que traicionaron al pueblo al negarse a sí mismos.